Editado por Claudia Sotomayor Dorival

Cuando se habla sobre las producciones y planes cinematográficos realizados a lo largo del siglo XXI es imposible no mencionar la relación que existe entre el cine y la literatura. La coexistencia entre estas dos grandes artes, tan distintas como semejantes en su diversidad, ha sido un impulso para el aumento de su deleite y atención. Esto se ve proyectado en la adaptaciones cinematográficas. En esta gran oportunidad y desde un ángulo contrapicado, pues es una de las personas que merecen ser percibidas con admiración, no solo desde el lente de una cámara sino también desde la realidad, Rossana Díaz Costa nos cuenta sobre su experiencia como directora de la adaptación cinematográfica de Un mundo para  Julius.

Rossana Díaz Costa (49) estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú y llevó cursos de cine en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima. En 1997, gracias a una beca, realizó un Doctorado en Literatura Hispánica en la Universidad de La Coruña y estudió Realización de Audiovisuales en la Escuela de Imagen y Sonido de la misma ciudad. Durante su estadía en España realizó varios cortometrajes y un documental llamado Travesía de Extramares, que fue emitido en Televisión de Galicia (TVGA). Entre sus proyectos más conocidos se encuentra “Viaje a Tombuctú” (2013), filme reconocido en Colombia, donde ganó el Premio de Mejor Largometraje de Ficción y en Paris, donde también ganó el Premio de Mejor Largometraje de Ficción en el Festival de Cine Peruano de París. Además, en el 2005, Díaz obtuvo el segundo lugar en el Premio Nacional de Narrativa del Perú con el libro de cuentos Los Olvidados (no los de Buñuel, los míos). Actualmente, se encuentra en el proceso de edición de la adaptación cinematográfica de la novela de Alfredo Bryce Echenique, proyecto coproducido por Tombuktu Films, Visiona TV (España), Televisión Española y Machaco Films (Argentina).

¿Qué es el cine para ti? ¿La literatura aún se encuentra en tus intereses o el cine es el primer foco de tu atención?

Es una puertita al sueño y a la fantasía. Todas la veces que me he sentado a ver una película, para mí, es como vivir otras vidas. Es lo mismo con la literatura, pero creo que con el cine es más posible escapar de la realidad y vivir una fantasía. Tengo interés en ambos, pero, en los últimos años, el cine ha exigido más de mí. Realizar un largometraje es bastante complicado, la gran parte del tiempo debes estar pensando en cómo realizar la película y conseguir el dinero. La literatura ha quedado en segundo plano debido a que no tengo 48 horas en el día. El cine me absorbe. Si no tuviera que trabajar para vivir, dedicaría la mitad de mi tiempo a la literatura. Ese sería mi ideal.

¿Cómo llegaste a ser parte de Guarango Cine y Video?

Guarango Cine y Video fue el inicio de todo. Cuando conocí a Tito Cabellos, quien era y es cabeza de Guarango, me invitó a participar en algunos proyectos. Había un proyecto sobre un documental sobre los problemas de la mujeres en el Perú que debía ser dirigido por una mujer. Presenté mi propuesta sobre las madres adolescentes en el país y me la aceptaron. El proyecto iba a ser financiado desde Inglaterra. En ese entonces no contaba con ninguna experiencia, solo tenía algunos cortos y mi cinefilia. Sin embargo, con la ayuda de muy buenos técnicos, tuve la seguridad para poder realizarlo. Fue el primer trabajo profesional y serio que realicé y que afirmó mi carrera hacia el cine.

¿Cómo se llevó a cabo “Viaje a Tombuctú”?

Es un proyecto que tenía pensado desde el 2007, que fue mi último año escuela de cine en Madrid. Un año después, retorné a Lima y abrí mi propia empresa de cine con la que empecé a pedir ayuda para su elaboración. En el 2010, el proyecto ganó la ayuda de Conacine (Perú) y, al año siguiente, ganó el apoyo de Ibermedia (España), dos fuentes de dinero público que dieron motor al proyecto. Al final, con el apoyo del estado argentino (INCAA) se completó el proceso de posproducción. Se podría decir que se necesitaron cuatro años para conseguir la financiación, casi igual que con Un mundo para Julius.

JULIUS

Fue un proyecto que unió dos cosas que amo: la literatura y el cine

Rossana Diaz Costa

¿Cuál fue la razón que te llevó a representar Un Mundo para Julius y no otra novela? 

