Los dos gobiernos de Alan García se han convertido en referentes importantes para la historia de la economía peruana. El primero es sinónimo de desempleo, escasez de productos básicos —y la ya conocida hiperinflación—; el segundo, por otro lado, se caracteriza por la reivindicación económica frente a los desastrosos resultados de su primer mandato.

Primera presidencia: De la heterodoxia a la crisis económica [1985-1990]

Aún recordamos las extensas colas que se realizaban para tratar de conseguir una bolsa de pan y algunos kilos de azúcar, pues si de debacles económicas en la historia del Perú se habla, las primeras referencias se dirigen hacia el primer gobierno de Alan García Pérez. Sin embargo, antes de aquella fatídica crisis, cuyo recuerdo está impreso en la memoria de los peruanos, existieron otros sucesos que son necesarios resaltar.

Bajo una política económica heterodoxa, el gobierno de García buscó el crecimiento incrementando el consumo de la población. No obstante, los problemas ya estaban presentes desde su juramentación como Presidente de la República: cuando el líder aprista inició su mandato en julio de 1985, lo esperaban US$ 14 mil millones en deuda externa como herencia del mal manejo de la capacidad de endeudamiento del Perú. Frente a ello, junto con su ministro de economía, Luis Alva Castro, optaron por limitar el pago de la deuda al 10% de las exportaciones.

Después de sucesivos ataques al Fondo Monetario Internacional (FMI) y tras una política de sustitución de importaciones, el FMI se divorció de nosotros y suspendió el crédito a nuestro país. Nos encontrábamos solos y a la deriva en un contexto económico desfavorable; sin embargo, aún existía una luz de esperanza: el modelo heterodoxo de García a favor del consumidor rindió frutos. Así, entre 1985 y 1986, la economía peruana logró crecer en 10% ­—no se crecía así desde los años cincuentas— y la inflación se redujo a 3,5%; a pesar de ello, nuestra economía estaba llegando a un tope.

Se necesitaba inversión para aumentar la capacidad productiva de la tímida industria nacional; esta llegaría con la ayuda de los principales grupos económicos del Perú. En una recordada reunión, Alan García convocó a los “doce apóstolesuna docena de empresas con alto poder económico— para tratar de convencerlos de reinvertir sus utilidades en el país. No obstante, la tensa relación entre García y el empresariado peruano llega a su fin con el deseo de estatizar la banca.

La crisis parecía inevitable. El Perú ya no poseía recursos para mantener los precios bajos de bienes y servicios, ofrecidos mediante subsidios; por otro lado, el Banco Central de Reserva (BCRP) era empleado como una maquinita” de imprimir dinero sin respaldo alguno. Estos factores generaron el desmedido ascenso de la inflación: los precios de distintos productos de primera necesidad se dispararon y las largas colas con la finalidad de obtenerlos realizaban su aparición para enmarcarse en las portadas de los diarios. La inflación también afectó a los ciudadanos con menos recursos, quienes veían cómo el valor de su dinero ahorrado en moneda nacional se esfumaba. Las distintas medidas de solución denominadas como paquetazos no remediaron el crítico estado de la economía peruana.

De esa manera, concluyó el primer gobierno de García Pérez. La sociedad empobrecida, la informalidad en crecimiento, los actos de corrupción cada vez mayores y la inflación de 7649,6%. Todo indicaba que Alan dejaría el país para no volver más.

Segunda presidencia: Nueva oportunidad y la buena suerte [2006-2011]

En julio del 2006, Alan García volvió al poder. Tras perder contra Alejandro Toledo en los comicios del 2001 y vencer en la segunda vuelta a Ollanta Humala 5 años después, el Perú recibía nuevamente al hijo pródigo para darle una segunda oportunidad.

La segunda regencia de Alan estuvo marcada por el favorable contexto internacional. La “buena suerte” llevó a que, en sus 5 años de mandato, el gobierno aprista disfrutara de un incremento sin precedentes en el precio de los metales; ello originó que el Perú se vuelva un país atractivo para iniciar proyectos de inversión dirigidos, principalmente, al sector minero.

En este escenario, las exportaciones peruanas también se vieron favorecidas: entre 2005 y 2010 se duplicaron, empujadas especialmente por la notable elevación de la venta de minerales y las constantes compras de estos productos por China.  

El adecuado manejo económico, las políticas a favor de la inversión y el boom del precio de metales fueron fundamentales para que el Perú obtenga niveles de crecimiento astronómicos. A finales del 2006, el PBI creció en 8% para llegar, entre 2007 y 2008, al 9%. En este último año, el mundo sufriría la crisis internacional; sin embargo, las acertadas políticas adoptadas por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y por el Banco Central de Reserva (BCRP) permitieron que la economía peruana no colapsase, a diferencia de la situación en otros países. En total, bajo el gobierno de Alan García, el PBI creció 7,29%, en promedio.

Para finalizar, el régimen alanista se puede caracterizar por la favorable acogida que se le dieron a los Tratados de Libre Comercio (TLC). En sus años como mandatario, el Perú firmó tratados de libre comercio con China, Estados Unidos, Chile, La Unión Europea, México, entre otros. Ello facilitó la expansión comercial y la integración peruana a los grandes mercados mundiales.

Los sueños, sueños son

El pasado miércoles falleció una de las figuras más excéntricas de la política peruana contemporánea. De la crisis profunda a la reivindicación, Alan nos hará recordar lo peor y lo relativamente bueno de la economía peruana en los últimos tiempos. Y recordando aquel fragmento de Pedro Calderón de la Barca, proclamado en un memorable mitin del 2001, tal vez Alan García consideró su vida un frenesí o tal vez una ilusión, una sombra, una ficción; pues su historia para el Perú fue un sueño y los sueños, sueños son.