Escribe Claudia Silva

 

Lo que sucedió el día 25 de setiembre del 2014 será recordado por todos los presentes como el día en el que alumnos de la PUCP validaron el estado de naturaleza hobbsiano, en el que los más fuertes primaron sobre los débiles, este día fue “El día del  pudín gratis”.

Dieron las 12 p.m. y me dirigí apresuradamente al comedor de Letras, ya que se me había encargado la tarea de documentar el proceso que se llevaría a cabo y escoltar al anfitrión para ser entrevistado en Zona PUCP, radio en la que se encontraba el staff de Letras al Mango.

Al llegar me encontré con una cola muy extensa para ser solo 60 personas las que gozarían del premio. Algunos de los que la conformaban habían tomado el mando y dispusieron el orden de la fila, tenían planeado el lugar donde “el chico del pudín” repartiría la mercancía y quienes serían los primeros en obtener tal tesoro. Sin embargo, esta utopía se desvaneció en unos segundos al aparecer el anfitrión. Todos corrieron hacia él intentando obtener los dichosos tickets ganadores.

Como si de un millón de dólares se tratara, la multitud se aglomero recurriendo al estado más salvaje en el que se podrían encontrar. “El chico del pudín” se vio obligado a subirse en una de las mesas al verse rodeado por los estudiantes quienes se empujaban unos a otros y reclamaban su derecho a gozar del dulce manjar de los dioses.

Se repartieron los tickets no tan ordenadamente como se esperaba; al otro extremo del comedor se empezó a formar una cola de las personas que ya habían obtenido los tickets. A continuación, el equipo que acompañaba al “chico del pudín” procedió a abrir los tapers y acomodar los platitos para repartir el tesoro a las personas.

Por desgracia, el desorden llevado a cabo por los amantes del pudín metieron en problemas a una persona que solo quería entregarles un dulce presente. Llegaron los sheriffs y estaban en contra de que el pudín sea repartido a las demás personas, quienes habían esperado mucho. Luego del diálogo llevado a cabo entre “el chico del pudín” y las autoridades, se prohibió el reparto del pudín dentro del campus. Por ello, “el chico del pudín”, se vio obligado a salir de la PUCP junto con su séquito para poder realizar la repartición.

Al salir, se formó una cola ordenada gracias al equipo de reparto. Fue un éxito. Los transeúntes se acercaban curiosos, preguntaban el precio del pudín, pero “el chico del pudín” rechazaba las ofertas argumentando que era un regalo y que solo aquellos que poseían los tickets ganadores podían disfrutar de ese privilegio. Eran más de las 12:30 p.m. y había olvidado por completo la entrevista que debía ser realizada en Zona PUCP, por lo cual la entrevista se desarrolló vía enlace telefónico.

Pronto se fueron acabando las porciones de pudín. Y una vez terminado el pudín destinado al sorteo, “el chico del pudin” procedió a sacar desde el fondo de su maleta un taper de pudín destinado a las personas que lo habían ayudado. Pude disfrutar del manjar y debo admitir que estaba delicioso.

Este fue un día para recordar y me alegra haber conocido al “chico del pudín”. Fue lamentable el comportamiento inicial de los estudiantes al meter en problemas al benefactor del pudín y, al mismo tiempo, el comportamiento de las autoridades quienes culparon al “chico del pudín”, quien tuvo como único error regalar pudín y dar felicidad a muchas personas. “El chico del pudín” jamás se esperó la acogida que tendrían sus postres ni mucho menos la satisfacción de obtener un reconocimiento por parte de los consumidores. Definitivamente hoy es un día que no olvidare fácilmente. Espero con ansias el próximo “Día del pudin gratis”. Te queremos chico del pudín, vuelve pronto.

  • Timoty

    Esa redacción deja mucho que desear u.u

  • Roberto

    Para los debiluchos que no pudimos probar del “dulce manjar de los dioses” gratuitamente, qué días podemos encontrar el pudín en venta?