Daniel Parodi es historiador de profesión y docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad de Lima. Durante los últimos diez años ha realizado una serie de investigaciones sobre la Guerra del Pacífico, la sociedad chilena y las relaciones bilaterales entre ambas naciones.  Estas últimas semanas, Parodi ha escrito a través de su blog, una serie de análisis sobre la situación actual en chile.Debido a la relevancia que está tomando este estallido social actualmente, hemos decidido buscar una oportunidad de entrevistarlo para conocer sus impresiones sobre el conflicto en Chile.

¿Cuál es la principal causa de las protestas en Chile?

La principal causa de las protestas en Chile es la desigualdad social. Esta llega al punto en el que las clases populares y las clases medias no tienen la oportunidad de mejorar su posición socioeconómica. La mayoría de la sociedad chilena tiene la necesidad de vivir con el sueldo que gana, pero no les alcanza. Esto los coloca en una situación de supervivencia o de mantenerse en el “Status Quo”. 

Por ejemplo, un trabajador de limpieza no puede tener a sus hijos en una universidad, porque incluso la universidad pública es cara. Sus hijos tendrán que colocarse en la misma situación socieconómica que él. El gran nudo gordiano en Chile es ese: La mayoría de Chilenos tiene trabajos y sueldos que les impide desarrollarse socioeconómicamente.

¿Por qué la política económica Chilena no cambió en los últimos 30 años pese al malestar de la sociedad?

Esto ocurre porque en el 89 ocurre un pacto social de la Derecha (entre el militarismo y Pinochetismo) con la Izquierda de mantener el modelo económico neoliberal. De esta manera, Chile sacó 15 años de ventaja a la región. Por un lado la Derecha Chilena es “soberbia”. Se han creído el discurso de “haberse forjado un gran país” y que “las clases sociales medias y bajas deberían estar contentas y estar en la misma línea que Chile es un oasis democrático”, tal como lo dijo Piñera antes de la crisis. Por otro lado, la Centroizquierda (que ha gobernado más que la derecha), diese la impresión que sentía una necesidad de reinvidicación porque la derecha lo acusaba de falta de patriotismo. Por ejemplo, en los conflictos con Perú, los gobiernos de Centroizquierda de Bachelet y Lagos se mostraron más nacionalistas que Piñera. 

Ahora, la izquierda se adhiere al discurso del país exitoso y el pacto que llega a las fuerzas políticas para establecer la democracia nos explica por qué no se ha cambiado el modelo económico. No obstante también ocurre un distanciamiento de la clase política con el pueblo, por lo que no midió con precisión cómo estaba la situación en las clases medias y populares. No esperaban un estallido social y eso habla de un desconocimiento, un “efecto Versalles” donde la clase política desconoce las exigencias del pueblo y luego es víctima de su revolución.

¿Cree que si el Estado interviniera en los servicios públicos – en una especie de Estado de Bienestar – podría mejorar la situación?

De hecho creo que se trata de ello. Yo no creo en el socialismo o la absoluta igualdad económica, pero sí creo que a través de aumentar los impuestos a ese 2% que tiene el 98% de la riqueza, y expandiendo y mejorando los servicios, daría una igualdad de oportunidades. Todos tendrían el derecho a competir sanamente en el sentido de labrarse una carrera universitaria o técnica a base de su conocimiento y talento. Esto dejó de haber en Chile, pese a ser un país formal, el ascenso social se da a través de la formación, pero que estas se alejaron del alcance de las grandes mayorías. Por eso el servicio público debe bajar su precio y volver a la gratuidad de la educación superior. 

El neoliberalismo y el Estado del Bienestar no son necesariamente opuestos porque no existen los dos sistemas en Estado puro: No existe una sociedad donde el Estado solo sea un gendarme de la actividad económica ni existe un país como los del bloque Soviético. En el Estado de Bienestar, los servicios públicos son mucho más importantes, pero igual hay espacio para la actividad privada. Entonces, yo creo que se trata de una graduación, que en Chile está demasiado hacia el lado del neoliberalismo. Así que deberían acercarse a un esquema del Estado de Bienestar y están con oportunidades de hacerlo.