Fue una manera muy natural, no hubo competencia con otras novelas. Desde mucho antes de Viaje a Tombuctú, en Madrid, tuve un ejercicio en la escuela de cine que consistía en intentar un tratamiento inicial (fase previa al guion) de una novela convertida en adaptación. Cuando llegué a mi casa, fue de inmediato la elección de Un mundo para Julius, pues fue una novela que desde la primera lectura me marcó. Leía la novela con gusto y, de cierta manera, esta me enseñaba y me ayudaba a comprender al Perú. Todo ese mundo de injusticias que ve Julius en su hogar me ayudó a entender de donde provino el monstruo de Sendero Luminoso. La novela hace que reflexiones sobre el origen de tanto odio. Te explica sobre una desigualdad tan profunda y arraigada que parece que no se acaba en el Perú. Como los problemas se desprenden por la falta de igualdad en nuestro país, surgen monstruos de diferentes tipos, tal como la corrupción. Terminé el ejercicio y lo deje guardado en un cajón. Hice Viaje a Tombuctú y recién en el 2015 me animé a realizar la primera versión del guión, con el cual toqué la puerta a la agencia literaria para la petición de los derechos.

¿Comó fue este procedimiento de la petición de los derechos?

Esto es un proceso antes de pedir el financiamiento. Yo me había arriesgado a hacer un guión sin tener la seguridad de que me darían los derechos. Cuando tuve la primera versión, escribí a la agencia literaria de Carmen Balcells que está en Barcelona. Es la agencia literaria más grande del mundo literario hispano. Tienen a Vargas Llosa, Cortázar, Borges y demás grandes. En un principio, me dieron un precio imposible. Pensé en pedir ayuda a instituciones de cine y luego retornarlo. Hay diferentes maneras, tú pagas por dos años a modo de reservar los derechos y, luego, pagas el monto total para la compra de estos. También está la opción de realizar el pago completo de los derechos. En mi caso, decidí la primera. También, conté con el apoyo de Bryce, que intercedió y confió en que sería la indicada para llevar su novela a la gran pantalla. Esto permitió descender el costo de los derechos y hacerlo posible. A partir de ahí, pude comenzar una segunda búsqueda, la del financiamiento de la producción de la película, que fue lo más complicado.

¿Cuál fue la dificultad más grande para hacer la adaptación?

Lo más complicado fue conseguir el dinero para la película. Tuve la oportunidad de trabajar con un equipo dispuesto a ayudar frente a las dificultades económicas. Los encargados de arte y vestuario tuvieron que hacer milagros, pues no tenían el dinero para sus equipos. Así, han buscado sus propios auspicios y pedido por diferentes lugares para que no se note que faltaba dinero al momento en el que estábamos grabando. Realmente, fue una multiplicación de los panes. Gracias al apoyo de la Televisión Española se consiguió sacar adelante la producción. He tenido inversionistas privados y personas naturales que han financiado desde el Perú pero que no son peruanos. Uno de ellos es de la India y otro es Austriaco. Tuve el apoyo de un solo peruano, quien junto a los demás, como dueños de producción, ganarán cuando la película esté en taquilla. Esto es aparte del apoyo argentino y el de la PUCP, quienes tendrán lugar como auspiciadores de la película. Es lamentable saber que el lugar de donde viene y se sitúa la novela es el que menos apoyo ha dado para su producción.

Respecto a la selección del elenco, ¿De qué manera se llevó a cabo? 

Hace tres años, cuando empezaba el proyecto, realicé un casting previo a la producción en el que seleccioné a Fiorella Ferrari para Susan, a Matías Spitzer como Santiago y a Magaly Solier como Vilma. También, hice una preselección de niños; sin embargo, ninguno quedó debido a que crecieron. En el caso de los adultos, como Magaly, no se pudo porque tenía otros compromisos. Al final, Mayella Lloclla fue elegida para el papel de Vilma y lo hizo genial. Sinceramente, mi preocupación era encontrar a los niños, sobre todo a los dos Julius. Con mucha paciencia, vimos a muchos niños y, finalmente, seleccionamos a Augusto Linares, quien de inmediato me pareció un Julius salido del libro. Ninguno de los niños seleccionados tienen experiencia en la actuación, por lo que tuve que hacerles varias pruebas. En el caso de Julius, lo probé junto a sus hermanos, quienes serían con los que experimentaría las partes más complicadas de la película. Los niños tienen la misma edad de los personajes del libro. El menor de los actores tiene cuatro años y presentó una memoria prodigiosa. En el caso de Nacho Fresneda, él llega por la coproducción española, que mandó al actor para el personaje de Juan Lucas, que también es español.

¿Cuál es tu intención con esta adaptación?

Primero, es regresar a la novela. Las nuevas generaciones se encuentran alejadas de la lectura por estar abocadas a la tecnología. Volver a sus temas importantes, que son parte del pasado y que aún se pueden ver en nuestro actual Perú. Mediante la película, queremos reflexionar sobre los problemas sociales que se encuentran en la novela, como la desigualdad, el racismo, el machismo, entre otros. Son problemas que al parecer no dejan de existir. Es una oportunidad de pensar hacia donde nos estamos dirigiendo como sociedad.

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Como director, de alguna manera, debes estar en todas partes al mismo tiempo.
Sin estas personas yo no podría haber remado a ningún lado.

