El año 2016 fue uno de los mejores en cuanto al teatro. Lima tuvo una de las más destacadas puestas en escena: Hamlet, dirigida por Roberto Ángeles y protagonizada por Fernando Luque. Lo que más llamó mi atención fueron las escenas entre nuestro príncipe y Horacio, interpretado por Nicolás Galindo. Creo que no hay que ser un gran experto en teatro isabelino para saber que entre ambos personajes había algo más que una simple amistad, específicamente una relación del tipo homoerótico.

Antes de empezar a hacernos bolas, definamos homoerotismo como el deseo sexual, amor sensual o emociones eróticas que hay en torno a una persona del mismo sexo. Y no es necesario que ambos estén interesados uno con el otro, basta con que una de las partes demuestre esto. El homoerotismo se centra en la parte emocional asociada al erotismo, profundizando en los sentimientos, romantizando una situación potencialmente sexual, pero buscando despertar el deseo sexual. Desde mi perspectiva, creo que hay dos momentos en esta obra donde se puede apreciar cómo Horacio se las tenía por Hamlet: la fidelidad y su intento de suicidio (¡spoiler!).

Un punto muy importante es la fidelidad de Horacio hacia Hamlet, la cual evoca a una relación de enamorados. Esto se evidencia en la escena donde el príncipe, en el bosque, se acaba de enterar de la muerte de su padre y le pide a Horacio que por más que actúe raro, confíe en él, a lo que este responde que lo hará como el buen (y tal vez único) amigo que es.

Aquello podría parecernos una petición normal entre amigos, pero lo que nos hace pensar que hay algo más que una simple amistad entre ellos es la intensidad y pasión con la cual Hamlet dirige sus palabras hacia Horacio, el cómo lo toma por su chaqueta, lo pega a su cuerpo y se acerca demasiado a su rostro, creando un momento de tensión entre ambos, una tensión que se puede sentir y que viene cargada con un sentimiento casi tan fuerte como el odio, como si estuviésemos a punto de presenciar algo tal vez parecido a un beso entre amantes.

La respuesta del segundo tan sólo sirve para confirmarnos que entre los personajes, la relación es mucho más intensa que la de dos personas que tan solo se tienen un gran aprecio. Es una respuesta que viene igual de cargada con sentimientos tan fuertes como los de Hamlet y Horacio lucha contra esta peligrosa atracción, pero es su voz la que lo delata. Se quiebra, como si luchara por contener todos aquellos sentimientos que lleva consigo respecto a su buen amigo de la universidad; y es que es de entenderse, dado que Hamlet se encuentra en una pseudo-relación con Ofelia, la pobre Ofelia que al final será reemplazada por nuestro buen Horacio.

Para el final de la obra, tenemos a Hamlet a punto de morir después de enfrentarse a Laertes, y en este momento podemos ver cómo la relación entre Horacio y él ha llegado a su punto máximo, ya que el primero, en un arrebato de efusividad/amor, planea suicidarse para acompañar a su amigo.

La escena nos lo dice todo. Hamlet tendido con el soldado a su lado, acompañándolo hasta el final, cumpliendo los votos del matrimonio: “en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe”; pero Horacio va mucho más allá, desafiando a la muerte y jurando su amor incondicional hacia él de la manera más pura que el ser humano es capaz de lograr: entregarle su vida, porque ni siquiera la muerte será capaz de separarlos. Horacio no puede concebir una existencia en la cual no esté Hamlet; tanto así que va a llegar a atentar contra la propia, lo más preciado que todo ser humano posee, sin importar consecuencia alguna; y es que para Horacio la vida del príncipe era mucho más preciada que la propia.

Pero esta acción es detenida por el mismo Hamlet, que le pide que no lo haga, le implora que no cometa acto tan descabellado. Porque si no, ¿quién más para contar la veracidad sobre los hechos ocurridos? ¿Quién más que su mejor amigo, y compañero del alma? ¿O es que en realidad hay algo más que un simple legado que preservar? Así como para Horacio la vida de Hamlet era lo más importante, para este la de su mejor amigo también lo es.

Esto habla mucho de nuestro héroe trágico. De todos los personajes, el soldado es el único con el cual Hamlet no es egoísta, no va a permitir que por causa suya este muera.  Horacio ha llegado a convertirse en la persona de afecto principal del príncipe, tanto así que en un último acto de, llamémoslo, amor, Hamlet lucha porque este conserve su vida, haciéndolo razonar.

A fin de cuentas, el tema del homoerotismo agrega mucha más complejidad a una obra que a primera vista puede parecernos sobre la venganza y las pasiones, pero que en realidad va mucho más allá de estos temas, resultando en dos personajes extremadamente ricos en cuanto a sus personalidades y relaciones complejas. Si bien los vínculos de carácter homosexual y sus derivados como el homoerotismo no eran bien vistos, era muy común para la época isabelina, dado que los hombres desde sus primeros años convivían con otros hombres, y esto muchas veces desembocaba en un desarrollo de sentimientos del tipo homoerótico hacia sus iguales.

Hamlet y Horacio son un ejemplo de este tipo de relaciones, en las cuáles muchas veces se reflejaba en una amistad que rozaba con una relación de amantes. Shakespeare logró tocar un tema controvertido para la época isabelina (aunque también aplica para ciertos sectores conservadores del siglo XXI) sin que la audiencia lo notara, por lo que podríamos decir que Shakespeare es un trasgresor de las normas.