El día de ayer, miércoles 1 de junio, hice una pequeña parada en la inauguración de la VII edición del Festival Cine Al Este de Lima. La cita era a las 7:30pm en el Lugar de la Memoria (más conocido como LUM), un hermoso edificio inaugurado el año pasado que ensalza una de las características más importantes del cine hoy en día, lo que David Duponchel, director del festival, llamó en sus palabras de bienvenida “un arma fantástica contra el olvido”.

Cuando yo conocí el festival, el año pasado, no sabía mucho sobre ese extraño cine independiente y de bajo presupuesto realizado en el este europeo, quizá una realidad que podría asemejarse a la nuestra desde cierto punto de vista. Fue en una clase de cine, hace un par de años, que vi dos entregas de “El Decálogo”, de Krzysztof Kiéslowski: “No Matarás” y “No levantarás falsos testimonios”. Cada una de ellas es una obra de arte magnífica y, hasta el día de hoy, Kiéslowski es considerado uno de los mejores cineastas polacos cuya obra completa podrán encontrarla en esta edición del festival.

En sus inicios en el 2008, se pensaba en una propuesta original para llevar la atención del público hacia una mirada distinta, con una estética diferente y con historias bastante llamativas sobre la realidad del este europeo. En comparación con el año pasado, el festival ha crecido muchísimo en mi opinión, y falta aún ver cómo es que se desarrollará los siguientes diez días en sus distintas sedes: la Fundación Telefónica, el Mali, UVK Larcomar, CCPUCP, entre otras.

Luego de la cálida bienvenida de los ponentes, entre ellos el embajador de República Checa, la embajadora de Polonia y el Director de la DAFO, se proyectaron dos obras maestras, que gozan de mucha frescura  y con grandes logros cinematográficos: “Los niños no pierden nada“, de Sharunas Bartas, cineasta lituano e invitado especial del festival; y “El verano de Sangailé“, de la directora, también lituana, Alanté Kavaïté.

Antes que nada, luego de la proyección, corrí a buscar a David Duponchel, quien muy amablemente pudo responder mis preguntas. Conversamos un rato sobre su propósito de crear un festival de esta magnitud, el cual era, en un principio, ofrecer al público peruano algo distinto a lo que usualmente veía en las carteleras. Y es que sí, las dos proyecciones de ayer fueron notablemente artísticas y muy sensoriales. Le pedí tres recomendaciones sobre las películas imperdibles en esta edición del festival, a lo cual él respondió: “El Decálogo” (de Krzysztof Kiéslowski), La Paloma (de Frantisek Vlacíl, también invitado especial) y El Sol Abrasador (de Dalibor Matanic). Y sus palabras finales para cualquier persona que busca hacer cine hoy fue: “leer novelas, ver películas y grabar en los maravillosos paisajes que tiene el Perú.”

Conforme avanzó la velada, recorrí el lugar buscando más opiniones especializadas sobre el festival, y me encontré con dos miembros del jurado oficial del festival: Angie Bonino, artista multidisciplinaria ganadora del premio Luces 2015 como mejor artista visual, y con Eponine Momenceau, realizadora audiovisual ganadora de la Palma de Oro en Cannes. El entrevistar a dos grandes artistas visuales resultó una actividad interesante, pues, ambas coincidieron en la gran calidad de la cinematografía que Sharunas Bartas muestra en “Los niños no pierden nada”, la textura que se logra y el relato que, sin recurrir al diálogo, cuenta una magnífica historia en 5 minutos. Este año, el festival tiene una sección especial de las obras de este gran cineasta, cuya labor los invito a disfrutar.

Finalmente, los animo a participar de las diferentes actividades que se llevarán a cabo desde hoy, 2 de junio, hasta el 11. Una oportunidad para disfrutar de obras audiovisuales únicas, que tienen reconocimiento a nivel internacional.

Asimismo, una agradecimiento especial al staff de organizadores del Festival AEL por permirme acercarme a grandes personalidades.