Han pasado dos semanas desde que comenzaron las clases en la PUCP. Desde que estoy en Letras al Mango como redactora, me he enfocado, en la medida de lo posible, en dar consejos a las personas para que puedan sentirse mejor o que integren nuevos hábitos a su vida.

Este ciclo, todo ha sido diferente. Desde el primer día, sentí que este año no iba a ser como los anteriores, al menos así lo veo yo.

El 18 de marzo, primer día de clases, solo tenía una clase, lo cual me dio tiempo de reencontrarme con amistades, volver despacio a la rutina universitaria, entre otras cosas personales.

Ese día pude sacar mis lecturas con calma, empezar a organizarme, hacer mi plan de acción, decidir la mejor técnica para que me vaya bien, etc. Anoté algunos bocetos o temas que tengo pensado escribir más adelante y, mientras caminaba por el tontódromo hacia mi trabajo, ver a los cachimbos temerosos, buscando a dónde ir, a personas que se abrazaban por reencontrarse, parejas que iban de la mano, solo podía pensar en una cosa: “Sí, este es mi lugar feliz”. Estar en la universidad es como estar en una montaña rusa que pareciera que no tiene fin.

Al pasar los días, volvían esas sensaciones de adrenalina, ganas de no querer rendirte, intentar estar al día en todo y mantenerte así todo el ciclo. A pesar de que muchos puedan pensar que, debido a los artículos que hago, soy una persona que tiene toda su vida universitaria A1, soy una persona así como tú, que vive aprendiendo con el paso de los días. Hay veces en las que no sigo mis propios consejos; sin embargo, analizo y me doy cuenta de que lo que debo hacer es tomar una ligera pausa y darme cuenta de mis errores para volver a avanzar.

Con dos semanas, siento que este ciclo es diferente porque estoy decidida a ser mejor que ayer todos los días. Es diferente porque comencé sin prisas, sin buscar ser la número uno, sino, por el contrario, escalar de a pocos y superarme en todos los ámbitos que pueda.

Hay días en los que almuerzo con alguna amiga y converso sobre temas que no tienen nada que ver con la universidad, sobre algún chisme o sobre nuestros dilemas. Además, desde este año comencé a guardarme mis proyectos para mí y quizá las personas más, pero más cercanas. Trato de no explotar y contarle a todos cuando se me ocurre algo, por ahí dicen que mientras menos personas sepan tus sueños/metas, más probable es que se haga realidad.

Otro punto importante este año es que decidí reinventarme, no guardo rencores o resentimientos: si alguna vez tuve un problema con alguien, lo dejé atrás. Si puedo ayudar a alguien con lo que tengo, lo haré. Si puedo conocer a personas que me aporten algo que me saque de mi zona de confort, lo aceptaré.

El 2019 es un año de cambios drásticos en la vida de muchos, un año de oportunidades grandes, de esas que las tienes que tomar sí o sí para que todo mejore.

Todos deberíamos estar dispuestos a aceptar los retos de este nuevo año. Dispuestos a afrontar las adversidades que se nos van a presentar y tener la fuerza para levantarnos, porque sí, vamos a caer una y otra vez para ser quienes queremos ser.

Gracias a todas las personas que siguen estando conmigo en esta nueva versión de mí. Así como yo, todos llegamos a un punto en el que, sin querer, cambiamos. Y todos los cambios son positivos si los hacemos con los pies en la tierra. Está bueno soñar mientras no dejemos que el sueño nos consuma.