He estado casi todo el día intentando escribir el artículo para esta semana que, dicho sea de paso, ha llegado tarde. Ya tenía pensado  el tema del que quería hablarles, pero mis emociones me jugaron en contra y terminé escribiendo otro artículo con una temática totalmente diferente a la que pensaba: el amor propio.

¿Cómo ocurrió esto? Pues, he pasado casi la mitad del ciclo universitario cargando bolsas de mierda sobre mi espalda hasta el punto de haber olvidado cómo era antes. Había sentenciado a muerte a esos hoyuelos que decoraban mis mejillas cada vez que sonreía. Había dejado de hacer las cosas que me apasionaban y si lo hacía, la chispa que antes recorría mi cuerpo estaba ausente. Seguramente se suicidó en el camino, donde yo poco a poco me fui perdiendo. Cuando me internaron por segunda vez en un hospital, pude recién comprender que no me gustaba ver pasar mi vida así de rápido.

Decidí empezar de nuevo, intentando usar un nuevo rito apoyado por mi psicóloga. ¿Quieres saber cuál? ¡Presta atención! Si también te encuentras en un profundo hoyo negro y aún te queda un poco de voluntad para continuar, coge un papel y un lapicero, escribe lo que te gustaría que te dijeran para tomar el coraje y salir con fuerza a luchar en este caótico mundo. No dependas de otro. ¡Hazlo tú! Escríbete a ti mismo(a). Quizás, al inicio, sea difícil, pero no es imposible. ¡Inténtalo!

¿Ya lo tienes? Pues bien, haz lo propio. Léelo pausadamente, repasa cada oración que te dedicas y luego quémalo. Puede parecer loco, pero, créeme, ayuda un montón para alguien que tiene semanas sensibles y se sienta solo(a) diariamente. Se sabe que escribir es una opción sana que ayuda a liberar la carga que lleva. Casi siempre ha funcionado como drenajes para soltar emociones. ¿Y por qué quemarla? Bueno, el simbolismo que guarda el fuego ayuda en este proceso: es un elemento purificador. No solo existe la opción de quemarla, claro está, también puedes guardarla, enterrarla o tirarla al mar. En lo particular, amo el mar, pero en la actualidad carezco de tiempo para poder darme el lujo de visitarlo. Por ello, este punto queda descartado. La opción de enterrar no está dentro de mis alternativas, pero si en la tuya sí, ¡adelante!

En mi caso, yo guardé mi carta. De hecho, anhelaba quemarla, pero luego pensé en esas amistades que casi nunca pueden liberar sus emociones porque el arte de escribir no los invade por más que intenten. Estoy segura de que no son pocos, por ello decidí quedarme con mi carta para después compartirla con ellos en algún momento. Ahora que cuento con un pequeño espacio dentro de Letras al Mango, que dicho sea de paso es como mi diario digital, me ha dado la oportunidad de hacer realidad los dos deseos que tengo: guardar el contenido de la carta para compartirlo con personas que no pueden realizar dicha actividad y necesitan de unas palabras motivadoras para seguir, y, a la vez, quemarla para terminar de purificarme.

Espero que esta técnica te sirva tanto como a mí. Recuerda no dejar pasar tu vida como si de un juego de casino se tratara. ¡Mucha suerte! Aquí te dejo la mía.

 

Desde el visor de un cronopio

Tranquila, respira. Ha llegado el momento de que una luna desnuda hable de tus crímenes. En una taza de café te ha traído todas tus batallas perdidas y ganadas. La noche tembló con el primer sorbo de tus mareas. Sangró tu boca y se abrió la herida.

La luna ha empezado a brillar. Aprovechando su resplandor, ha decidido fumarse lo último que quedaba de tu ser. Conduciéndote al infierno con una copa rota, empezará su discurso con las siguientes palabras:

Pórtate bien. Deja de robar juramentos sin permiso. Deja de ser silencio. Deja de ser la niña vieja que no hace rimar sus lunares, aquella adolescente que no puede dejar de crecer. Algún día dejarás de ir a esos bares, aquellos que te encierran en una celda emocional. Nena, nada es fácil en esta vida. En algunas ocasiones, debes dejar de correr. Abrir las cortinas de tus museos para que así puedas encontrar un mundo dónde tú más tú sumen Buena vida.

Vamos, deja de ser esquiva. Cura tus alergias del pasado. Comienza a saldar deseos, aquellos que salten de tu boca y destrozan toda cordura. Aprende del nuevo concepto del amor: ascender y descender en las metas de la vida es poesía pura, tu diario de vida. No olvides que el amor se debe forjar primero en tu tierra. En primer lugar estás tú. Después, nuevamente tú. Finalmente, otra vez tú. Si tienes en cuenta estas consideraciones, pasemos al segundo paso.

Imagínate. Imagina que dibujas la hermosura inalcanzable en tu espalda. No seas cruel contigo. Sigue imaginando. Cierra los ojos. Respira. Uno, dos, tres. Vuelve a imaginar. Imagina que tu esclavitud se convierte en la magia que te liberará. No llores, mi niña valiente. ¡Despierta! Entiende que las decepciones, las caídas, los tropiezos y los baches no destruyen las palabras ni las acciones que piensas y debes realizar para llegar a tu objetivo final. Haz temblar todas las noches oscuras que no te dejan estar en paz. Intenta. Entrégate. Sé que duele pararse después de pisar tantas promesas rotas e incumplidas; pero, querida, el corazón es un alumno ilimitado que siempre aprende de las costuras rotas. No te enamores de la culpa. No busques una silueta de pecado que te quiebren en dos. No te eches a correr cuando aún no has aprendido a andar. No sigas teorías. Busca nuevos mundos. Nuevas miradas que pinten de colores tu porvenir.

Casi estás lista para aprender a andar en el mundo enfermo del que provienes. Octubre está dando sus últimos respiros al ver que el fin de año se acerca con un nuevo amanecer. Niña, deja de joder un rato. Entiende que el amor no es un simple concepto o conjunto de leyes o normas que solo se centra en una pareja, sino que es todo lo contrario y también puede hallarse en uno mismo. Quiérete tanto, tanto, que tal vez, te asuste tu querer y termines escribiendo una historia que mate de amor a todos los poetas del mundo con solo leerte. Llena cada rincón incompleto que deja  V  A  C  Í  O. Sentencia todas las dudas que deja soledad cuando se empotra en cada cuerpo. Y sal… ¡sal a vivir!

Recuerda que lo que te acabo de decir ya lo sabías, solo lo habías olvidado. Si aún no lo puedes creer. Paciencia. Ya lo irás entendiendo.