El crimen

Engañada, drogada, golpeada y ahorcada. Así enterraron a Ruth Thalía Sayas dentro de un silo en el sector Viñas de Media Luna, en Jicamarca. Su padre encontró el cuerpo impregnado de sangre reseca rodeado de cámaras y micrófonos. Grabaron su impresión, desesperación, llanto y sollozo.

Más de seis años han pasado desde que esta trágica historia se desenvolvió ante los ojos de los televidentes peruanos. Hoy, el sufrimiento de esta familia pasa prácticamente desapercibido.

El crimen carburó desde los sets del programa de televisión “El Valor de la Verdad”.

Era julio de 2012 y el programa hacía su debut con Ruth Thalía Sayas como la primera invitada. Ahí, ella expuso su vida y sus errores más polémicos para ganar la suma de 15 000 soles.

Brayan Romero, ex enamorado de la joven, era uno de los tres invitados de la concursante que se requerían el set. Según explicó ante la PNP, la relación había acabado poco antes de la emisión del programa, pero Ruth le había ofrecido 10% del premio.

Permaneció callado estando al aire.

Bajo la conducción de Beto Ortiz, Ruth reveló que le fue infiel múltiples veces, que trabajaba en un night club a espaldas de todos, que ya no lo quería.

Dos semanas después, el 22 de setiembre de 2012, Bryan confesó haber asesinado a Ruth Thalía.

La reacción del programa

La muerte de Ruth Thalía fue primicia en casi todos los canales de televisión abierta, menos en Frecuencia Latina, canal por el que se trasmitía “El Valor de la Verdad”. No sería sino días después de la confesión de Romero que Ortiz se pronunciaría al respecto.

Dedicó a la noticia cinco minutos en el noticiero matutino que dirigía por esos años, ¡cinco minutos! Después, se limitó a excusarse y negó tener responsabilidad moral en el crimen. Pasó media hora más despotricando contra “la mala prensa” y los otros canales que se “aprovechan” de la desgracia ajena.

 Su actitud fue más que insensible durante las declaraciones. No se notó ni un ápice de culpabilidad ni un sentimiento encontrado. Utilizó el argumento de la lucha contra el machismo de manera engañoza.

El programa siguió con uno de los índices más altos de rating por cuatro temporadas. El recuerdo de Ruth Thalía se desvaneció tras declaraciones de invitados famosos tanto de farándula como de política.

Finalmente, en octubre de 2016, “El Valor de la Verdad” transmite su último episodio y se cancela, según Ortiz, por cansancio personal.

El regreso de “El Valor de la Verdad”: otorongo no come a otorongo

La frase “otorongo no come a otorongo” se utiliza para calificar los “blindajes” entre congresistas de diferentes bancadas. Para efectos de este editorial, queremos trasladar el concepto a lo sucedido el sábado 16 de febrero, día del regreso del programa al aire, el cual consideramos que sirvió como espacio para limpiar la imagen del invitado tras escándalos que lo involucraban. Es válido recalcar que tanto Beto Ortiz, conductor del programa, como Nicola Porcella, invitado, tienen serias acusaciones de delitos graves.  

Por un lado, tenemos a Beto Ortiz como protagonista del infame caso de violación a menores en los noventas.

Entre 1993 y 1995, Ortiz realiza una serie reportajes sobre los niños de la Casa-Hogar Generación, un albergue para niños abandonados.  En el trajín de las numerosas grabaciones, el periodista los invitaba a comer y les regalaba ropa.

Según testimonios de los mismos damnificados y Lucy Borja Flores, directora de la casa-hogar, Ortiz incurría en el abuso sexual de menores aprovechándose del agasajo que les brindaba. La institución presentó denuncias contra el conocido periodista. ¿Su respuesta? Un reportaje en el que difamó la labor de los voluntarios y de los menores habitantes de ella. El caso se archivó dejando al acusado absuelto.

Por otro lado, Nicola Porcella se encuentra atravesando un escándalo no poco importante.

El 26 de enero de 2019, la modelo argentina Poly Ávila y Porcella asistieron a una fiesta en el distrito de Asia. Durante el festejo, Ávila consumió alcohol y carne de res. Poco después, se sintió muy mareada, casi por desmayarse, y con naúseas. Decidió llamar a André Castañeda, confidente y ex saliente, quien la llevó a la clínica. El examen toxicológico confirma anfetaminas en la sangre de la modelo.

A su vez, en 2015 se filtró un audio en que Angie Arizaga, ex de Nicola Porcella, comentaba sobre los maltratos físicos y psicológicos que este le infringía.  El “chico reality” confirmó las afirmaciones detalladas en los audios. Es decir, un confeso maltratador.

El programa del pasado sábado sirvió para limpiar a Porcella de polvo y paja. Bajo el velo falaz del polígrafo, este pudo esquivar las imputaciones de lo ocurrido en Asia. Y no solo eso, sino que las preguntas hechas por Ortiz estaban perfectamente direccionadas a la victimización del entrevistado. Claramente, el tema del programa fue el calvario de Porcella de padecer enfermedades psiquiátricas. No se ciñó a comprobar la “verdad”.

Lamentablemente, nos encontramos ante un vulgar caso de “acusado de abuso contra menores no come a maltratador de mujeres”. Los colegas en la farándula televisiva realizaron su coartada perfecta. “El Valor de la Verdad” vuelve a demostrar que valores no tiene. Si el feminicidio de la joven Ruth Thalía no les importó, tampoco lo hizo el proceso que la modelo Poly Ávila debe seguir para encontrar la justicia.

Un caso más en el que los maltratadores y abusadores viven en la impunidad y se protegen entre ellos. Otro caso más en el que un periodista malversa su poder informativo para beneficiar a los malhechores.

¿Hasta cuándo?