El Congreso de la República ya no sorprende, pero sigue haciendo noticias. Como (casi) siempre, son malas.

El actual periodo legislativo ha generado revuelo de múltiples formas. Desde los procesos de vacancia al expresidente Kuczynski, hasta los degradantes audios del caso Lava Juez. La corrupción de múltiples de sus miembros, como Héctor Becerril o Mauricio Mulder, fue evidenciada bajo el epíteto de “hermanito”. A su vez, los “mamani-videos” fungieron de “flashback” de las peores épocas del fujimontesinismo.

Asimismo, y aún más lamentable, los padres de la patria no solo han sido expuestos cometiendo actos de corrupción. Ha habido hasta tres casos de presunto acoso sexual. Por algún lado u otro, la gran mayoría se ve envuelta en delitos importantes.

De “la mano zas” al “masaje asqueroso”

El 12 de noviembre del 2018, el congresista Moisés Mamani (FP) fue obligado a desembarcar de un vuelo Juliaca-Lima de la compañía Latam. El capitán de cabina ordenó que sea retirado a raíz de la acusación de tocamientos indebidos por parte de Lana Campos, aeromoza de la compañía.

Mamani negó los hechos y se excusó utilizando su enfermedad (diabetes) como coartada, esta le habría producido unos movimientos “poco comunes”. La tripulante tuvo “mala suerte” al pasar por ese lugar en ese momento. El 4 de diciembre del 2018, la comisión de ética del Congreso lo suspende por 120 días.

 Poco antes de cumplirse un mes de la sanción, Mamani grabó un video de saludo de Año Nuevo junto a un amigo suyo. En él se burlaba de los tocamientos indebidos con su tristemente célebre frase “con la mano zas”. La indignación que provocó en la sociedad como la sanción que desencadenó  en el Congreso pocos estragos le causaron. La burla contra la acosada imperó.

Por otro lado, se produjo un caso de acoso entre congresistas, denunciado por la parlamentaria Paloma Noceda (AP) durante el debate de sanción contra el congresista Mamani. La congresista contó la pésima experiencia que le hizo pasar su colega Luis López Vilela (FP).

Según relata Noceda, el sujeto se acercó a ella de espaldas y comenzó una suerte de “masaje asqueroso”, como detalló ella misma. Con 44 votos contra 40, López Vilela fue suspendido por 120 días.

Estos casos igual de fuertes que indignantes no han pasado desapercibidos. Las sanciones preliminares fueron aplicadas. Sin embargo, los congresistas no han aprendido más que a seguir dando excusas y evadir sus responsabilidades.

Esta semana Yonhy Lescano, de Acción Popular, no solo ha estado en el ojo de la tormenta por las recientes acusaciones de acoso, sino que dio cátedra en el arte de dar excusas.

Lescano contra el mundo

Con 17 años de experiencia en el legislativo, el congresista Lescano Ancieta es una figura protagónica con frecuencia. Se caracteriza por emprender la lucha contra los políticos vinculados en corrupción. Se ha desarrollado con un discurso “moralizador”. Múltiples analistas lo catalogan de “populista” sin hacer alusión a su afiliación partidaria. Nunca ocultó sus aspiraciones presidenciales.

El viernes primero de marzo de 2018, salieron a la luz capturas de pantalla de conversaciones suyas con una periodista que prefiere mantenerse en el anonimato. Frases como “cómo va esa delantera?” o “¿Ya en la camita desnudita?” fueron enviadas desde su teléfono hacia la periodista.

La defensa de Lescano deja mucho que desear tras la revelación de las imágenes. Afirmó: “Yo no necesito acosar porque tengo esposa e hijos”. Bueno fuera que ningún hombre casado acosara por simplemente el hecho de haber consumado matrimonio y procrear.

Pero su alegato no termina ahí. El congresista echó la culpa a su personal de seguridad, Herbert Salazar Valencia y José Sánchez Esquives. Lescano afirmó que les confía su teléfono por horas y que, probablemente, ellos están detrás de los mensajes lascivos.

Los oficiales de la policía imputados desacreditan esta versión.

A la vez de presentar estos pseudo-argumentos, el acciopopulista quiso desviar la atención del problema acudiendo al falaz argumento de la conspiración. Para el parlamentario, sus rivales políticos de Fuerza Popular y el APRA son los culpables de estos acontecimientos, como si el contenido hubiese sido enviado desde cualquier otro celular y no el suyo.

La culpa del delito no está comprobada, pero el acoso sí existe.

Como dijimos al inicio, este último caso ya no sorprende. Sigue siendo noticia porque es uno más, pero no cualquiera. La diferencia entre Yonhy Lescano con los demás congresistas es que este nunca se vio inmiscuido en una acusación de corrupción. Todo lo contrario, quería representar una opción transparente a las malas prácticas. Deplorablemente, el delito no le es esquivo y la transparencia tampoco es cercana.

Esperemos que este sea un caso de “a la tercera va la vencida” y que estos “padres de la patria” no vuelvan a acosar a periodistas, colegas ni aeromozas.

Esperemos, también, sea un ejemplo para el ciudadano de a pie que piense que absolutamente nadie merece ser víctima de acoso y mucho menos las mujeres que ya bastante tienen con una sociedad inclinada en su contra.

Esperemos, pues, porque, aparentemente, no hay nada más que se pueda hacer.