Una batahola es la que se ha armado en las altas esferas de gobierno por la reducción en el crecimiento del PBI. Ollanta se ha pronunciado e instituciones económicas han intentado “aligerar” el efecto de la metáfora de las vacas pero hay algo que no se puede desmentir: no creceremos como antes. Siendo más crudos, incluso, está a punto de cerrarse el ciclo; el buen ciclo que durante un tiempo considerable elevó hasta la estratósfera la personalidad del país. El emprendedor, el motor principal de la economía, era el nuevo héroe patrio.

Aunque caiga mal y para algunos peque de injusto el análisis que considera que en realidad los motores del país eran economías extranjeras como EE.UU., UE y China, en desmedro de las “rompidas de lomo” de nuestros compatriotas, lo cierto es que los altos precios de nuestras materias primas fueron el factor principal por la que nuestro PBI (leer el artículo del economista Carlos Anderson para estos fines: http://gestion.pe/movil/noticia/2066574) se iba en subida. En esta particular etapa de bonanza, la narrativa del emprendedor exitoso no podía ser otra cosa que indispensable.

Tal cual las “islas de excelencia”- esas instituciones del Estado que hacen del manejo de la economía un fortín infranqueable e impenetrable, como lo son el MEF, el BCR, la SUNAT, etc.-, muchos consideraron al país una ínsula. No importaba, como pensó en algún momento nuestro egocéntrico ex presidente Alan García, que allá afuera, en las inhóspitas y abatidas tierras de Europa y Estados Unidos, a ojos del optimismo avasallador del avance del PBI, se percibieran situaciones difíciles en el manejo de sus respectivas economía; el Perú tenía para seguir en la senda del milagro. Hoy sabemos, no obstante, que la vaca ha empezado a perder peso.

A inicios de año, destacados economistas seguían –y hoy tienen razón para seguir estándolo- con pesimismo la coyuntura de las economías mundiales. Actualmente los tímidos crecimientos de EE.UU., Japón, Londres, Alemania y Francia no dan suficiente argumento para optar por un respiro de alivio. La recuperación tardará años, se asegura, y con discreción se habla de la década perdida en Europa. Pregúntenles a sus padres lo que vivieron en los 80 y tendrán una idea de lo que se vive en España o Grecia. Todo esto, sin embargo, no merecía la atención de las autoridades de turno. Valía más la gritería de la Confiep sobre la adquisición de La Pampilla a manos del Estado peruano.

¿Soluciones? Algunos sugieren más inversión extranjera a como dé lugar. Si con ello se busca contentar a cierta parte del país y dejar de lado reformas de plano, pues adelante. Pero no parece ser lo que la gente realmente desea. Las últimas marchas de indignación política ante los actos otoronguiles, la injusticia de pagos entre los trabajadores del sector salud, las luchas universitarias y las salidas a las calles de los trabajadores del servicio civil (rechazaremos las “burrocracias” pero no se puede tener la insensatez de promulgarse leyes al caballazo y sin consulta, más aún cuando se habla a bocajarro de un Estado de derecho) demuestran un sentir diferente al del empresariado. De momento, se habla de un Plan de Industrialización. Mario Tello, economista de la PUCP y consultado por el Produce, entidad encargada de la elaboración del citado plan, menciona que este tiene un aire al pasado (Industrialización por Sustitución de Importaciones) y que poco es lo que podría hacerse (Más información: http://gestion.pe/economia/centrum-gobierno-no-tiene-claro-que-significa-politica-industrial-que-produzca-desarrollo-2073714). No solo se trata de la soledad política de Cosito, sino de su irresponsabilidad para dirigir al país.

22-08-13