“Uno puede entrar a Internet, uno puede saber el diagnóstico sobre un tema muy general…Hoy día el médico ya no es el alquimista que guarda el misterio de todos los conocimientos, o que sólo él sabe cómo se cura una cosa. Las madres también son las doctoras de cabecera, por ejemplo Nadine”. Estas declaraciones que pudieron salir de la boca de cualquier peruano de la calle, tal vez nunca hubieran generado polémica si es que el autor no hubiera sido nada menos que el presidente de la nación. En tal sentido, lo afirmado por Ollanta Humala resulta representativo en relación a un problema que se torna cada vez más generalizado en la población, es decir, la automedicación, que en simples palabras vendría a ser el consumo de fármacos sin prescripción médica previa.

Asimismo, sabemos que a lo largo de su trayectoria política, el presidente Humala ha optado por emplear un estilo de comunicación caracterizado por ser coloquial. Desde atribuirle el adjetivo de “cabrón” a Alan García en un mitin o increparle a un grupo obreros por el hecho de ostentar cabelleras largas, lo cual, bajo su lógica de macho alfa militarizado, les hacía “parecer mujeres”; queda claro que Humala pretende compensar su falta de carisma y de capacidades orales a partir del uso de frases o palabras que pueden ser pronunciadas en cualquier esquina de barrio. “Eso genera que la población se autoidentifique”, dirán algunos con el afán de justificar su peculiar verborrea en el ámbito político. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia es admisible que alguien que ocupe tal magistratura promueva ese tipo de prácticas dañinas para la salud de la población, so pretexto de que “todos lo hacen”. Por ello, Humala no debería interpretar de modo literal el rasgo que le otorga la Constitución que tanto desdeña, o sea, el hecho de que el presidente “personifica a la nación”, con jerga y malos hábitos incluidos.

En efecto, su cargo lo impele a cumplir un rol de docente en diversos aspectos. El presidente Humala tiene la obligación de ser el principal promotor de una campaña que pretenda revertir esta situación, ya que la automedicación es nociva en la mayoría de casos. No solo genera intoxicaciones y mayor resistencia a entidades ajenas a nuestro organismo con el paso del tiempo. Incluso cuando pensamos que una simple influenza puede ser curada por antibióticos recomendados por ciertos trabajadores inescrupulosos de las farmacias, estamos omitiendo que la mayoría de estos males tiene origen viral, por lo cual, nuestro accionar de médicos frustrados no tendría efecto positivo alguno. No en vano la carrera de medicina humana dura más de siete años.

Finalmente, es anecdótico, por decirlo de algún modo, que Nadine Heredia no solo ostente el cargo de Primera Dama y Dadora de Luz Verde de la Nación, sino también resulta que es Primera Enfermera. A estas alturas, no estaría de más que “sede” esas ganas de figurar en cada evento, por el bien de su marido y del país. De hecho, según una encuesta publicada el día domingo, la popularidad de ambos personajes se habría reducido considerablemente. De ser la figura más carismática del oficialismo al principio de la gestión, ha ido ganando, merecidamente, la antipatía de cierto sector que considera que su desmedido protagonismo es nocivo para la institucionalidad. A la Primera Dama no le haría mal una “cura de silencio” de varias semanas de duración.