Necesitas dinero pero ya no se lo quieres pedir a tus padres. Ya no estás en la edad. ¿Opciones? Es obvio: trabajar. Preguntas, haces tus consultas. “Bro’, pasa la voz pa’ cualquier chamba, pe”, y estás a la espera. A veces  sale y a veces no. Cuando se da la oportunidad, algunas veces es efímera: “por campaña”. Pero estás feliz, ya conseguiste la “guita” y tienes para tu salida. Sobreviviste a diciembre pero… queda enero, febrero. Pasa el tiempo, te dices: “aguanta, ¿y la universidad?”. Entonces llega la hora en que obtener dinero no solo pasa por tener gastos para invitar a una chica a salir o poner una cuota considerable a la hora de la chancha,  sino para meterte de lleno en la economía familiar y empezar a contribuir. Se viene, entonces, lo serio, las chambas no ayudan.

La primera opción para gran parte de los jóvenes sería los “call center”, oficinas  de telecomunicaciones, seguros, bancos, tiendas de ropa, centros de comida fast food, etc. hacen un llamado  para que se integren a sus filas y empiece en su larga ruta para ganarse el pan con el sudor de la frente. No importa si  en tu CV sobra un espacio blanco gigantesco que te llena de nerviosismo, pues en tu experiencia de vida laboral solo atinas a poner educación primaria completa y educación secundaria incompleta o, quizás, inglés básico. Al fin y al cabo, lo que estas empresas –muchas de ellas tercerizadoras- buscan son chicos chamba, pilas, que la luchen. Crees que tienes todas esas cualidades y te mandas.

Bien peinadito y con la mejor ropa te presentas. Frente a ti hay un edificio de fachada elegante y moderna en algún distrito clasemediero. Tu ambición entra a tallar y te dices: “Yo mismo soy”. Te presentas, pasas la evaluación y estás satisfecho: ¡mi primer trabajo!

Pero tranquilo, todavía falta el proceso de selección o capacitación  de rigor. Empieza la competencia. El proceso, que aproximadamente dura un par de semanas, sirve para que te relaciones con gente como tú que aspira a ganarse sus propios chelines y ser independiente económicamente. Estudiantes de universidades privadas, nacionales o institutos técnicos renegados de la educación superior; madres primerizas; o alguno que sea base cuatro al que se le pasó el tren. Todos salen madrugadoramente de sus casas a enfrentarse al monstruo de la hora celeste, o bien terminan en la calle fatigados después de extenuantes y pesarosas jornadas en donde tienen que comunicarse con algún cliente que se encuentre en el distrito de al lado, al otro lado del charco. Las mandadas a la mierda de los ciudadanos españoles o la pasiva oreja de los compatriotas, por dar algunos ejemplos, son cosas con las que debes acostumbrarte en estas monótonas salas en la que hablar rápidamente es la regla, vender de manera agresiva es la ley.

Globitos de distintos colores adornan el centro de trabajo, como si de una fiesta infantil se tratara, intentando generar un clima fresco y un incentivo adicional en tu desempeño. Comisión y sueldo mínimo: eso es lo que obtendrás. Claro, además de beneficios de las empresas que tienen alianza con tu “call”. Al final, todo depende de ti, siempre fue así. El discurso emprendedurista, a la orden del día, te lo reclama. Que te despidan, que no tengas las herramientas, que no hagas lo que tu desees será solamente tu culpa.

Bienvenidos a sus chambitas de verano.

  • Fiorella

    Cierto, es uno de los pocos trabajos, donde quizas la edad, no importa mucho, pero la demanda es mas juvenil.