Todo es energía. El mundo se mueve bajo leyes que regulan la regulan. Las personas emanamos un campo de energía correspondiente a nuestro estado interior, y la mayoría lo puede percibir, aunque sea únicamente a nivel subliminal. A pesar de muchas veces no saber por qué la percibimos, lo hacemos, y esa esta  determina en gran medida la forma cómo reaccionamos frente a determinadas personas.

“Algunas personas, cuando conocen a otra, perciben claramente su energía, incluso antes de cruzar una palabra con ella.”

Esta es una frase muy conocida y que de seguro han escuchado alguna vez, o la han experimentado, también. Ese momento en el que conoces a alguien y, no sabes por qué, simplemente no te da buena espina o sientes como tu estado de ánimo cambia cuando te lo cruzas. Entonces, decides luchar contra esa negatividad, pero lo único que resulta es que te desgastas emocionalmente y terminas más desanimado que antes.

​Pasa lo mismo en el caso contrario. Hay personas que se encuentran bien emocionalmente y lo transmiten a los demás de una manera que, al establecer contacto con ellas, te sacan una sonrisa así estés con los ánimos bajo el suelo. Son personas que en ese momento de su vida están donde quieren estar, son como quieren ser y esa energía positiva la transmiten tan naturalmente como respirar. Cada vez que conozco a alguien que está en ese momento gusta analizar qué es lo que hace para estar así y comportarse de esa manera. Así que luego haré un post exclusivamente sobre ello, pero bueno, continuemos con el tema central.

Existen diversos términos que señalan exactamente el mismo fenómeno. Desde “desplome de energía”, “contagio energético”, etc. Lo cierto es que, al interactuar con una persona, se produce un intercambio de energía. Este intercambio es mayor cuanto más largo es el periodo en el que las dos personas están en contacto. También influye la intensidad de la relación: cuanto más intensa, mayor intercambio.

Es muy difícil que, cuando dos personas hablen, ambas estén en el mismo nivel de Energía. De hecho, es prácticamente imposible, ya que siempre hay uno que tiene la energía de mejor calidad que el otro. Así que, cuando dos personas hablan, lo habitual es que pase que:

  1. a) El que está mal baje al que está bien.
  2. b) El que está bien suba al que está mal.

Todos intuimos cuál es la opción ideal. No obstante, la situación a) es más habitual de lo que debería ser. Nos pasa varias veces al día. Lo que ocurre es que sólo nos damos cuenta cuando el bajón es muy grande, cuando ya estamos completamente desanimados.

Estuve leyendo mucho sobre el tema últimamente y me encontré con varios artículos y un par de libros sobre la energía. Hay muchísimos, estoy segura que todos muy interesantes, por lo que les recomiendo que los lean. No pretendo explicarles en un sólo post todas las ideas que encontré, pero sí las más interesantes y básicas para que vayan entendiendo cómo funciona el tema de la energía.

En primer lugar, quiero hablarles del erróneo concepto que la mayoría tiene-y me incluyo hasta hace unos días-del concepto de “empatía”. Tendemos a empatizar tanto con el que tenemos enfrente que asumimos que sus problemas también son nuestros. No obstante, entendemos mal la empatía. Pensamos que empatizar consiste en sentir las emociones que el de enfrente está sintiendo. Y no. No es eso. El punto está en comprenderlas, no en sentirlas. Si sientes lo que siente el de enfrente, entonces te sentirás así de mal como el otro se siente. Es tan simple como eso. Lo que ha ocurrido en la situación descrita es que uno pasa de estar feliz y contento a sentirse nervioso o triste, sin un periodo de transición, porque ha decidido sentirse como la persona con la que está hablando. Y eso no significa ser empático/a con la otra persona.

Cuanto notes que tu energía está cambiando, que se está desplomando o tus ánimos bajan, tienes que tomar consciencia de que el que tiene el problema no eres tú. Al identificar que el sentimiento de tristeza no es tuyo, decides no sentirlo. Y si no lo sientes, no te sientes mal. Puede parecer egoísta, pero les garantizo que no lo es en lo absoluto. Cualquier libro sobre la energía, psicólogo o psiquiatra va a decirte el mismo consejo con palabras diferentes. En realidad, si eres capaz de no contagiarte de esa no tan buena energía, conseguirás subir a la otra persona y subirle los ánimos. Así, ambos saldrán ganando.

Otro punto que considero importante es el siguiente: cuando una persona tiene buena energía, siente que todo está bien. Está contento, piensa con claridad, está optimista. Todo fluye como debe de ser. En este estado, uno saca lo mejor que tiene. La mejor versión de uno mismo.  Cuando una persona tiene energía de baja calidad, no ve las cosas claras, se siente perdido, desesperanzado, lleno de miedos, etc. En este estado, uno muestra las cosas malas que tiene. Una versión de uno mismo es mejorable.

Subrayo estas palabras ya que quiero que quede claro que, al tener una energía de mala calidad, esta puede perfectamente cambiar y no alterar la energía de la persona que tienes al lado. No significa que no te vas a juntar con todas las personas que no tengan una buena energía porque, si piensas así, no hablarías con absolutamente nadie. Todos tienen malos días, todos tienen malos pensamientos, todos reaccionan mal en algún momento y hacen daño sin querer. Todos en algún momento vamos a estar en el lugar de la persona que tiene una energía de baja calidad y todos también vamos a estar en la posición del que tiene una buena energía. El mundo es un constante sube y baja de emociones y sentimientos.

Por lo tanto, cuando uno sienta que no tiene una muy buena energía, debe entender, en primer lugar, que se encuentra en una versión de sí mismo que puede mejorar. No significa que todo el tiempo va a sentirse así de mal o desanimado/a, sino que es momentáneo y, como alguien me dijo alguna vez, todos los momentos pasan. Asimismo, saber que hay distintas maneras en las que uno puede cambiar la energía que siente a una positiva y que no es tan difícil como puede parecer en un principio.

Como dicen por ahí, lo difícil no es llegar a un estado positivo, si no mantenerse. Y hay millones de formas para tener y conservar una energía positiva, por lo que cada persona puede elegir la que mejor les parezca. En mi opinión,  la mejor forma de contrarrestar las energías negativas es ofrecer una buena dosis de energías positivas al mundo. Y ten por seguro que el mundo te las devolverá.