¿Cuál fue la mejor experiencia durante la grabación? 

Me quedo con la experiencia humana, que sería el rodaje. Además de nuevos amigos y la confirmación de aquellos con quienes había trabajado antes. Asimismo, trabajar con los niños fue una experiencia sumamente especial. Ha sido maravilloso ser espectadora de su naturalidad y buen manejo del personaje frente a un proyecto complicado.

¿Tienes en mente o en proceso algún nuevo proyecto?

Después de un año de trabajo con Un mundo para Julius, recién daré inició a lo que será una road movie sobre unas chicas que están viajando solas. Aquí el guion sería original.

CINE

¿Qué opinas sobre la situación tanto de consumo como de producción de cine en el Perú?

Es evidente el crecimiento de número de producción de películas en el Perú. Sin embargo, aún existe la marcada división de las películas peruanas en dos tipos muy distintos. Por una parte, se tienen las películas de consumo masivo, las cuales se apoyan en lo comercial, como serían las comedias y, por otro lado, se tienen las que son para festival. Estas normalmente son más pequeñas y tienen un límite de espectadores. Creo que Un mundo para Julius será un caso raro, pues podría considerarse ubicada en el medio de esta división. Tiene la capacidad de llegar a muchos peruanos y, al mismo tiempo, de mostrar que es capaz de representarnos afuera. Creo que se necesitarían más cintas de este tipo para que así el cine peruano llegue a todo tipo de público, tal como ocurre en Argentina. Así, los peruanos verían más cine hecho acá que no sea de comedia o terror.

¿De qué manera tu proyecto ha sido afectado por esta realidad de consumo?

Por esto mismo, se ha creado la idea de que solo las películas de humor o de terror son capaces de dar dinero. Por la culpa de esta concepción, solo tengo el apoyo financiero de una empresa peruana. Lo primero que te pregunta el departamento de marketing de las empresas es si la película es de comedia. Y yo, como respuesta, repito que es la novela Un mundo para Julius, lo cual los lleva a reformular si la novela es de comedia. Ahí te das cuenta que son gente que no conoce el libro. El desánimo viene al mencionar que es la tragedia de un niño y que es claramente un drama. Entonces, dan como respuesta que solo financian comedias. Las empresas con las que me presenté no apoyan este tipo de películas por el divorcio existente entre estos dos tipos de películas en el país. Tampoco he tenido suerte con el Ministerio de Cultura, a pesar de haber quedado finalista en los premios de DAFO (Dirección del audiovisual, la fonografía y los nuevos medios), pero por razones contrarias. Piensan que es un proyecto que será un producto masivo y no del tipo artístico. Dan como fundamento que tendría el apoyo de las empresas privadas, lo cual no ocurre. Este proyecto es un claro ejemplo de un híbrido entre estos dos tipos de películas.

¿Crees que la PUCP podría realizar algún tipo de cambio o iniciativa para motivar su crecimiento?

La PUCP no apoya a cualquier proyecto. Da un seguimiento a cierto tipo de películas, sobre todo a aquellas que tienen un contenido social y tienden a generar una reflexión. Hasta el momento, la PUCP ha estado dando un gran apoyo a proyectos de cine de una manera u otra, como auspicio directo o como algún tipo de canje, por ejemplo, otorgando espacios o instalaciones para las grabaciones. Sobre todo, el apoyo se otorga hacia las personas que forman parte de la universidad.

¿Qué crees que faltaría para un mayor apoyo económico hacia las artes visuales como puede ser el cine y la literatura en el país? 

En el caso de la literatura, no se necesita un apoyo económico tan fuerte como para el cine. Deberían existir algunas becas para alguien que quiera publicar sus libros, como hay entre otros países. Para industrias de editorial existe el apoyo del Ministerio de Cultura y este es bastante reciente. Para el cine, mientras no se apruebe una ley de cine que contemple todo esta problemática, aún no se podrá incentivar un apoyo sobresaliente para los proyectos. Es importante generar confianza en la empresa privada para que estas apoyen a las películas. Si la empresa privada solo va a financiar un tipo de película, entonces es como hablar de que los peruanos solo pueden ver un solo tipo de película.

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Rossana Díaz junto a Bryce Echenique y los niños que participan en la película

Espero que, además de entretenerse con la película, esta pueda ayudar a los jóvenes y a las nuevas generaciones a ver cómo era el Perú antes y cómo se encuentra ahora. Espero que se origine una reflexión sobre nuestros problemas como sociedad. Asimismo, la película es una invitación a leer la novela. Toda adaptación cinematográfica, decía André Bazin, siempre va a ganar algo para la literatura, porque en el espectador nace el interés de leerla por primera vez o de releerla si le gustó e incluso si es que no, con el fin de una comparación. Es un terreno ganado para la literatura.

Reflexión de Rossana Díaz Costa