Hace mucho escuchaba a Hugo Neira, destacado sociólogo peruano, quien sostenía durante una entrevista que: “Si tan solo enseñaran a los alumnos poesía, no habría tanto crimen de odio contra mujeres”. Se refería, por entonces, al siguiente verso de Vallejo:

“Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí…”

Esta imagen es, sin duda, una metáfora de perfil falaz, pero que alude a una realidad que, en efecto, es incuestionable: este país recoge innumerables problemas sociales cuyas soluciones han sido pausadas por la pandemia. Lamentablemente, uno de estos es la educación.

Actualmente, el uso de herramientas tecnológicas y el aprendizaje autónomo, ha posibilitado mayores facilidades para profundizar la búsqueda de información dentro de la web. Sin embargo, estos parámetros excluyen por completo a la población infantil, y en especial, en lo que refiere a la estimulación de su interés literario. Es imposible pretender que un niño alcance cualquier tipo de conocimiento, de manera integral, sin acompañamiento de sus pares y un tutor.

Escribo desde mi experiencia: hace no mucho, tanto mi editora, Yahaira Mendoza, como yo, hemos tenido la agradable sorpresa de encontrarnos en un voluntariado de promoción literaria infantil (EDUCA PERÚ). Es necesario mencionar que iniciativas como esta son autónomas; es decir, no parten desde algún aparato del Estado. En este sentido, en este contexto de virtualidad, he tenido la oportunidad de brindar clases a niños y niñas, quienes tenían aproximadamente entre 8 y 12 años. Estas son mis conclusiones y mis pretenciosos pronósticos.

“Es que era más divertido hacer manualidades con mis amigos porque compartíamos materiales”

Parte de la dinámica propuesta por EDUCA PERÚ es que, luego de las sesiones de lectura con los niños y niñas, se les deja una consigna creativa: elaborar un libro cartonero. Este consiste en un libro hecho a base de materiales reciclados donde ellos deben plasmar un final alternativo a cada historia. Sin embargo, en algunos casos, esto cubre un halo de desmotivación hacia el trabajo manual -que ahora se realiza en solitario- , lo cual, análogamente, se traduce en un desaliento a la lectura. Entonces, el niño concluye que, si una manualidad es aburrida de hacer ahora, leer lo es aún más.

“Miss, ¿usted tiene TikTok? Es que ahí pasa Heydi en dibujo animado y no me aburre porque es cortito”

Es descorazonador, de hecho, que la lectura no forme parte de ese compendio de actividades que los niños tienen en mente a la hora de divertirse y entretenerse. Así me pasó cuando intentaba leer con los beneficiarios un fragmento de la novela Heydi, la niña de los Alpes suizos. A pesar de que los niños tienen la capacidad de crear hasta lo imposible en su mente, ya no tienen la iniciativa de hacerlo. Es decir, en lugar de imaginar ellos mismos a una niña -su propia niña- en las montañas, prefieren reproducir el dibujo ya hecho de una animación de Disney. Lo mismo sucede con todos los clásicos infantiles de los que Disney -no a propósito- ha adaptado y tomado posesión.

“Miss, yo… yo… dije primero pero el audio se me cortó”

Y esta es la parte que me sumerge en una profunda tristeza. He tenido la oportunidad de conocer a niños maravillosos: dedicados y disciplinados. No obstante, he llegado a una conclusión que trasciende a la enseñanza virtual de cualquier materia. Se trata, pues, de que todos necesitan ahora de buenos dispositivos; ya sean audífonos, pantallas, videocámaras, y un sinfín de aparatos y servicios.

Es en este punto donde surge el gran problema, a modo de conclusión final. Antes, los niños competían y compartían en medida de quiénes eran y cómo eran. Actualmente, ya no es así: hoy compiten y comparten en torno a lo que poseen y lo que pueden ser capaces de manejar. De nuevo, ¿acaso es saludable que una buena computadora e internet se conviertan ahora lo que ellos son frente a los demás? Al parecer la solución ya no debería limitarse solo a cerrar la brecha tecnológica, y este es el camino que debemos seguir construyendo.

Pero ahora ya nadie se acuerda de “la andina y dulce Rita de junco y capulí”, porque no hay TikToks que hablen de ella…