En el Perú, no nos aburrimos nunca. Siempre sucede algo y contamos con una larga lista de curiosos personajes que nos entretienen con insólitos hechos cada semana. Tenemos una extensa lista de escándalos, vedettes, jugadores, líos de todo tipo que captan la atención de gran parte de la población y son tema de conversación durante días o semanas. Así, nos enteramos de quién le sacó la vuelta a quién, quién es o no mal(a) padre/madre, quién cumple o no con sus obligaciones o cosas más triviales como hasta el más mínimo detalle de la vida de los personajes de la farándula local.

Los ”realities” no son una invención peruana. Muchos de los formatos que vemos son comprados porque han funcionado en otros países, entonces una productora los compra y se realiza la versión peruana. Así, también se compran todo tipo de programas, incluyendo muchos programas concurso. Sin embargo, la controversia también está presente a nivel internacional. ¿Qué tanto se puede mostrar en una pantalla? ¿Qué se puede exponer y qué no? ¿Cuánta invasión está permitida a la vida privada de una persona? ¿Qué es relevante para la población?

El último gran escándalo que ”ha sacudido el país” ha sido el de Flor Polo. La famosa hija de Susy Díaz ha gritado a los cuatro vientos que tal vez su esposo no es el padre de su hijo y se ha desatado todo un escándalo mediático que nos ha tenido ocupados –episodio de EVDLV incluido- viendo qué pasó y generando toda clase de opiniones durante varios días. A raíz de esto, la fiscalía ha iniciado una investigación que podría derivar en que ambos padres pierdan la custodia del niño por incapacidad de criarlo.

La exposición mediática ha llegado a niveles insospechados. En el Perú, la Libertad de Expresión contempla como uno de sus límites el Derecho a la Intimidad Personal y Familiar de los ciudadanos. Es así que una esfera de la vida de una persona no es objeto de escrutinio público en tanto constituye un ámbito privado que no es de interés de los demás ciudadanos y no puede ser divulgado. Son parte de esta esfera el secreto bancario, las historias médicas, la vida sexual y familiar de las personas, etc. Sin embargo, esto es muy relativo, ya que existen personas más expuestas que otras porque son consideradas personajes públicos y ciertas áreas de su vida sí son consideradas de interés nacional. Por ejemplo, el Presidente de la República o un jugador de la selección son considerados personajes públicos. De todos modos, siempre hay un mínimo de respeto, un espacio a donde no somos invitados y que no debe interesarnos.

¿Qué sucede cuando renunciamos voluntariamente a nuestro derecho? Nadie puede divulgar información sobre nuestra intimidad, pero la situación es muy distinta si nosotros mismos publicamos lo que la Ley normalmente protegería. Esto incluye a los medios sociales. Todo lo que decimos y publicamos sobre nosotros deja de ser parte de nuestra intimidad y puede ser difundido porque ya lo hicimos nosotros primero, ya le dimos permiso a alguien más de entrar en este espacio.

Ahora bien, es importante resaltar que muchas veces nuestras acciones no solo nos afectan a nosotros, sino que pueden afectar a otros. Volvamos al ejemplo de Florcita y su hijo o recordemos a Tilsa y el “Loco” Vargas. En estos casos, una persona divulgó información que afectaba a terceros e incluso podía terminar afectando a menores de edad. Tal vez es peor cuando no nos damos cuenta de que mediante un apoyo tácito estamos reforzando y legitimando este tipo de hechos. No digo que no esté bien entretenerse y es evidente que siempre habrá una farándula y personajes de quién hablar. Sin embargo, siempre es bueno pensar en quiénes terminarán siendo más afectados y recordar que “mis derechos terminan donde empiezan los de los otros”.

No soy experta en Derecho y tal vez esto es una pequeña reflexión sobre un tema muy amplio y delicado. No obstante, sí creo que es importante tenerlo en cuenta, meditar un momento sobre lo que vemos en los medios y la forma en la que los contenidos son manejados.