La naturaleza ha girado hondamente en la literatura oriental, especialmente en la japonesa. Consecuencia de ello, se gestó un tipo de poesía sugerente y seductoramente natural: el haiku. Este tipo de poema te concede un acercamiento a la contemplación, a convivir con ese presente efímero y a obtener un estado de paz que consuela el alma. El haiku, el arte de la brevedad, permite que el lector se inmiscuya fuertemente con lo profundo del universo de la naturaleza y con  los disímiles objetos naturales que habitan ahí. 

Compuesto de solo tres versos y sugeridos sin rima, el haiku posibilita enormemente a la mirada más allá de las cosas, a la observación escrupulosa y al disfrute de ellas. El baño de las flores por medio de la lluvia, los pájaros sacudiéndose, los escarabajos laborando son momentos en el que el haiku  expone y rinde culto a la contemplación, a una mirada centrada y  relacionada a la acción de cada objeto. Uno de sus célebres poetas, Matsuo Basho, escribió sus vivencias en el largo recorrido que se impuso para la práctica contemplativa. Revelación de ello es su libro Sendas de Oku, donde se examina en cada poema cada parte de su vida en la contemplación de la naturaleza.

Por otro lado, este te permite convivir con el presente. Es el momento preciso del universo de los objetos en la naturaleza que se presentan fugazmente. Un sapo nadando en el río no se observa todo el tiempo. Lo mismo ocurre con las nubes que no están siempre. Cada objeto natural tiene su lugar en el tiempo y espacio, mas el haiku con su estilo breve posee la capacidad de que aquel momento tome pieza en unos de sus versos. Y podamos leerlo sin dificultades y como si estuvieras en aquel momento.

Finalmente, el haiku te permite obtener un estado de paz. El zen, un fenómeno de estado de equilibrio budista, está presente en esta. Es la experiencia adquirida del mundo que nos rodea y que entra en paz con nosotros mismos y el momento dado. La sencillez y la naturalidad del poema surgen para la meditación de la vida natural. Además, la existencia de las cosas naturales y su relación con la paz consiguen que el lector se sumerja en el poema y entre en ese estado de equilibrio.

En suma, el lector se adentra enteramente en el haiku por su vivencia con la naturaleza: la contemplación, los momentos dados y la paz interior que se obtiene. Este debe permitirse disfrutar de ello, de sencillamente vivir en el lugar y el presente con tranquilidad.