A la fecha de la publicación de este artículo, nos encontramos a un mes de celebrar las Elecciones Generales para elegir a un nuevo presidente, congreso y miembros del Parlamento Andino. No obstante, nos encontramos ante una situación peculiar y de la cual no se tiene un precedente exacto en la historia contemporánea: una fuerte, polarizada, y preocupante división política que no permite poder dilucidar una predicción clara para el 11 de abril. Pese a que de por sí es complejo poder averiguar cual es el candidato que tiene mejores posibilidades de ocupar el sillón presidencial, o al menos intentar predecir cuales pueden pasar a segunda vuelta, ahora es más complejo aún por la escasez de decisión entre la población y la falta de un candidato con un fuerte voto mayoritario. En las recientes fechas, tanto Datum como el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) han colocado a Yohny Lescano en el primer puesto, pero en ninguna de las dos encuestas ha sobrepasado el 15% de votos por lo que, dado el margen de error, es altamente probable que la ventaja que tenga sobre los demás candidatos realmente no sea mucha. Tras él, se encuentran candidatos como George Forsyth, Rafael Lopez-Aliaga, Verónika Mendoza y Keiko Fujimori; dicho sea de paso, ninguno de ellos ha sobrepasado el 10% de votos y la mayor parte de ellos se encuentra estancado en su porcentaje a excepción de Forsyth y Lopez-Aliaga que reportan un descenso y un ascenso respectivamente. Muy por detrás se encuentran Hernando de Soto y Daniel Urresti. Este último tiene menos posibilidades de ascender a causa de sus graves controversias judiciales y los cuestionamientos que se le vienen haciendo al líder de su partido, pero de Soto tampoco queda lejos en el posible descenso, ya que tras apoyar públicamente a Rafael Lopez-Aliaga, ha perdido una fuerte cantidad del voto liberal. Típicamente, se suele decir a estas alturas que nada está dicho, ya que el panorama es variable y no se sabe hasta qué punto puede que el contexto político se preste para un destape o una nueva tacha que peligre la continuidad de algún candidato. Sin embargo, ahora aparte de decir que nada está dicho, también podemos extraer una conclusión: estamos ad portas de iniciar una de las campañas electorales más feroces y hostiles para lograr definir al gran porcentaje del voto indeciso. Empieza la lucha de sangre por conseguir una ventaja clara.

Lo último mencionado lo he podido concluir a partir de un repaso rápido a las declaraciones públicas de los candidatos y su actitud respecto a ciertos temas ciertamente suena pesimista, pero no puede decirse que se encuentra alejado de la realidad, ya que cada vez vemos candidatos con políticas y opiniones más claras en aras de ganarse a un porcentaje de un nuevo electorado al que buscan apuntar. Los primeros meses del 2021 sirvieron para que cada candidato pueda convencer a quien tiene que convencer, ahora tienen que salir de ese nicho para conquistar nuevos terrenos a como dé lugar. Ello ha dado pie a movimientos riesgosos como el de Hernando de Soto, donde fue a apoyar a Rafael Lopez-Aliaga ante la posible tacha del JNE con el fin de que, en caso RLA sea excluido, él poder ganar el voto de esta sección. Sin embargo, como todo movimiento riesgoso tiene posibilidades de tener un resultado negativo y en este caso sí sucedió, ya que su ex-aliado permanece en carrera. Además, también se ha visto una nueva faceta de Julio Guzmán, candidato a la presidencia por el Partido Morado, donde se le ve mucho más alejado del centro que tanto aclama y tanto vende ante el público para apegarse más a una derecha con tintes liberales al declarar que la izquierda necesita pasar por violencia para fortalecerse. Esta nueva faceta puede que no sea un intento por conquistar un nuevo electorado, sino para recuperar el electorado que viene perdiendo en cantidades desde el 2020 y que se encuentra migrando a candidatos que prioricen los derechos sociales como Verónika Mendoza o que tengan un mayor interés en el libre mercado como Hernando de Soto. Por otro lado, Yohny Lescano ahora viene centrando la mayor parte de su campaña en el sur del país, en la búsqueda de consolidarse como un candidato verdaderamente sólido en esta región para concentrar varios millones de votantes. Al ver la actitud de los demás candidatos, se puede detectar una clara tendencia que los clasifica en dos grupos: aún no inician la llamada “guerra sucia” electoral, o siempre estuvieron en ella. Candidatos como Keiko Fujimori, Rafael Lopez-Aliaga y Daniel Urresti siempre han optado por la confrontación directa a grupos