Las últimas películas galardonadas con Globos de Oro, Bafta u Óscar las encontramos ya escasamente en la cartelera limeña; pronto volveremos a la misma agenda, llámese mediocre, a la que el monopolio de la industria del cine comercial nos tiene acostumbrados, sea en UVK o Cineplanet.

Una de las últimas valiosas cintas que encontramos es la premiada “Dallas Buyers Club” de  Jean-Marc Vallée, protagonizada por el renovado Matthew McConaughey, el descubrimiento de Hollywood, Jared Leto, y la siempre simpática Jennifer Garner.

Preferimos quedarnos con el título original, “Dallas Buyers Club” (la traducción en español deja mucho que desear). Estamos ante un filme con un tema sensible, a diferencia de muchas otras contemporáneas, no busca llegar a ser una cinta explícitamente emotiva, por más que sea inevitable sentirnos conmovidos ante el delicado tema que aborda: el sida.

Es una película con un drama que vemos venir desde el inicio, ya que el director, muy astuto, nos lo dice “sutilmente”, aunque suene irónico. En la primera escena apreciamos a nuestro protagonista, Ron Woodroof (Matthew McConaughey), teniendo sexo desenfrenado con dos jóvenes que no llegamos a apreciar bien, todo esto de manera oculta en pleno rodeo de toros. Nos encontramos con el típico macho texano, el que hace apología a la sátira con el hecho de que un actor de Hollywood (Rock Hudson) sea gay. Ron es un electricista, apostador, consumidor desmesurado de  drogas y alcohol, acostumbrado a la vida desequilibrada, promiscua.

Contamos con todas las características para no sentir tanta empatía con el personaje, hasta que descubre que tiene sida, es entonces donde nos damos cuenta de que la escena con las dos jóvenes al inicio no era algo gratuito. El personaje de Ron pasa por una serie de transformaciones que McConaughey logra satisfactoriamente; es un hombre desahuciado, no solo porque lo vemos extremadamente delgado, sino también porque su perspectiva hacia el mundo cambia, no radicalmente sino de manera natural, el personaje va evolucionando, mientras más enfermo lo vemos sentimos que se eleva más interiormente. Termina aceptando no solo a su compañero Rayon, un transexual encarnado espectacularmente por Jared Leto, sino también, en busca de sobrevivir a la enfermedad, empieza  de manera clandestina un tratamiento médico que le beneficiará a él y a toda una comunidad que padece la misma enfermedad, entre ellos, homosexuales.

Este filme, con un presupuesto mínimo, logra concientizarnos, hace una fuerte crítica a la discriminación, al monopolio de empresas farmacéuticas que aprueban la circulación y la venta de medicamentos con consecuencias nefastas para sus pacientes.

Esta cinta nos demuestra que hacer cine es tan importante como cualquier oficio, sobre todo en nuestro país donde carecemos de una historia cinematográfica, en donde decir que voy a estudiar cine es un salto al abismo. “Dallas Buyers Club” no solo es una película más; los que la hemos visto y en algún momento hemos sentido prejuicio a cualquier persona, enfermedad o lugar, podemos sensibilizarnos no porque sus personajes se la pasen implorando, ni porque veamos a alguien morir paso a paso de manera morbosa, es una cinta con mucho valor porque logra cambiar la mirada que tenemos hacia hechos que solemos ignorar por conveniencia. Lo que Jean-Marc Vallée logra finalmente es hacer una denuncia contra las personas que terminan lucrando con una enfermedad como el sida, además es toda una crítica a esa sociedad que prefiere desechar a las personas que presenten algún síntoma raro, despedirlo sin razones del trabajo y evitarlo como si fuera una peste.

Hace 50 años era inverosímil pensar en una película con un contexto similar, imagínense haber visto a un Jhon Wayne hacer de un vaquero con una enfermedad de “gays”, como citan en la película. Y qué protagonista escoge irónicamente Vallée,  muy parecido  a  un “cowboy” de nuestros tiempos, sin duda el cine ha evolucionado.