Editado por Massiel Román

Cada vez que (me) he hecho daño, que me he sido infiel o no he cumplido mis propias promesas, mi cabello siempre ha sufrido las consecuencias.

Cada vez que he vivido demasiado de prisa, que he convertido en polvo mis ilusiones, mi cabello solo ha ido perdiendo poco a poco su tamaño y volumen de acuerdo a las locas ideas que atravesaban por mi mente.

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Es que antes era ese tipo de mujeres que creía que el cambio, el transporte de fuerzas y cierre de etapas se daba cada vez que una tijera apretaba con fuerza sobre mi cabello negro tan descuidado.

Si ustedes son de aquellos(as) sabrán que es una forma de curar alguna herida, algún golpe de vida. Para mí, en particular, cada corte autoinfligido era una forma de negarme a cortar las venas u otra parte de mi piel.

Hoy, después de mucho tiempo, me volví a cortar el cabello.

He vuelto al fleco. Ese mismo que escondía por largas temporadas con miedo a que se burlen del mal corte o de la mala proporción o decoración que le da a mi rostro. 

Recuerdo que hace un par de meses lo había intentado y, al parecer, fue muy bien recibido por mis compañeros de clase. Pero yo siempre he sido tan desconfiada e insegura de mí que hacía caso omiso a los comentarios de la gente que me rodeaba y rogaba que mi cerquillo creciera cada vez con más rapidez.

Fue fácil el cambio. Coger la tijera y apretar. Mirar el espejo y emparejar. Mientras hacía este proceso automático, pasó por mi cabeza algo curioso. Estoy en la deriva frente al decidir si escribirte o no, si dejarme de tonterías, y no tratar de echarte mi pasado a la espalda –que es lo que mejor se me da. Que sí, mi soledad y yo no nos llevábamos muy bien hace un par de meses cuando decidiste huir, pero ahora todo ha cambiado.

Illustrations - Aveline Stokart

Te extraño, sí, pero desde que te has ido me va de la putamadre. No te confundas. No menosprecio lo nuestro. Pero creo que estamos bien así: tú por tu lado y yo por el mío. 

Puede que tal vez yerre porque no sé cómo me habría ido teniéndote cerca a mí, pero eso ahora ya no importa. Nosotros ya no hablamos. 

La única verdad que puedo decir ahora es que, por primera vez en mi vida, me he cortado el cabello no para cerrar etapas, sino para probar nuevos cambios físicos.

Hoy más que nunca siento que el fleco me mola. No sé por cuánto tiempo me dure. Sin embargo, por el momento que decida tenerlo y por cada pregunta de “¿estás cerrando etapas?” , yo sonreiré y les diré: “No. Yo sigo con la misma fuerza de hace unos meses”.