específicos con el fin de ganar automáticamente al electorado que también está en contra de dichos grupos. Esta técnica de confrontación se distingue por una constante difusión de información seleccionada a conveniencia para intentar señalar una narrativa y así deslegitimar a la contraparte, o por medio de discursos que siempre se centran en señalar un enemigo a pesar de que este enemigo no tenga la fuerza que se dice que tiene. Pese a que parece que es una estrategia verdaderamente eficaz, es demasiado limitada y puede llegar a jugarle en contra al candidato que la emplee en esta época, ya que a partir de ahora no tienen más herramientas para intentar levantarse en las encuestas durante las semanas definitivas porque el material de confrontación es limitado. Es posible que más adelante se cambie el mensaje que intentan transmitir, pero aún es muy pronto como para poder distinguir qué candidatos van a optar por esa opción y cómo lo harán, ya que solo queda un mes para que dé inicio el proceso electoral.

Por otro lado, hay candidatos que no tienen un bajo porcentaje de votos, pero que están cometiendo errores garrafales que ya los han perjudicado durante la construcción de su campaña y puede que sean su talón de aquiles en estos momentos, donde su campaña debe ser lo suficientemente fuerte como para poder tolerar los ataques que van a iniciar durante las siguientes semanas. Los candidatos son George Forsyth y Verónika Mendoza, y si bien realmente no tienen afinidad ideológica o cercanía más allá del ámbito político, ambos tienen un problema muy grande en común: sus candidaturas son extremadamente débiles y serán las primeras en caer una vez inicien los ataques frontales en abril, si es que los candidatos que viven en “guerra sucia” perpetua no caen antes. Por un lado, George Forsyth tiene un serio problema, el cual desambigua su alto porcentaje inicial, ya que este emergió a partir de su gestión en La Victoria y la percepción que la población tiene de él por su labor al luchar contra el crimen organizado en dicho distrito. No obstante, él no pudo defender y aumentar ese porcentaje con méritos propios o declaraciones realizadas ad portas de iniciar la campaña presidencial, e incluso su fama inicial se fue desmoronando lentamente ante su desaparición mediática y declaraciones mediocres donde no parece tomarse en serio que es un candidato a la presidencia. A un mes de iniciar los comicios, es importante hacerle recordar que cualquier candidato puede sobrepasarlo con una apropiada campaña de marketing e ideas más sólidas, ya que él no es la figura inalcanzable que supera el 15% de intención de voto en 2020, sino que sus recientes declaraciones lo retratan como un novato sin experiencia política que aspira a un cargo que lamentablemente le queda demasiado grande. Por el lado de Verónika Mendoza, se puede denotar una campaña bastante pobre que no se ha podido defender de todo el escarmiento que dejan los demás candidatos de derecha a este único partido significativo de izquierda. Además, gracias al débil acercamiento que han tenido en zonas críticas donde se encuentran los principales nichos de posibles votantes, como el sur del país, su porcentaje de voto se ha estancado y no solo está limitado su esparcimiento en el territorio nacional, sino que también se está viendo duramente afectada por el ascenso de Lescano en un área que solía ser su principal nicho. A un mes de iniciar los comicios, es complejo que ambos candidatos puedan remediar estas situaciones en miras a siquiera pasar a segunda vuelta. Ahora, la segunda vuelta también es una cuestión a tomar en cuenta, puesto que expertos han afirmado que es posible ver la victoria de algún candidato en primera vuelta si es que las tendencias se mantienen como están. Lo cierto es que la política es variable y en todo momento está la posibilidad de que se voltean los papeles dentro de las encuestas, por lo que mantener las tendencias es altamente improbable. No obstante, ello no significa que puede que la situación se agudice, ya que aún queda espacio para que la tacha o renuncia de cierto candidato haga que los votos del mismo migren hacia otro candidato, y así se dé un fortalecimiento de cierto candidato a semanas del 11 de Abril. A continuación, se va a discutir acerca de lo que se espera para el mes de marzo en materia de campaña política y hasta qué punto se viene observando un voto dividido que, de ser manipulado de cierta forma, puede ocasionar que un candidato gane en primera vuelta o puede desembocar en una segunda vuelta tan hostil que no tendría precedentes en la historia republicana.

