– Letras Al Mango no se responsabiliza por las opiniones vertidas en el presente artículo-

Escriben Giancarlo Portugal Velasco y Renato López.

“Lo siento, Shamil, no he tenido la suerte de ir a un mercado mayoritas. Pero algo si sé que los concesionarios ya no quieren chambear bajo ese precio, debe ser por algo (…)  20 soles es aproximadamente el 3% de la boleta… y cuando la boleta sube 3% anualmente pitean como locos. No seas carefierrasotemplado pues, Shamil”

Jorge Tapia, vicepresidente de Unión Estudiantil (UNES),

en Grupo PUCP 20.0-Facebook como respuesta a un cuestionamiento que buscaba entender el alza de precios con el nuevo plato único y luego como respuesta a una propuesta de subvención directa.

(https://goo.gl/ww0QM4)

El día 18 de enero, la REA (Representantes Estudiantiles ante la Asamblea Universitaria) publicó que se había acabado el contrato con la concesión de los comedores de Arte y Central. Es así que se buscarían nuevas opciones por 15 días a través de un concurso público; sin embargo, tras la presentación de las exigencias, todos los concursantes renunciaron a participar. La Fepuc habría buscado que se nos informe sobre el tema, pero no hubo mayor respuesta. El 19 de febrero se realiza la Asamblea Extraordinaria de Delegados Fepuc en la cual se decide crear una Comisión Negociadora que represente a la Federación para que  pueda establecer diálogo con las autoridades que conforman la Consejo Directivo de Servicios Alimenticios (CDSA). Los días siguientes se conoce que ya había un contrato casi firmado con un nuevo concesionario que ahora sería monopólico en la universidad; es decir, sería el mismo concesionario para todos los comedores y que los precios serían totalmente distintos, con menor variedad de platos disponibles.

Esta propuesta, ahora se sabe, no ha sido trabajada en la CDSA, que tiene como integrantes, entre otros, a representantes estudiantiles. Por el contrario, se ha pasado por encima de esta instancia y ha sido el Vicerrectorado Administrativo, liderado por Carlos Fosca, que la ha realizado. El último lunes ha sido la reunión con los técnicos de la universidad que han realizado la propuesta. La han explicado, pero no brindaron la información técnica a los/as estudiantes. Es decir, no transparentó la información más relevante para realizar una contrapropuesta. Esta información la brindaron recién alrededor de las 7 p.m. del lunes 1 de marzo, un día antes de la reunión del Consejo Universitario, que es donde se decidiría la concesión.

En este mismo primer día del mes, por la tarde, en estas circunstancias de poco acceso por parte del estudiante, se realizó una Mesa Abierta organizada por la Comisión Negociadora para que la comunidad estudiantil pueda ser informada y pueda plantear acciones con miras a la reunión del día miércoles en el Consejo Universitario. El objetivo fue proponer que se aplace la reunión, pues necesitábamos más tiempo para realizar una contrapropuesta- Por lo menos se necesita una semana, según la Comisión. Llegó el miércoles. Con mucho entusiasmo, arengas y carteles, nos movilizamos y esperamos las noticias que desde la reunión del Consejo Universitario iban circulando. Lamentablemente, esta jornada terminó con el comunicado que ratificaba la decisión de implementar un nuevo sistema de alimentación afín a la propuesta del Vicerrectorado (http://goo.gl/WIOs4C). .

Ante esta situación, se han manifestado no solo la Federación de Estudiantes (Fepuc), sino que se publicaron tres artículos: primero, de parte de la Juventud Comunista (JotaCé) – https://goo.gl/yzhddX – y, un segundo, en respuesta a este, de Jorge Tapia, vicepresidente de Unión Estudiantil (UNES) – https://goo.gl/0LtoXs -; adicionalmente, el tercero y último, de Jonatan Marcés, ex vicepresidente de UNES y actual consejero universitario por la misma agrupación, escribió un artículo buscando reforzar una de las propuestas de su compañero Tapia – https://goo.gl/qiJBqn -. Sin embargo, creemos que se necesita reflexionar un poco más lo que está subyacente al qué nos quitan (el básico, el vegetariano, el económico) por un lado, y, por otro lado, al cómo nos lo quitan (sin hacernos partícipes de la decisión que nos afectará).

No solo el básico, sino también el económico, el vegetariano y, por qué no, también el menú y el menú ejecutivo, como los conocemos actualmente, son un derecho que evidencia la diversidad socioecónomica y regimentaria que existe en nuestra universidad. Esa misma diversidad, que se refleja en muchas áreas, es la que nos convierte en una comunidad con principios democráticos. Sin embargo, deja de existir esa democracia y esa idea de comunidad universitaria – en la que no existen dueños, sino integrantes igualmente reconocidos – cuando se nos busca imponer un acuerdo en el que nos cierran las puertas a la información.

La eliminación del básico y el resto de alternativas, actualmente existentes, pasan entonces, a ser un símbolo de las carencias de la representación y participación estudiantil en nuestra comunidad. Este derecho no puede ser minimizado a un capricho de estudiantes por un ‘tentempié’, por un ‘plato de uvas’, en el que tiránicamente exijamos servicios adicionales.

Lo que se exige es mantener una solución que responda a la amplia diversidad socioeconómica que existe en la universidad, y que a la vez esté incluida dentro de los estándares alimenticios. Lo más importante es poder cuestionar las zonas de confort, para dejar de invisibilizar que la mayoría no puede costear un nuevo menú único con costo de S/. 6.50.

No debería tratarse de minorías o mayorías, debería más bien tratarse de un esfuerzo por cuestionar una única y excluyente idea de ‘estudiante’ clasemediero, heterosexual, limeño, por nuevos significados relacionados a las diversas identidades que confluyen en nuestra comunidad universitaria. Así, de lo que se trata es de reconocernos, y no de suponernos bajo un prejuicio que no se corresponde con la diversidad de nuestra realidad.

No importa si uno no consume el “básico”, si nunca ha comido un económico o un  vegetariano, si vive cerca y come con su familia, si come en Charlotte cada día o si, simplemente, lleva su “taper” con almuerzo y utiliza los microondas del campus. Lo realmente valioso en esto es que nos encontramos con una imposición que afecta a compañeros y compañeras que se sienta a nuestro costado, al frente o atrás de nuestra carpeta en cada clase.

Esta imposición, además de afectarnos a nosotros, también te afecta a ti, porque le afecta a los que conoces y a los que aún estás por conocer. Esto escapa a la visión individualista a la que estamos acostumbrados, porque somos una comunidad y tenemos que luchar por seguirlo siendo y consolidarnos como tal.

Es nuestro derecho exigir alimentación y educación de calidad, no nos cerramos a alternativas, pero no aceptaremos una exclusión de la comunidad a la cual, por ley y, sobre todo,  por principios, pertenecemos. Ante esta coyuntura, hay, entonces, dos luchas por realizar: la lucha contra la elitización, por un lado, y, por otro lado, una lucha contra la privación de la información de nuestra comunidad universitaria. Ambas luchas fortalecen el objetivo democrático al cual, como sociedad, debemos apuntar y solo se logrará si existe

Participación estudiantil y unión como gremio. Un paso importante será asistir a la Asamblea Fepuc que se realizará este martes por la tarde.

Luchemos por la comunidad que queremos y que merecemos.