A cinco meses de mi última publicación, les debo más que una explicación a todos. Quizás no me hayan extrañado (es lo más probable, aunque nunca se sabe) pero lo cierto es que me encontraba en esos periodos en los que en nuestra mente hay solo nubecitas negras y muchas letras sin significado alguno. Sumado esto a un pésimo horario y terrible elección de cursos que me valió mi primera bica en mi historial académico, y las ganas de suicidio próximo por la aparición del, a veces no tan temible, CRAest, la voluntad de escribir murió por completo. Así, en estos largos cinco meses apenas pude asomarme a mi cuenta de WordPress para comentarles alguna película que dado el tiempo sería bueno ver. Pido disculpas por ello pero creo que, a pesar de todo, este ciclo ha sido uno de los más productivos en este año y medio que llevo en la universidad. No justifico mi jalado maleado pero sí creo que me ha enseñado mucho. He aprendido un área de la que sabía muy poco y me di cuenta de que en la vida no todo sale tan bien como a veces lo esperamos, que aunque nos esforcemos solo para algo más de lo que nos hemos esforzado en toda nuestra vida, no siempre dará el resultado esperado y, a veces, cuando más grandes son nuestras expectativas es cuando más nos decepcionamos. Pero sobre todo he aprendido que las cosas no salen dos veces del mismo modo (cita a Aslan), y así me he hecho el juramento inquebrantable de no volver a armar horarios suicidas; y si rompo este juramento pues ya saben que moriré literalmente.

En mi última publicación, que data del 15 de marzo del 2015 (fecha muy significativa para mí porque es el cumpleaños de mi queridísimo Sean Biggerstaff y también de P. Pogba), dejé un tema pendiente: el rol de los medios de comunicación en la actualidad. Esa vez me centré en el dinámico mundo del periodismo, pero de los periódicos hacia adentro, cómo funciona la redacción en un diario y las ganas de reconocimiento y ascenso rápido, lo que termina por hacer que recurramos muchas veces a las mentiras y a las historias creadas.

Ahora me toca la segunda elegida en la lista: “La cortina de humo”, nombre que se usó en España, para Latinoamérica fue “Escándalo en la Casa Blanca” o “Wag the dog” que en realidad se traduce como “mover al perro, es una película de 1997, protagonizada por Dustin Hoffman y Robert De Niro. Está basada en el Caso Lewinsky y fue dirigida por Barry Levinson, famoso por “The Natural” (1984) y  su mayor éxito “Rain Man” (1988).

“Wag the dog” nos invita a entrar de manera más directa en la intervención de los medios en la política. Con la masificación de las redes de comunicación, la opinión pública ha pasado a ocupar un espacio significativo en los procesos electorales y, de forma general, en la política.  Esta película relata precisamente eso: el poder de los medios para cambiar las intenciones de voto en dos semanas y para hacer que la gente olvide un escándalo que podría haber resultado negativo para el presidente si no se hubiera creado una guerra. Y cuando menciono la palabra “crear” entendámoslo en el sentido de crear una guerra con un país muy poco conocido para el televidente promedio estadounidense: Albania; y así cambiar radicalmente la apreciación que se tenía del presidente hasta unas horas antes. Hoffman hace una genial interpretación del productor de Hollywood, que junto a su equipo de talentosos logra que esta historia se vuelva creíble y que el presidente se convierta en héroe. La sociedad norteamericana en su mayoría no cuestionaba si la información acerca de la guerra era verdadera. Aceptaban esta, los bombardeos y la intervención del presidente como algo necesario y digno de admirar, por lo que su popularidad crece y la oposición, que era la que había sacado a la luz el escándalo anterior, queda hecha trizas.

Con un guión exquisito, “Wag the dog” cuenta en una comedia sumamente entretenida la nueva política: la política del escándalo o la política mediática. Ahora ya no solo son los políticos y su entorno más cercano los que determinan las acciones a tomar, sino que hay una continua interacción con otros actores en la cual la opinión pública se torna esencial, las redes se vuelven una pieza imprescindible y los escándalos pasan a ser públicos. Esto no significa que antes de la aparición de los medios no había corrupción o actos inmorales en la política, sino que estos no se hacían conocidos para la mayoría de ciudadanos. Ahora con los periódicos, la televisión y la Internet, no pasan más de unas cuantas horas para sacar estos hechos a la luz o crear un escándalo. ¿Y qué concluimos de esto? Que los medios nos han acercado pero a la vez nos han alejado de la política.

“Wag the dog” queda completamente recomendada. Personalmente me gustó su guión (adaptación del libro “American Hero” de Larry Beinhart) y las actuaciones de nuestros dos protagonistas: el productor de Hollywood (Hoffman) y el asesor de la Casa Blanca que se la juega en todo momento (De Niro). Sin lugar a dudas una joyita en la muestra de la política mediática norteamericana.