Con los recientes debates, exposición pública de ideas de los candidatos, y movimientos políticos como el apoyo de De Soto a Lopez-Aliaga y la risa de Lescano ante la mención de Inti y Bryan, se puede definir que estamos ad portas de la verdadera guerra sin cuartel donde todos los candidatos van a disputarse voto por voto para intentar apelar a la mayor cantidad del electorado, especialmente aquel que no se decide. Aquí vamos a empezar a ver las típicas actitudes de partidos “atrápalo-todo”, los cuales intentan apelar a la mayor cantidad de sectores posibles así sean contradictorios entre sí. El día de ayer, 09 de marzo del 2021, se dio evidencia de ello cuando Hernando de Soto afirmó ser conservador, socialista, liberal, católico y estar a favor de la unión civil simultáneamente. Para cualquier entendido en ciencias sociales, es una contradicción gigante que puede hundir la orientación ideológica del candidato, pero es una jugada ideada por su equipo de marketing para poder apelar simultáneamente a varios sectores y buscar el voto entre ellos. Tienen muy en claro que el tiempo es corto y el voto indeciso es amplio, se le tiene que buscar y captar a como dé lugar. Lo mismo se está viendo con Verónika Mendoza, donde ella abandona la imagen que proyectó en 2016 cuando apoyó a PPK y ahora lo ataca públicamente en aras de distanciarse lo más posible de la derecha sin alejarse de la izquierda liberal, pero con el fin de intentar atraer a sectores de una izquierda más radical. Dicha estrategia difícilmente podría ser aplicada por candidatos como Keiko Fujimori y Rafael Lopez-Aliaga, porque sus nichos de por sí son tan cerrados que no podría ser admisible una alineación a otro, como el de Hernando de Soto que suele ser más amplio. Existe un amplio margen de voto indeciso, y si los candidatos juegan sus fichas inteligentemente, puede darse el caso de que alguno de ellos pueda ganar en primera vuelta al tener un amplio margen de ventaja, o al menos poder llegar a una segunda vuelta donde las posiciones serán extremadamente hostiles ya que veremos a candidatos por debajo apoyar a los que siguen en contienda de forma feroz para evitar que el otro ascienda al poder. Ante una lista dividida, sabemos que tendremos un siguiente quinquenio dividido y una segunda vuelta dividida y hostil con una campaña que demuestre lo fraccionado que se encuentra el país a raíz de la negativa a formar coaliciones y la creciente polarización.

Así como dicen los expertos en cada análisis de coyuntura electoral, nada está dicho, pero esta vez es mucho más complicado poder predecir qué es lo que ocurrirá las dos semanas anteriores al 11 de abril y en qué estado quedará el panorama político del país tras las elecciones. Por ahora, solo se puede concluir que, basándose en lo complejo que ahora es el panorama electoral y lo variable que ha venido siendo en fechas recientes, sólo sabemos que en las siguientes semanas se viene la artillería pesada de la campaña y, por ende, las fluctuaciones más grandes que pueden engrandecer o perjudicar la imagen de cierto candidato ante el electorado. Además, también debemos considerar que aún cabe la posibilidad de que se presenten tachas o renuncias que sean un apoyo directo hacia determinado candidato, lo cual cambiaría drásticamente el panorama que llevamos viendo y tal vez sea el catalizador que se necesita para volver a tener una nueva crisis política, donde los partidos tengan enfrentamientos directos iguales o peores a los de la segunda vuelta del 2016. Se tendrá que seguir estudiando esta situación de cerca, ya que estamos ante un panorama nuevo donde ambos sectores del espectro están divididos, ninguno concentra los votos, y queda un amplio margen de electorado en donde se puede maniobrar estratégicamente para observar un repunte. Nos queda esperar al menos un par de, largas y trajinadas, semanas.