“La vida es como una película” suelen decir muchas personas, desde críticos de cine  hasta espectadores ocasionales. Esta es una simple frase que engloba un significado mucho más complejo y que yo, en mi corta experiencia como amante del cine, comparto.

Quizás para muchos su vida sí sea como una comedia romántica en París, o como una aventura en aguas misteriosas en donde habitan criaturas desconocidas, o tal vez nos sintamos magos que salvaremos al mundo y -en otra ocasión- somos los malvados Darth Vader y Hannibal Lecter. Porque, ¿quién no se ha sentido alguna vez la mítica Leia Skywalker o el pequeño Frodo Baggins? Definitivamente, muchos de estos personajes guardan un espacio muy grande en nuestros corazones y cada vez que los oímos mencionar no podemos evitar que nuestra mente vuele muchos metros por encima de los que quisiéramos, y que aterrice en ese mundo alternativo creado por las películas.

Es en este torbellino interno en el que tropecé conmigo misma intentando conceptualizar el cine en una palabra. ¿Qué es el cine para nosotros? Esto es algo que desde hace décadas los grandes cineastas se vienen cuestionando y aún hay muchas perspectivas distintas. Muchos sostienen que es un lenguaje, una manera de expresar las más intrínsecas sensaciones de la naturaleza humana, el medio por excelencia de mostrarnos a los demás tal cual somos. Otros creen que se trata mas bien de una perfecta ficción cuidadosamente calculada y hecha para soñar; esto es escaparnos, inevitablemente, de la a veces no tan agradable realidad y permitirnos el deambular un momento en la sombra de la victoria o de los más profundos deseos del alma. Sin embargo, una de las posturas más aceptadas por críticos y cineastas es que el cine está hecho para mostrar la realidad tal cual es, sin tapujos ni máscaras maquilladas. El objetivo último, entonces, de ese arte tan querido por nosotros es actuar como espejo de la realidad.

No obstante, independientemente de las posturas que puedan tener tantos duchos en la materia, lo importante a la hora de ver una película es cómo te haga sentir, no lo que otros puedan afirmar pues para cada persona una determinada cinta puede significar algo y para otra, algo diametralmente opuesto. El cine es una máquina de contar historias, las cuales a veces son muy cercanas a nosotros y logran establecer una conexión imposible de romper.

Dentro del maravilloso y vasto mundo de las películas están las que nos hacen soñar y volar muy alto, las que nos hacen levitar mientras sentimos nuestros cabezas flotar, también hay de las que nos resultan tan crudas y cercanas que preferimos evitarlas, y nunca faltan las que apenas podemos tolerar. Para esta ocasión, en la que muchos ya han acabado parciales y otros acabarán muy pronto, recomendaré una cinta que nos hace soñar y olvidar por un momento el estrés y preocupación que trae consigo este complicado periodo. Tal vez muchos ya hayan oído hablar de “La rosa púrpura del Cairo” pero no han tenido la oportunidad de verla. Este es el preciso momento para hacerlo y dejar a un lado las monótonas obligaciones académicas.
“La rosa púrpura del Cairo”, dirigida por el genial Woody Allen y estrenada en 1985 es el máximo emblema de una generación que sí creía en el poder que ejerce el cine para soñar. Con una notable actuación de la magnífica Mía Farrow, Allen nos sumerge en ese constante deseo de escapar de la realidad cuando se lleva una vida dura y desgraciada. El querido Woody explota la imaginación y los sueños que son el soporte para seguir viviendo en un mundo que se nos muestra como hostil y despreciable. Ese medio para soñar es una película de nombre “La rosa púrpura del Cairo” que hará que nuestra protagonista, encarnada por Farrow, viva todo lo que siempre había deseado experimentar.

Con un final que nos dice mucho sobre este viaje que es la vida “La rosa púrpura del Cairo” nos deja un gran mensaje acerca del poder de la magia de los sueños y lo que estos son capaces de hacer en una persona a través de una película porque, después de todo, no hay paraíso más grande que el que encontramos al subir al intoxicante mundo del séptimo arte.

  • Alejandra Alejos Gallegos

    Muy buena columna , espero sigas con este bonito trabajo. Me gustaria que tuvieras una seccion de recomendaciones de peliculas 🙂

  • Kelly León Rodríguez

    Que suculenta columna, me encanto desde la primera línea hasta la última. Felicidades y espero con ansias tu próximo artículo :3