¿Considera que las medidas de Piñera han intentado de alguna manera controlar esta situación?

En términos políticos, Piñera está liquidado. Me parece que Piñera debería convocar a elecciones (aunque no sé que diga la constitución chilena), y debieran implicar que el próximo congreso sea “constituyente”. Es decir, o bien pueda redactar una nueva carta magna o reforme de manera sustancial la que existe (Igualmente que en el caso peruano estaríamos en el segundo caso). No obstante, en Chile pareciera que están pidiendo un nuevo contrato social. Las medidas de Piñera pueden ser malas, buenas o regulares, pero carecen de legitimidad. La gente va a aceptar, me parece, una convocatoria a elecciones y un nuevo contrato social que les garantice oportunidades cercanas al Estado de Bienestar.

¿Podrían considerarse a estas protestas – junto con las ocurridas en Perú, Ecuador, Bolivia – como un especie de “despertar” ante la situación político-económico de la región?

Sí y no. Por un lado, se demuestra que en América Latina hay un conjunto de Sociedades Civiles capaces de movilizarse; sin embargo, no se trata de un “despertar” homogéneo frente a una situación específica. Es decir en contra del neoliberalismo, porque en Bolivia es una serie de protestas frente a la idea plurinacional de Evo, que se ha sabido manejar bien frente al socialismo chavista.

En América Latina vamos a tener movilizaciones debido al empoderamiento de la sociedad civil una serie de movilizaciones de diferentes problemáticas, en cada país.

¿Cuál sería la diferencia entre Perú y Chile en la distribución de la riqueza?

La diferencia está en la informalidad. He estado reflexionando sobre eso en las últimas semanas. En el Perú la escencia es ser informal. Sin la informalidad, Perú sería inviable porque el Estado y lo Privado es incapaz de incorporar al 72% que se desempeña en este sector. Es aquella dimensión que absorbe a todo lo que no puede solucionar el Estado. 

La diferencia es que el Estado Chileno y el sector formal redistribuyen mal la riqueza entre el 75% de la población. En el Perú, lo que se paga como salario a formales es el 28% de la Población Económica. En el Perú, lo que soluciona las emergencias y forma riquezas, es el sector informal. Por ejemplo, un hombre desempleado que pueda hacer taxi puede ganar un sueldo que muchos chilenos desearían tener. No está tanto cómo el Estado distribuye la riqueza (en parte sí, porque la salud y educación pública es gratuita, a diferencia de Chile). Perú se diferencia de Chile tanto por la redistribución de la riqueza como en la informalidad.

¿Compararía las protestas en Chile con el Mayo Francés de 1968?

Yo no sé sí las protestas en Chile lleguen a ser ecuménicas, porque finalmente París es París, e inclusive estas fueron más movilizadoras que las francesas del 68. No obstante, la francesa fue muy romántica, que justo ocurrieron en una generación donde los jóvenes protestaban contra su clase polìtica (como en el Hippismo) y las protestas extendieron a otros países como la Primavera de Praga o México. En Chile puede ser la protesta mucho más fuerte, y pueden tener consecuencias más estructurales, pero se limita a la región. No obstante, dentro de Chile y América Latina puede ser recordado como un punto de inflexión. Este también puede ser recordada como la “rebelión de las redes”, en el momento en el que se comprende en que a través de las redes sociales, la sociedad civil tiene la capacidad de autoconvocarse y provocar cambios en el gobierno.

¿Cree que es necesario que Chile vaya a Elecciones Generales para cambiar su destino?

Chile tiene que ir a elecciones generales, aunque no sè que pueda decir la constitución chilena, pero puede ser un hecho excepcional. Considero que Chile debe ir a elecciones presidenciales y congresales constityentes. Lo que pasa en Chile es que el pueblo ha “recuperado la soberanía”, como lo decía Rousseau, en bùsqueda de crear un nuevo contrato social.