Algo de mí que no les conté cuando les escribí por primera vez es que no soy un aficionado del género de terror. ¿Por qué? Porque soy medio pussy. Las aventuras de Freddy y Jason siempre me han parecido exageradamente pesimistas sobre la vida en general y me ha costado creer que los malos espíritus de películas como Actividad Paranormal o El Exorcismo de Emily Rose pudiesen existir para hacerle la existencia tan miserable a los desafortunados en contacto con ellos. Por eso, cuando estuve a punto de entrar a ver La Presencia de Lucy, la primera obra del circuito de microteatro Relatos Siniestros, presentía que iba a terminar paranoico y sintiendo a algún espíritu maligno acecharme el resto de la noche (o de mis días).

La productora Big Bang Films, que tan gentilmente invitó al equipo de Letras al Mango (o sea yo) a tres de las siete microobras que se exponen en el Museo Metropolitano de Lima, ha realizado un visiblemente detallista trabajo de producción y realización de este novedoso formato teatral, y que va hasta este fin de mes. Las enormes proporciones del MML definitivamente contribuyen con el tenebroso ambiente que plantea Relatos Siniestros desde incluso antes de entrar a las obras.

11838638_10152949347785800_5843790684721103940_o

Como podrán ver, los actores y directores de cada obra están todos muertos.

La primera obra que vi ayer, La Presencia de Lucy, cuenta la historia de una joven que se contacta en su cuarto con el espíritu de una niña (Lucy) con la intención de ayudarla a descansar en paz, solo para descubrir que este espíritu no es tan benevolente como ella creía. Una escenografía increíblemente detallista y un adecuado planteamiento de luces hacen del espacio una imagen digna de una película de terror tipo El Orfanato. Añadimos eso al hecho de estar dentro de ese mismo cuarto, y de que los personajes básicamente pueden rozarnos al desplazarse durante la obra, y tenemos la fórmula adecuada para sentir genuinamente que Lucy nos va a seguir hasta nuestras casas. Las actrices (Daniela Sarfati como la joven médium, y Marcela Fernandez como Lucy) han logrado plantear una situación extrema aprovechando recursos como la visibilidad cero y el mismo desarrollo dramatúrgico de la obra, que triunfa en ir torciendo el conflicto gradualmente, pero que también pudo ser mejor en explicar quiénes eran estos personajes en sus realidades correspondientes y en la relación que había entre ellas. Considero que Ani Alva Helfer hizo un buen trabajo escribiendo esta obra llena de momentos tensos y que logró maximizarlos a través de su dirección.

Luego tocó ver Enterrado, en la que actúa Luis Alberto Sanchez, dirigida por Nicolás Faustinato y escrita por Paco Varela. Este espacio no fue tan próximo al espectador como en la primera obra, pero de todas formas la visibilidad era cómoda y cercana. Enterrado nos habla sobre un médico que se ve obligado a atravesar un desafío tipo Juegos Macabros (o Saw, para ti que ves todo en inglés y subtitulado) para salvar a su hermana y a sí mismo de un asesino en busca de una venganza personal. Lo único que necesitamos en esta obra para entrar en el ambiente es ver al personaje en el ataúd que está directamente en frente del público. Luis Alberto Sanchez triunfa llevando la urgencia al límite en una situación que exige un ritmo vertiginoso, y considero que en cuanto al asesino narrador hizo falta un poco más de fuerza ante la necesidad de expresar meramente con la voz las profundas intenciones del antagonista de la historia. Aparte del hecho de parecerse en ciertos elementos a la película, es una obra que definitivamente logra llevar la angustia de modo equilibrado de principio a fin.

Por último entré a ver Mortuorio, definitivamente la que más me atrajo. Ivan Chavez y Olenka Castro traen a la vida a dos personajes muy bien desarrollados por la dramaturgia de Jordi Farga, rica en detalles que incrementan gradualmente el conflicto hasta hacerlo explotar en el final de la obra. Dirigida por Sandro Calderón, plantea la historia de un médico forense con una extraña atracción por los cadáveres que se encuentra durante pleno pecado con que su víctima aún está viva. La conflictiva situación planteada por el texto y bien construida en la escenografía nos hace sentir un frío cercano a la muerte, que parece agravarse junto al suspenso mientras avanza la obra y su densidad incrementa. Los actores realmente logran transmitirnos las historias de sus personajes y sus profundas personalidades a través de sus cuerpos y sus gestos, bien empalmados con el mensaje y el tema general de la historia.

A pesar de considerarme un detractor del género, salí a las 9.10 de la noche (empecé mi recorrido a las 8) satisfecho con las tres obras y sin arrepentirme de haber ido. Es necesario para desarrollarse salir de la zona de confort en la que vivimos constantemente. Así que si eres como yo y no logras comprender a fondo cómo es que las personas se pueden divertir con el horror, te recomiendo que vayas a ver cualquiera de estas tres obras o cualquiera de las cuatro que no pude ver, pero que no dudo que son igual de interesantes. Me han contado que La Hora del Demonio y Voces del más allá están particularmente buenas. No sean mongos y vayan antes de que acabe la temporada. ¡Aprovechen el descuento para estudiantes!

11911429_10153647912282323_2038705802_n