Es raro que no haya causado revuelo en el Jr. De la Unión. A los limeños, que de sapos nadie nos gana, no les llamó mucho la atención que en el concurridísimo jirón una nave espacial se haya estacionado sin tener la molestia de avisar. ¿Qué será? ¿Cuestiones de solo ver el puntito  en la oscuridad del cielo? Quizá era porque el platillo no tenía la voluminosidad que desde las pantallas de la ciencia ficción hemos creado. El platillo tenía las dimensiones de un “ula-ula” pero sí que se parecía a los que Hollywood nos tiene acostumbrados solo que en nivel micro, micrísimo. Un hombre lo manipulaba. Esa confianza entre el ser humano y los extraterrestres era lo que probablemente hacía que la rutina no ceda. El platillo, cabe mencionarlo, no despedía luces resplandecientes, ni de él salían figuras en pos de conquistarnos. No. De él salía un sonidito finísimo al que se le debía prestarle mucha atención. Pero el comercio del lugar lo opacaba. Y también las autoridades de la zona que no dejaban que el platillo nos comunique su mensaje.

Un instrumento salido del viaje y que salió de viaje

De platillo volador solo tenía la forma. En realidad, era un instrumento hecho por manos humanas. Se llama Handpan y aunque es parte de la generación Y, y creación de unos suizos que se fueron por el mundo en busca de nuevos sonidos allá por el año 2000. El Handpan lleva la fuerza milenaria de cuatro culturas inabarcables:  Japón, África e India y Centroamérica que le dan forma y tradición. El Gong, un platillo inmenso y que viene a la mente cuando se daba inicio a las forjadoras peleas de Gokú en el Torneo del Dragón con el golpear de su núcleo, es la parte visible de este instrumento 2.0. A sus alrededores encontramos los still drums que son múltiples cavidades en donde están las notas musicales y es originario del Caribe. Uno ve la parte superior del Handpan y pareciera estar frente a un fortísimo caparazón o ante un escudo de algún espartano con esteroides de 300. En la parte inferior, se encuentra el Udú, o lo que podría serlo, pues el Udú es una olla de barro que se utiliza en el África o la India para hacer música. El Udú del Handpan es de férreo metal y transmite una melodía muy diferente a los otros componentes del metálico platillo. Por el handpan confluyen varios metales. El que aterrizó en Lima esta noche tiene entre 20 o 30 metales, aunque para un señor de unos 50 años que escuchaba el sonido el material solamente consistía en cobre quemado.

De cara a la realidad

Ese es Daniel Puerta Perdomo, colombiano de 31 años, músico profesional y que va a Uruguay por una razón especial: aprender candombe, el ritmo traído por los negros y que hace repiquetear las orejas y caderas. Puerta, hombre de mediana estatura, cabello corto y barba crecida, viaja desde hace 5 meses tocando, aprendiendo y viviendo de lo que hace. Estuvo cuatro meses de “empleado” al alcanzar la mayoría de edad en una empresa de fumigaciones y se dio cuenta de que chambear para otro no era lo suyo. Lo que es de él es una vida itinerante de artista que “sí, es para pocos”. Además de conocer los modos de vida por donde pasa, los confronta. Ha estado por Ecuador y en uno de los tantos lugares en el que estuvo compartiendo momentos con gente de otro sitio se mostró en desacuerdo cuando la gente hablaba de su país como un sitio invivible, intransitable y en donde todo (lo malo) puede pasar. “¿Pero y eso de los carteles? ¿Eso del Cartel de los Sapos?”. “!Pero si eso es una novela, man! ¿Cómo puedes decir eso?”. Puerta siente que la misma percepción hacia los colombianos tenemos aquí. Esto no se debe a que somos países hermanos sino a que los grupos televisivos se han puesto de acuerdo para transmitir cosas ajenas a la realidad o que la nublan. Felizmente, Puerta no estuvo por estos lares cuando El Patrón del Mal la rompía en la sintonía. Pero de ser así, igual hubiera estado “tranqui”.

El músico itinerante que huye del ruido

Para tocar el handpan y para que lo escuchen cuando informa sobre la historia y virtudes de su instrumento, Daniel necesita de un espacio donde no haya mucho ruido. Él lo encontró en la Alameda Chabuca Granda minutos después de ser invitado a retirarse por una agente del serenazgo en el Jr. De la Unión y también luego de haber presenciado como una señora defendía que se quedé ahí enfrentándose a la agente del serenazgo. La señora tenía motivos para hacerlo: su hija que la acompañaba estaba en los primeros pasos de su aprendizaje musical en percusión. En Chabuca Granda, el chiquito vivaz y preguntón que por ahí  vivía, se perdió en una feria apostada en los anfiteatros del lugar.

Había mucha gente en la Alameda y una parte habilitada como por obra de gracia para él. Daniel se sentó en su sillita plegable, puso el platillo de monedas colombianas y en sus faldas el handpan. La música que por ratos sonaba a Oriente y que cualquiera hubiera confundido con una guitarra empezó a sonar. No tardó mucho como para que a su alrededor se forme un nutrido grupo de personas que miraban el espectáculo. Un hombre tenía frente a sí un inmenso platillo y lo tocaba con la habilidad de los que saben. Las extremidades superiores para eso servían y solo faltaba que con el hombro toque la superficie. Los dedos hacían la mecanografía musical.

Este músico, recién llegado a la capital, anduvo reconociendo el lugar. El Jr. Trujillo, cerca al portentoso Puente Trujillo, será el próximo lugar en donde toque el handpan pues necesita de monedas “pa’ que la nave coja vuelo”. Por el momento, se queda en un cuartito en la Av. Tacna. Un espacio  particular pues le recuerda un edificio de su natal Colombia al que odiaba y en el que paradójicamente vive hoy. Le tiene animadversión por el recuerdo y también por el ruido de los cláxones de esta transitada avenida. Así la nave no logra entrar en conexión, pues.

(Para que escuche el handpan: http://www.youtube.com/watch?v=xk3BvNLeNgw )

15-01-13