Editora: Massiel Román Molero

En tiempo de coronavirus, el amor se ha convertido en un animal fuera de su jaula. Desde hace centenares de horas no ha dejado de destrozar parejas a su antojo con una avalancha de nostalgia. Algunos afirman que han visto aparecer a Rutina de la mano de Amor. Otros dicen que han sentido cómo estos clavaban sus filosos dientes sobre la pared frágil de sus corazones.

Para mí, todo esto está funcionando como cuando el dolor –y no los amantes– es el que tira los dados. Es decir, las parejas solo se causan dolor porque quieren jugárselo así, como si el amor se tratara de un juego del azar. “Si cae par, la seguimos, pero si cae impar, ya fue”.

Las redes sociales se han vuelto el punto vital para poder sobrellevar el amor en una era que se está tornando, cada vez más, virtual. Las personas, después de tiempo, han despertado y caído de bruces al ver que las redes nos quitan los sueños más nuestros, más íntimos. Nos despojan de nosotros mismos, robándonos un tiempo cercano. Nos tienen mirando la vida a través de un vidrio, con los dedos empotrados en la banalidad. ¡Y se desesperan! Porque rozar, tocar y abrazar se han convertido en un delito en estos tiempos.

Sí, la cuarentena y está crisis sanitaria nos cambiarán la vida, no solo ahora, sino también a futuro en todo tipo de aspecto. Y, al parecer, los jóvenes son los que lo están pasando peor porque la gran parte de ellos no han aprendido a crecer sin saber qué es no ver ni tener cerca a su pareja por más de 48 horas.

Hace unos días, mientras veía las redes sociales, leí una publicación de una compañera que abría un debate sobre el amor en tiempo de coronavirus. “Mi enamorado no quiere hacer videollamada hot conmigo, ¿será que me está olvidando?”. Me pareció demasiado curioso y chistoso a la vez, y aún más al leer comentarios cuyo contenido era un testamento de usuarios frustrados por no sentir el calor de su pareja.

Por cada comentario leído aparecía un caballo a ciegas desatado por una pasión lujuriosa que solo corría hacia una meta: Citas a ciegas o calientes online. ¿Acaso el amor consiste solamente en eso? Bueno, en realidad, esto es un debate que ya venía arrastrándose desde años, pero ahora con todo este boom, el tema se ha hecho cada vez más presente. ¡Y vaya que algunos se desesperan!

Hache, mi compañero de aventuras, me dice que, a veces, se le encoge el corazón cuando escribo crónicas que agarran de un hilo el mío –él cree que todo lo que tecleo frente a mi portátil sale de ese agujero negro que tengo impregnado en el pecho, y es cierto– porque sabe lo que hay en la trastienda. Yo le digo que sí, que estoy triste, pero también quiero recordarle a él y a todos los que estamos sufriendo por algo, que a veces la tristeza es la antesala de una nueva vida. Este nos enseña un nuevo modo de estar en pie.

Si lo anterior o no valía, eso queda a tu criterio, pero lo importante siempre es buscar las armas para que la tristeza se haga un paso de nuestro camino y no sea una razón para abandonarse. Por mucha experiencia que tengamos en asuntos de amor, por mucho que hayamos aprendido de las derrotas del pasado, la cornisa del adiós puede caer sobre casa en tiempos de desconcierto como estos, pues ahora las relaciones están funcionando a distancia. Para algunos es sencillo, para otros no, a otros les da igual. Todos los llevan como pueden.

Yo estoy sola… bueno, no tanto. Hache es un gran confidente. No es mi pareja ni funciona como tal, pero es él único que hace que mantenga los pies en la tierra en momentos de coronavirus. Porque justo en estos tiempos, cuando recuerdo más a la persona que me dejó varada hace unos meses porque no había tiempo para nosotros y yo amablemente le di un vuelo de viaje fuera de mi vida, me vuelvo a replantear esta problemática del amor sin contacto físico por unos cuantos días.

Como yo, supongo que habrán más chicos o chicas ahora. A ellos les digo: No hay manera de regatear las consecuencias. No se puede sacar a codazos a la angustia de esa pista de baile donde suena de música el fracaso, ni reducir los daños porque tu pareja se siente miserable por no poder verte a unos cuantos centímetros. La vida no está conformada por opciones perfectas. Si una opción no funciona, hay otra. Al fin y al cabo, esto solo durará un par de meses más, pero cuando todo acabe, los abrazos volverán y su historia solo pasará a ser una por contar.

No quiero romantizar esta era de amor porque no es bonito no estar de la mano de tu otro par, pero la vida es así de complicada. Casi siempre suele ser así, aunque a veces cueste llegar a verlo con nitidez, pero bueno tengo suerte, tengo 22, o lo que es lo mismo, muchos años de buen entrenamiento para poder seguir disfrutando de mis paseos por la trastienda.