Si hubo un tema que causo gran controversia a lo largo de las últimas semanas, sin dudas, aquel fue el decreto de ley presentado por el Poder Ejecutivo y que planteaba la reinstauración del Servicio Militar Obligatorio(SMO), en caso no se llegase a obtener la cantidad de reclutas necesaria para satisfacer los objetivos planteados para este año. Según declaraciones de propios representantes de las Fuerzas Armadas, el déficit de voluntarios constaría de, aproximadamente, 40 000 personas. La ausencia de estos seria suplida por los individuos nacidos en el año 1995 y que hayan sido seleccionados por un sorteo avalado por el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC), a partir de la información contenida en su base de datos. En efecto, uno de los factores polémicos del decreto radica en la exoneración para los jóvenes que estén estudiando una carrera universitaria (alumnos de institutos no se encuentran sujetos a esta restricción), además de que existe la posibilidad de evadir el SMO, en caso de salir elegido, si es que abonas el 50 por ciento de una UIT (1850 nuevos soles) a las arcas del Estado. Dicho dinero recolectado sería destinado para elevar la calidad de vida de los voluntarios y de los no tan voluntarios. Si analizamos el rotundo fracaso que ha sufrido el Servicio Militar Voluntario (SMV) durante los últimos años, no sería insensato pronosticar que el sorteo se realizara inevitablemente, y que tendría como mes de realización mayo.

Como era de suponerse, las críticas no estuvieron ausentes. Estas provenían tanto de la clase política como de la opinión pública en general. No faltaron quienes han calificado a dicho decreto de ley como “discriminatorio”, dada las excepciones presentadas, es decir, aquellos que puedan solventar los costos de una carrera universitaria o la multa planteada. El antiguo jefe del Comando de las Fuerzas Armadas y ex ministro del Interior, Roberto Chiabra, declaro que “solo se pide patriotismo a los pobres”. Por ese motivo, otros representantes del sector militar afirmaron que el decreto no debe poseer rasgos de discriminación, por lo que es necesario que todos, sin excepción, sean incluidos en el sorteo. El almirante en retiro y ex comandante general de las Fuerzas Armadas, Jorge Montoya, tuvo un tono más drástico en sus expresiones y planteo pena de cárcel para todo aquel que incumpla su “compromiso como ciudadano”. Para políticos de la oposición, el decreto que revive el SMO consiste en un retroceso para la democracia del país, ya que atenta contra la libertad de elección de proyecto de vida amparada en nuestra Constitución Política que, en teoría, debería poseer toda persona por su condición humana.

Asimismo, tal medida va en contra de lo propuesto por el otrora candidato a la presidencia de la Republica, Ollanta Humala, quien se mostró en contra del SMO. El actual presidente planteo durante la campaña del 2011, que la estrategia más inteligente era conseguir que el sistema de voluntariado sea más atractivo para la juventud del país, es decir, otorgando mayores ganancias económicas y presentando una amplia gama de carreras técnicas que le permita al individuo desarrollarse de un modo más efectivo en la sociedad. Aquella posición se contraponía con las declaraciones de algunos representantes prominentes del fujimorismo, rivales electorales en ese entonces. Luisa María Cuculiza, actual congresista y ex ministra de la Mujer durante el mandato de Alberto Fujimori, afirmo que el servicio militar debería ser “obligatorio para todos los peruanos, desde arriba hasta abajo”. Parlamentarios del oficialismo han defendido la medida por considerarla de interés nacional, “tenemos un déficit anual de reclutas, tenemos que solucionarlo por el bien de la seguridad del país”, afirmo Omar Chehade.

En efecto, hay quienes consideran que el presidente Humala se encuentra altamente influenciado por un entorno de militares, quienes serían los responsables de la presentación de aquel polémico decreto. Se habla sobre el poder que posee su asesor Daniel Villafuerte, ex miembro de las Ejército peruano. En lo que sí parecen coincidir tirios y troyanos es en la hipótesis que explicaría el notorio fracaso que obtenido el SMV desde su implantación: este no es lo suficientemente atractivo para captar la atención de los jóvenes. A pesar de que a partir de la actual propuesta del Ejecutivo se han aumentado los beneficios, tales como becas académicas o facilidades para obtener préstamos de bancos estatales, aun son pocas las personas que están dispuestas a asumir este reto, y menos aún cuando lo que reciben no es un sueldo, sino una “propina” que no llega a ser ni siquiera el sueldo mínimo actual (750 nuevos soles). A partir de lo debatido durante las últimas semanas, podríamos rescatar que se ha hecho más evidente el hecho de que vivimos en una sociedad que posee ciertos rasgos militarizados insertados en su composición y su funcionamiento, además de la desigualdad presente desde hace centurias. Es más, algunos consideran que “servir a la patria” es sinónimo de “servir en el ejército”, menospreciando otras vías de expresar patriotismo que no necesariamente están relacionadas con las botas ni rifles. De igual modo, esta propuesta deja el campo abierto para que ciertas universidades de bajo costo y que han recibido críticas por su bajo nivel académico, posean mayor acogida en los adolescentes, dado el temor generado por el carácter obligatorio del servicio militar. Por último, el Perú es un país cuya democracia aún se encuentra en proceso de consolidación, cabe decir que hemos sido gobernados por mas regímenes autoritarios y militares que democráticos(o con apariencia de tales), muchos de ellos monitoreados por las Fuerzas Armadas. Aquella falta de tradición democrática se hace evidente en este tipo de controversias, sin embargo, aún no está todo dicho respecto a este decreto.

Por Walter Moscoso
Miembro de Letras al Mango