I

Entro a la cabina a imprimir algunas lecturas. Es lunes, es temprano para la universidad. Me gana la enfermedad de estos tiempos: accedo a Facebook. Miro una foto que ha colgado mi amigo, cosa poco común en él. Está  en blanco y negro. Da agradecimientos. Me incomoda un poco, ciertamente.  Veo más y más publicaciones. Veo el post de una amiga: “¡Gracias…(…)!” Me quedo helado, mi estómago se  tensa. Mis ojos  pesan. Voy a corroborar ciertas noticias esperando que no me den el sí. Varios diarios confiables me dicen la verdad, odiada verdad. Muerto. Me entregan el resultado de la impresión, salgo rápido y descompuesto.

Cuando absorto caminaba, una mano me tocó la parte superior de la espalda . Volteo, es el poeta. Ni siquiera lo saludo. Solo atino a gritarle:

¡Ha muerto Galeano!

No reacciona él. También dolido me dice:

-¡Murió también Grass…!

Es un lunes de abril y, como quien no quiere la cosa, el trece sigue trabajando para que sobre él caigan más maldiciones. Los afectados han empezado a llamarlo el “Lunes Negro”.

II

Eduardo Galeano fallecido a los 74 años, fue periodista y escritor. Militante hombre de izquierda, conocedor visceral de la realidad latinoamericana; también sus pasos se perdieron alguna vez por Europa Oriental y Norteamérica, de los cuales habla en connotadas crónicas, en las que refiere las inventivas del teatro latinoamericano dentro de un festival artístico en Praga y, también, de las convulsiones en celebérrimos centros universitarios, asimismo del racismo llevado en la sangre en textos sobre Norteamérica. Estas crónicas son reunidas en su texto Nosotros decimos No (1989). La entrevista a Pelé, a Perón, al perseguido poeta argentino Juan Gelmán, el texto sobre el fascismo, el discurso en Chile – precisamente llamado Nosotros decimos No-, los relatos sobre la reciente revolucionada Cuba, el recuento de las vicisitudes de los mineros de alguna selva venezolana, así como su reportaje sobre la guerrilla salvadoreña con nostálgico final de ave incluida, todos  pueden encontrarse en este texto.

Además Galeano escribió “Las venas abiertas de América Latina”, con eso se volvió un mentor de los estudiantes de izquierda y un referente para los políticos de esa corriente.  El libro critica el accionar de las potencias imperialistas en nuestra región y cómo ese proceder colonialista sumió al continente en el subdesarrollo.

Con su muerte, muchos periodistas y editoriales levantaron la noticia de que Galeano, finalmente, reniega de su obra. Pero eso es ingenuo o una verdad a medias. Galeano menciona que hace un texto muy parecido a un panfleto, lo hace sin tener las preparaciones necesarias. Eso, entendido bajo el polarizado ambiente de los 70’s, no puede llevarnos a pensar, como quiere cierta prensa, que Galeano declina en sus críticas a un mundo caótico, preñado de injusticia, en las que el principal responsable, digámoslo sin ambages, es el capitalismo salvaje y sus poderes tutelares.

La intención es clara. Al momento de su muerte, se ha rescatado más el lado “menos” comprometido del escritor, es decir, su texto sobre el fútbol, El fútbol a sol y sombra. Pero incluso en este texto, el autor fustiga, como también lo hace el cronista Jorge Barraza, las lógicas economicistas en el fútbol, que le hacen perder la magia terrenal de la pelota y sus compañeros de ruta.

III

En este texto, como en otros, el autor celebra la vida, pues Galeano no solo es crítica sostenida y fundamentada como lo revela en su texto Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Antes de continuar, quisiera contar unas breves anécdotas sobre este libro.

Había llegado con los amigos a Cusco. Lo primero que hicimos esa mañana fue ir a la universidad. Frente a ella, en una bolsa de plástico azul extendida, alguien vendía libros. Me acerqué para ver de qué iban los textos, cuando vi uno de tapa roja gastadísima, aparecía el dibujo de un hombre, un arlequín barbudo que miraba al cielo con los brazos y dedos preguntados. Era, pues, Patas arriba… un libro que contiene en las partes finales, una dulce y sentida poesía, lista de pedidos exigidos para un mundo que se avecina al fin del milenio, que en internet puede encontrarse una bella edición en video. Lo compré en el acto. Entramos a la San Antonio Abad, supimos de las movidas políticas y luego le di una leída en la plaza. Lo mismo, muchos meses después, en la combi, mientras veía a niños vestidos de amarillo informando “solidariamente” sobre la importancia de la revocatoria. Era febrero del 2013.

Me despedí del libro de primeras páginas escritas con lapicero azul, libro del cual leía sus partes concertadas cada vez que la alegría se tomaba sus descansos, un día miércoles en un bar del Centro de la ciudad. Si tenía que dar un regalo, debía de dar uno grande. Y lo daba especialmente (lo di tantas veces) por esas especiales páginas que “aumentaban el alma”. Al momento de la muerte de Galeano, acaecida un par de días antes de mi cumpleaños, la receptora del regalo también sintió un golpe íntimo en su ser. A ella también le agradó Galeano.

IV

Es, regresando, Patas arriba… un texto en el cual recrimina con testimonio y con papeles, las duras penas de la vida de los nadies latinoamericanos. Es ciertamente una barbarie lo que cuenta, sobre todo los registros periodísticos de la inflexible inhumanidad de determinados poderosos magnates. Patas arriba… es también el cuento de los legítimos y menos vistos esfuerzos por ser dignos y ser felices del ser humano. Lo dice el fraseo de un músico de Colombia, que cuando los ladrones roban todo y sus conocidos lo encuentran golpeado y dolido, el golpeado y dolido les dice: “Se llevaron las mulas…”. “Y se llevaron el arpa…”. Y tomó aliento y se rió: “Pero no se llevaron la música”.

También tiene Espejos, es un conjunto de relatos en las que cuenta el encuentro de Francisco de Asís con líderes musulmanes en plena guerra de las Cruzadas, en donde cuenta también el amorío que relata la inscripción en una piedra de una monja, en donde se dice que Ali no solo volaba como una mariposa y picaba como una abeja sino que también hacía poesía. Está, por otro lado, Días y Noches de amor y guerra, texto que igualmente reúne relatos y anécdotas y en el que queda claro que Galeano no era ningún esquemático ni un ortodoxo sino un enamorado, un amante intenso de la vida, un hombre que vive, que sufre, cae, ríe y ama. Que está atento a lo que pasa a su alrededor y no tiene otro remedio que plantear esfuerzos de cambio.

V

Este es, a un mes de su partida, un pequeño recuento de las obras de este escritor que me ha acompañado en algunos momentos tildados de difíciles para mí. Un texto/homenaje para él, por lo que me ha dado, por las semillas que lanzó, y por cómo me sigue acompañando en la vida.

Dejo, para que vean que no todo es solemnidad, unas palabras que agradezco de manera constante.

“(…) la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo (…)”.