“El corazón, si pudiese pensar, se pararía”.

Fernando Pessoa


Si hablamos de sentidos, lo último que vio José Luis, antes de terminar con la cara hecha un colgajo, fue el guantazo Everlast que iba como un tren hacia su cara. El olor más inmediato fue el del miedo y el sabor que no pudo sentir por la inconsciencia del derechazo fue, naturalmente, el de la sangre. Lo que oyó sigue siendo tema de discusión en el pequeño gimnasio de la cuadra 23 de la Av. México.

-¡Ese conchasumadre de Pepo es un pendejazo, mano! ¿Cómo le va a hacer eso al pobre Pepe Lucho? ¡Son patas encima!- habla ese moreno al que le dicen Canebo, mientras se saca las vendas de su adolorida mano.

-¿Qué tanto te alarmas, oe, nena? ¿La vez pasada no me dejaste el ojo ‘morao’? Más ‘pallá’ contigo, oe. Son cosas del oficio- soltó el chato Juancho y la poca gente que se encontraba presente se rió y le gritó bromas de todo calibre a Canebo

Canebo no se quedó atrás:

-Fuera, huevas. Tú te agachaste y ‘pum’ te cayó, pes- dijo para salvar su mentirosa inocencia.

-Ya, ya, ¿entonces qué dijo? -comentó, reilón, el flaco Párraga desde el baño de hombres.

-Ja,ja,ja. ¡Qué tanta vuelta le das, cofla! Conchatuvida le dijo, nada más- sentenció el loco Juampi.

-Conchatuvida dicen en tu barrio, oe, gilazo. Ese huevón de Pepo es de Mendocita. ¿Tú crees que va a estar diciendo por ahí, como un párroco: “conchatuvida”? Ese  no habla, pega nomás. Otra cosa le habrá dicho- responde, con atravesada molestia, Canebo, a lo que Juampi, consciente de las cosas, se queda callado y solo esboza una mueca de “no jodas, oe”.

En ese momento, están pasando un especial de Ismael Miranda, artista que les gusta a todos, pero la radio es apagada por  Fonseca, el entrenador. Acaba de fumarse su penúltimo cigarrillo y entra a los camerinos. Su rostro es la viva imagen de la preocupación.

-Le ha volado dos dientes. Ese tal Pepo no viene más a entrenar. ¡Se cagó!

Los boxeadores amateurs lo escuchan. Ya nadie está animado a decir nada.

-¡Y encima por una mujer! -prosigue con una sonrisa que nada tiene de alegre-. ¡Por una mujer!

-¿Cómo, profe?-pregunta el flaco Párraga, quien sigue en el baño acicalándose-. ¿Cómo que por una jermita?

-Yo le he escuchado clarito, crudo. “Maríaaa”, ha dicho el pendejo.

-¿María? ¿Y quién es esa? -pregunta Juampi.

-¡María es su señora! ¡La condenada le metió los cachazos a Pepo! ¡Por eso estaba loco! ¡Imbécil!-sorprendió Fonseca para luego finalizar ya con jodida melancolía: ”Ahora quién miércoles va a reemplazar a Pepe Lucho en el campeonato”…

27-06-14