“La niña es así”, le dijo mi madre a una compañera de su promoción,“le gusta el dibujo, la escritura, las películas, la música y los cambios. Nunca puede estar quieta esta muchacha”. Le acababa de contar a mi madre que me ofrecieron un puesto de trabajo como productora de vídeos para una constructora que busca marketear su marca en un prematuro canal de YouTube.

Siempre he estado dispuesta a recibir los cambios que me lleven a otras zonas de confort por más que el miedo me susurre en el oído que no puedo con ese desafío. Las amigas de mi madre casi nunca están contentas de los grandes y alterados brincos que le doy a mi vida. Ha de ser porque ellas creen que del arte no se vive.

Ya saben lo que se dice. Eso de que los escritores y artistas solo viven de sueños y que solo deben seguirlo con singular abandono porque su porvenir no es seguro y la vida es muy corta. Y sí, la vida es corta. Pero nadie debe decidir qué hacer con tu vida. El mejor momento para forjar un futuro prometedor a tu sueño es trabajando desde ahorita. No importa de qué carajos quieras ser creador, lo que importa es el tiempo. No ayer, ese ya se fue. No mañana, sino hoy. ¡Ahora! Pero, espera… Actúa y, aunque me duela mencionar esta palabra, asegúrate.

Existe una forma astuta para aprender a hacer que tu sueño vaya cogiendo forma. ¿Quieres ser pintor? ¡Cool! ¿O, quieres ser cantante? ¡Dame esos cinco! Pero, ¿sabes? Rifatela poquito a poquito. No corras.

Gracias a un docente de la universidad que me dictó un curso de investigación, Luciano Javier Quispe Robles, me di cuenta de que en un futuro cercano quiero dedicar mi vida entera a ser escritora. Además de hacer dibujitos para adornar mi vida, lo que realmente me termina gustando y sanando es la escritura.

Como algunos deben saber, no estudio nada acorde que vaya con esta profesión porque sí, como dicen, se apuesta mucho y no siempre sales con los resultados soñados. Sin embargo, durante mi descubrimiento como escritora frustrada, he apostado por agarrar chambitas comunes y participar en algunos voluntariados solo con el fin de poder aprender de todo un poco. Tal vez, mañana, de loca, decida apostar por convertirme en una escritora, pero de qué me sirve apostar si es que no tengo ni un menudo sol en el bolsillo.

En algún momento de mi vida, se me ofreció la opción de escribir en esta revista portal. Santiago, el coordinador general de LAM, me dio la oportunidad de contar con un pequeño segmento que a mí, en realidad, me mola demasiado. Y aunque varios de mis compañeros me incentivan a que deje esta comunidad para apostar por un blog personal, no me atrevo. Uno, por el feeling. Dos, porque no solo se vive de apoyo emocional sino también del sector financiero.

Algunos jóvenes universitarios sirven café para acabar sus carreras. Los actores frustrados aceptan ser dobles o extras. Y nosotros, los escritores, nos escondemos en nuestra oscuridad para darle de comer a los hambrientos lectores. Así funciona. Y la neta no me da vergüenza seguir aceptando otras oportunidades que no estén ligados a la escritura porque sé que en algún momento de mi vida, cuando logre un equilibrio económico respetable, podré hacer realidad mi vida bohemia soñada.

IDEAS CREATIVAS DE NEGOCIO

Lo cierto es que el mundo no necesita tener más adolescentes que abandonen sus sueños solo porque les han metido toda esa mierda en la cabeza de que escribir y pintar están totalmente atados a la fragilidad humana. ¡Háblenles de Van Gogh! ¡Picasso! ¡Poe! Si bien no hay manera de esconder la verdad de que estos señores eran unos maniáticos depresivos, digamos también que estos viejos artistas tuvieron una vida larga llena de éxitos constantes.

Cuéntenle al mundo que esa imagen del artista que sacrifica todo por su arte, no solo cobra el fruto del éxito después de que sobrevive a infinitas penalidades o, en el peor de los casos, después de su muerte. Esto es solo el mito del artista muerto de hambre. Una vil mentira y un daño terrible.

En primer lugar, la gran parte de artistas que ya no se encuentran en vida ya están en el olvido. Segundo, te aseguro que este mito solo sirve para la gente que quiere aprovecharse de tu creatividad y arte. Señores, con la panza vacía nadie trabaja ni piensa bien. Al encontrarte en paupérrimas condiciones, no tardarán en llegar los buitres a explotarte y tomar un pedazo tuyo.

Aprendamos a quitarnos de la cabeza que el sufrimiento eleva al artista. Este no es un ingrediente imprescindible para poder hacer arte. No necesitas sentirte incómodo para ser artista. Es muy probable que uno haga arte muy bueno si se encuentra bien. Es que todos somos muy productivos con dinero en los bolsillos y con el estómago lleno; sanos, tanto mental y físicamente; acompañados de gente que nos quiere y apoya; con un techo donde cobijarnos y con una conexión de Internet rápida.

No voy a engañarte. A veces, tengo días deprimentes. Me levanto en las madrugadas. Doy vueltas y me arrastró en mi cama mientras jalo a duras penas la portátil hasta mis piernas. Y ahí me ven. Intentando escribir oraciones que tengan sentido mientras mi mundo está saltando de arriba a abajo como una perra que lo único que quiere es jugar conmigo. A pesar de eso, sigo haciendo mis deberes, así llueva, truene o esté soleado. Es cuestión de pura ética laboral. No solo ello, sino también de entender que hay días buenos y malos. Muy malos. Y un profesional debe trabajar aunque no siempre tenga el apetito de hacerlo.

Así como yo, afuera aún hay gente que a pesar de cómo se siente ahora (cansados, atrapados o frustrados), siguen esculpiendo talentos genuinos con la esperanza de que en el futuro logren regalarle a la nueva generación tantas maravillas no vistas.

Hacer arte chido ya es de por sí riesgoso. No es necesario que le añadas un riesgo más. En algún momento, todos vamos a morir, pero mientras respiremos, tendremos que tomar riesgos. Y sí, si quieres escribir, escribe. Si quieres pintar, pinta. Si quieres ser músico, sé músico. ¡Pero hazlo! Cómo lo haces, de qué forma y en qué tiempo, ya es cosa tuya. Tu decides qué hacer, al fin y al cabo tu vida no es la mía y quién soy yo para decirte qué hacer o no.

Mi deseo más grande ahora es que todos mis artistas favoritos cuenten con una vida plena. Que cuando se encuentren haciendo arte no piensen en cómo van a pagar la luz, el agua, el hospedaje. Quiero que mi artista sea feliz por haberme regalado felicidad y arte.