El uso del cáñamo ha estado presente en la humanidad durante gran parte de su historia. Sin embargo, en la actualidad, hablar de cáñamo puede resultar controversial debido a su inevitable asociación con la planta del cannabis. En efecto, el cáñamo proviene de la fibra de la planta de la marihuana, pero cumple una función muy distinta a la medicinal o recreativa del famoso psicoactivo.

El cultivo de cáñamo se ha denominado como la “economía verde” a nivel mundial. Y es que con una hectárea de esta fibra se puede producir cantidades de papel equivalentes a cuatro hectáreas de árboles. Es decir, resulta bastante útil para evitar la deforestación.

Además, el cáñamo resulta una materia prima muy importante para la producción de plástico, cuyo uso está destinado principalmente al sector automotriz. Inclusive, con el cáñamo se pueden producir botellas plásticas que se biodegradan a los 80 días. Asimismo, esta fibra resulta útil en otras industrias como la textil y la alimenticia.

Las semillas de cáñamo existen de todo tipo. Aunque su relación con la marihuana sea inevitable, es importante afirmar que los niveles de THC de la fibra en la mayoría de los casos no supera el 1%; es decir, no tiene ningún uso psicoactivo. La Eletta Campana es una de las variedades certificadas para el uso industrial de la fibra. Esta especie es reconocida por el gran tamaño de sus hojas y su resistencia a ambientes secos.

En el Perú, hay que seguir un protocolo para la obtención de las semillas. El Ministerio de Agricultura (MINAGRI), a través del Servicio Nacional de Seguridad Agraria (SENASA), controla las importaciones de las semillas de cannabis. Por su parte, el Ministerio del Interior (MINITER), a través de su Dirección Antidrogas (DIRANDRO), emite los protocolos de seguridad necesarios para las licencias de cannabis en el territorio nacional.