Todo pareció indicar que, para los peruanos, Nadine Heredia se había convertido en una suerte de imagen representativa en el Día Internacional de la Mujer. Portadas que difundían las frases que dejó una entrevista realizada por la periodista Claudia Palacios transmitida por CNN nos pone de manifiesto todo lo que debió pasar para conseguir un puesto importante en este país. Las declaraciones de la Primera Dama y presidenta del partido nacionalista, el pasado 8 de marzo, tenían como objetivo ensalzar el poder de las mujeres; así lo demuestran las frases divulgadas por los medios: “El poder de las mujeres en el Perú es el poder que hace la diferencia”.

Además recordó cómo su entorno familiar nunca le puso límites a pesar de ser la única mujer entre tres hermanos. Era evidente que, para Heredia, era una fecha estratégica para ratificar y sacar provecho en pro de sus aspiraciones políticas. Aspiraciones políticas innegables, aunque en las preguntas sobre una posible candidatura presidencial contestara de esta manera: “No sueño con ser presidenta”.

Más aun cuando todavía se encuentra el ambiente cargado luego de la abrupta salida de Villanueva de la Presidencia del Consejo de Ministros, por referirse a la inclusión del aumento de la remuneración mínima vital o “sueldo mínimo” en la agenda del gobierno, y que todos responsabilicen a la Primera Dama por el hecho.

Tal vez no sea lo único que se le critique a Heredia por estos días, luego de verla como ejemplo de una mujer que se ha resistido a la sociedad machista. Sino, el cuestionamiento mayor, es a ese poder que ha adquirido dentro del gobierno y sus relaciones con la Confiep, que le ha permitido intervenir en la recomposición del Consejo de Ministros.

Los críticos de la Primera Dama la ven como una amenaza, no por el temor a que se cambie el modelo económico, sino por el carácter de lidereza que va reafirmando con el paso de este gobierno. Eso es lo que teme la derecha (García, Castañeda, Fujimori, Toledo, el PPC y PPK) cuando trata de, por todos los medios, evitar y hacer hincapié en la posible candidatura de la señora de Humala. Ni siquiera el padre del presidente, Don Isaac Humala, ha dudado en criticar la intromisión de la primera dama en  las labores del Estado.

Pero Nadine no se guarda nada. Ni las expresiones claras de satisfacción al presentar al nuevo gabinete de ministros con una línea muy parecida a la de su ministro “estrella”, Luis Castilla, y, por cierto, es presidido por un ex adjunto de PPK, el nuevo premier René Cornejo.

Sin duda, habría una especie de idolatría dentro del partido nacionalista hacia su presidenta; con gigantografía incluida en la oficina del congresista Josué Gutiérrez, y una sensación que deja entrever la imagen intocable de Nadine Heredia para cualquiera.

Claro está que la movida de sus opositores le ha costado la caída al 24% de aprobación al gobierno; sin embargo, Heredia, como lidereza, sigue desarrollando las bases de una futura candidatura. Algo que, como dijimos, representa una amenaza para la derecha en las elecciones del 2016. Por ello, ese empecinamiento de García en bajarla del coche lo más rápido posible y hacer público todo el poder que tiene la Primera Dama en el gobierno de la “gran transformación” de Ollanta Humala.

Ese poder que atenta a la institucionalidad del país. No porque esté en contra de que se pronuncie políticamente cuando crea que sea necesario, sino porque su cargo es inexistente legalmente y, más bien, es una copia del sistema político norteamericano, que al parecer hace posible de todo dentro del Estado. Hasta de representar el viraje de todo un gobierno.