Hace unos días un amigo me preguntó por qué era tan rara. Me pareció un toque gracioso la pregunta.

¿De verdad soy tan “rara”? ¿Qué es lo que me hace ser tan “rara”? Es más, ¿qué significa ser “rara”?

Bueno, siguiendo su juego… digamos que hago cosas raras. En vez de escribir en un escritorio, escribo echada en un parque a medianoche. Han pasado delante de mí varios vecinos mirándome perplejos. Seguro se preguntarán qué hace una chica como tú en un lugar como este y me resulta terriblemente poético verlos caminar por este mundo enfermo, en el cual siembro una parte de mí. 

Tengo el canto y las cuerdas de mis padres, pero cuando salgo a la calle mi voz comienza a desafinar. Corro desesperadamente para que la noche no me atrape. Quito con frecuencia la letra ‘t’ a la palabra rutina. Tengo mi adolescencia perdida en libros. Pinto paisajes agridulces con mi paladar. Juego a la muerte cada vez que veo un lavabo e invito al vino siempre a hacerme daño.

25 Illustrations That Capture the Joy of Living Alone as an Introvert

Por si lo olvidaste, lo vuelvo a repetir: dijo que hago cosas raras. He aprendido a quedarme con los abrazos, a cuidarte y a cuidarme porque nos debemos la vida, a usar quebrador de sueños en vez de un lápiz labial y a tragar los pedazos rotos que deja el verbo desconocer-te.

Al parecer, no dejo de hacer cosas raras ni decirlas. Tengo 2 hermanos, un amigo y nada cuerdo dentro de mí. Soy promesa en un nombre posesivo, el viento que peina y los besos robados y elegidos. Soy reflejo que se vuelve a favor de su propio destino. Soy alma anestesiada. Soy el abrazo que no abraza nada y las historias de amor que nunca terminan.

Soy reflejo que se vuelve a favor de su propio destino. Soy alma anestesiada.

Tengo más de 20. 22 años ya sobreviví. Y por más rara que crean que soy, respondanme lo siguiente: ¿Qué es lo que no es tan raro en mí?