Luego de semanas con estrés al cien por ciento, durmiendo apenas cuatro horas -con suerte- y sufriendo ataques de nervios esporádicos, creo que podemos decir que hemos cumplido con lo suficiente como para reclamar algunas semanas de relax. Ya no más calcular por cuánto te vas a un examen (recuerden muchachos: lo hecho, hecho está); ya no más horas pensando en cómo harás para hacer ese examen de tal curso que tantos problemas te dio durante el ciclo; ya no más horas incansables de estudio. Las vacaciones de medio año por fin han llegado para darnos un respiro.

La primera semana se ha pasado volando (o al menos así me ha parecido) y quizá haya generado esa desesperante sensación de no saber qué hacer con tanto tiempo libre; sin embargo, adecuarse a la libertad que significa hacer lo que quieres porque quieres nunca es algo difícil de lograr. Muchos habrán dormido de más (quizá pensando en recuperar todas aquellas horas de sueño que perdieron durante el ciclo) mientras otros afortunados habrán ido de viaje o quizá solo se han dedicado a hacer aquello que hace mucho no hacían.

Sea lo que sea a lo que hayas dedicado estos días, con seguridad han sido bien aprovechados. Pero ya saliendo del adormecimiento que significa siempre una primera semana de vacaciones, quizá otras cuestiones vengan a atacar tu mente. Porque, claro, las vacaciones son para aprovecharlas en lo que a ti te guste hacer, pero es posible que cuentes con alguna lista de “pendientes” que lograste esquivar gracias a los estudios y ahora toca cumplir. Ya sea hacer algo de ejercicio para mantener una buena salud y un buen físico, ir a visitar a parientes, hacer compras, trámites o aquello que te resulte tedioso; probablemente haya una voz insistente (la de alguno de tus padres en muchos casos) que te ordene a hacerlo.

Así que puede resultar una felicidad un tanto manchada por los pendientes, pero debemos admitir que es felicidad al fin y cabo. Lo único que queda ahora es disfrutar de nuestras vacaciones antes de volver a Zombieland, darle una sonrisa al mundo y suplicar -algo inútilmente- a los días para que no pasen tan rápido. Por ello, ríe, baila, escribe, lee, canta, mira películas, haz ejercicio, juega lo que te guste jugar, cocina, siéntate a mirar a la gente y goza de la vida…o al menos inténtalo hasta que lleguen las notas o las clases (lo que mate tu ánimo primero); recuerden que Letras siempre nos estará esperando. Después de todo, la vuelta a la vida siempre es buena, mas nadie dijo que fuera la felicidad completa, ¿no lo creen?