“Amanda (Maria Valverde) y su hija Nina, están de vacaciones a las afueras de algún lugar en Argentina. En su primer día, conocen a su vecina, Carola (Dolores Fonzi), con quien desarrollan una amistad. David (Emilio Vodanovich), el hijo de su nueva amiga, conversa con Amanda, mientras se muestra en pantalla los recuerdos de este viaje. Este le ordena que debió haberle dado importancia a los detalles de sus acciones pasadas, las cuales determinan un futuro que ya está ocurriendo.”

Adaptada de la obra del mismo nombre, “Distancia de rescate” vio la luz en la plataforma de Netflix bajo la dirección de la cineasta peruana, Claudia Llosa, convirtiéndose en uno de sus más esperados trabajos desde su último proyecto estrenado en el año 2014. Fue un gran reto para ella, ya que el texto homónimo, escrito por la argentina Samanta Schwelbin, recibió, en su mayoría, críticas positivas de los expertos, siendo calificada como “hipnotizante”. Ganó, además, premios como el Tigre Juan y Shirley Jackson. La particular mirada de Llosa, así como su experiencia y familiaridad con los conceptos y espíritu de la novela, son motivos por los que era la más indicada para contar este relato.

La película trata un tema sensible para el público: la maternidad y los temores alrededor de esta. Específicamente, el miedo a la pérdida, puesto que una madre está dispuesta a hacer lo que sea para ayudar a sus hijos en afán de evitar un trágico final. Esta noción persigue a Carola y Amanda en diferentes momentos de la trama. Se puede decir que ambas, como madres, se encuentran en dos puntos opuestos de un mismo puente (Carola ya lo cruzó y Amanda todavía está en el punto inicial). De este modo, se retrata una atmósfera de angustia, suspenso e, inclusive, misticismo de la que no tenemos conocimiento. Su relación, que empieza como una amistad con una bonita complicidad, termina debilitándose debido a la incertidumbre que habita en el ambiente. Dolores Fonzi es quien más me conmovió, pues transmite dolor y cansancio con tan solo la mirada. 

El personaje de David es uno de los más grandes enigmas de la cinta. Es presentado por su madre y no parece ser muy influyente cuando está frente a la pantalla, pero escuchamos que mantiene una conversación con Amanda durante toda la película a través de una voz en off. Él repite constantemente la importancia de los “detalles” y utiliza metáforas, por lo que sus palabras resultan reveladoras si prestamos atención. Nuestra curiosidad sobre David incrementa gracias a estos recursos. Su presencia se torna valiosa, aún así parece asustarnos con sus actitudes, que parecen ferales. 

Los primeros minutos son fuertes y cautivadores. Nos preguntamos ¿qué está pasando y por qué?, pues vemos lo que sería el final para luego regresar al pasado. El film mantiene un ritmo que va entre tiempos y que ocurre durante momentos claves de la historia. Llosa controla lo que te muestra para mantenerte al borde del asiento por la tensión. Sin embargo, se sentía lento, puesto que resulto muy complicado intentar armar este rompecabezas lleno de aspectos que no parecían encajar. Tal vez, esta es la intención principal, dado que estamos viendo la historia desde el punto de vista de Amanda, pero no funcionó para mí. La falta de claridad de la información que se nos da generó que el final sea insatisfactorio. Considero que no le hace justicia al concepto que viene manejando.

Quien escribe este artículo no ha leído el libro, por lo tanto, no sería apropiado realizar comparaciones o criticarlo. No obstante, la considero como una excelente y compleja propuesta cinematográfica. Llosa comentó que pudo visualizarla como una película poco antes de terminar de leerlo. La maternidad posee una infinidad de matices que se pueden abordar, pero en este caso no logró completamente su cometido en el lenguaje visual.