La semana pasada se vio marcada por una serie de enfrentamientos continuos entre fuerzas del orden y vendedores ambulantes en varias partes céntricas de la capital. Sin embargo, estos enfrentamientos tienen un trasfondo que va más allá de la informalidad voluntaria o el desorden urbano típico generado por el comercio ambulatorio, ya que por las consecuencias económicas de la pandemia se encuentra un crecimiento atípico del comercio ambulatorio.

¿Por qué ha crecido la población dedicada al comercio ambulatorio? ¿Por qué ocurren aglomeraciones? A pesar de que no esté comprobado con cifras o testimonios tangibles, es un hecho que una fracción importante de la población dedicada a la venta formal de bienes ahora se dedica a la venta informal por la falta de solvencia durante los meses de cuarentena. Un ejemplo de sector afectado económicamente por la cuarentena es el sector textil, especialmente, el emporio de Gamarra. Un foco del sector textil extendido por 54 manzanas, extendido por gran parte de La Victoria. Un foco que ahora mismo se encuentra en crisis por la gran cantidad de mypes que están cerrando sus puertas a causa de la incapacidad de poder seguir pagando alquiler y sueldos, puesto que en estos meses los negocios no tienen liquidez económica. Es innegable admitir que una parte importante del comercio informal que actualmente se aglomera en los sectores más concurridos de la capital proviene de Gamarra, ya que ahora mismo los comerciantes se esfuerzan por evitar que el stock que no se vendió se traduzca en pérdida. No obstante, tampoco se puede negar que la aglomeración y falta de organización por parte de los ambulantes podría ocasionar un incremento en la cantidad de contagios de COVID-19, debido a las aglomeraciones y falta de condiciones de higiene hacen que se pueda esparcir fácilmente el virus. Del mismo modo, la PNP se ha visto obligada a recurrir al uso de la fuerza e incluso ha sido agredida por los ambulantes que se resisten a abandonar las calles y paraderos. Durante varios días, las zonas donde se concentraban los ambulantes han sido tierra de nadie. ¿Se podrá resolver o atenuar la gravedad de  ésta situación a corto plazo? Es debatible, ya que las condiciones de varias pymes y mypes aún son inestables, es bastante probable que durante la reapertura no recuperen la inversión que realizan para reabrir. ¿Qué pasará con los informales que siempre han sido informales? ¿El Estado podrá apoyar las iniciativas municipales, o proponer un plan organizado para intentar que una fracción de la población peruana vuelva a ser económicamente solvente? ¿Se pudo hacer algo durante el estado de emergencia para evitar que la situación llegue a este extremo?

En primer lugar, existe un aspecto de especial consternación que afectará la economía a corto, medio, y largo plazo. No es novedad que una parte importante de la Población Económicamente Activa (PEA) se encuentra empleada en rubros informales. Acorde a cifras del INEI, en el 2019 se ha visto que el 72.6% de la PEA está ocupada en empleos informales, y cifras aún más preocupantes del 2017 definen que el 94.2% de los trabajadores informales se encuentran en estado de pobreza. Por ende, han sido mucho más vulnerables ante el estado de emergencia. Ahora, el cierre de mypes y pymes en Gamarra va a incrementar estas cifras, haciendo que a largo plazo el sistema económico sea más frágil. Pero, ¿Los programas de estímulo que el gobierno está poniendo en marcha serían útiles? Tal vez sí, pero tal vez no. Muchas pequeñas y micro empresas se encuentran en un estado donde las pérdidas se han materializado y serán difíciles de recuperar. Además, los requerimientos de bioseguridad pueden dificultar el funcionamiento de los comercios formales. Inevitablemente, una parte de las empresas dedicadas al rubro textil dejará de funcionar así exista un plan gubernamental para reactivar los negocios. Incluso, será más difícil que los comerciantes o trabajadores informales puedan llegar a la formalización, dado que las condiciones no son favorables por lo impredecible que es el futuro económico del Perú, y la inversión que conlleva la formalización potencialmente traería más desventajas que ventajas. Las pymes y mypes que solían ser formales potencialmente podrían dejar de serlo por culpa de la falta de ingresos, y es menos probable ver a trabajadores informales invirtiendo para formalizarse en un mercado con futuro incierto. Sin embargo, aún existe una solución posible que afortunadamente ha sido dada a tiempo: la reapertura de Gamarra. El funcionamiento a puertas cerradas le puede permitir a los comerciantes cambiar su estrategia o área textil, e innovar a la producción de elementos de bioseguridad o poder ensayar ventas desde una plataforma online, teniendo noción del stock que se podría producir en determinada cantidad de tiempo estando en el taller. La reactivación de negocios que manejan ropa hecha significa la reactivación de empresas dedicadas a la venta de tela, por lo cual también incrementa la venta de materia prima. Si bien es cierto, la reapertura de Gamarra es un buen paliativo, pero no debe ser confundida con un remedio perpetuo, ya que la desorganización y almacenamiento del stock por parte de las empresas podría conllevar a un riesgo de salud tanto de los empleados como empleadores. Considerando que la reactivación de empresas dedicadas al rubro textil significa la aceleración de la actividad, varios de los almacenes que desde antes de la pandemia se encontraban en condiciones cuestionables podrían dar de sí y ocasionar una tragedia. Sin contar la desorganización y falta de seguridad en la infraestructura de estos almacenes, se tiene que tomar en cuenta el peligro de salud que representa el traslado constante de mercaderías, ya que las empresas textiles tienden a hacinar almacenes pequeños con mercadería, y estos almacenes no solo son ocupados por una empresa, si no por varias. Gamarra se va a volver a mover eventualmente, es cierto, pero no se sabe si volverá una cantidad similar de empresas formales y nada asegura de que existan condiciones para una reactivación acelerada, con todos los peligros que ésta conlleva.

Al inicio del estado de emergencia, el Estado cometió varios errores por la falta de experiencia y políticas de intento-error. Algunos errores costaron más, y otros fueron fácilmente solucionables en el transcurso de los días. Uno de nuestros mayores errores fue importar bienes que fácilmente pudieron haber sido producidos en territorio peruano, por trabajadores peruanos que no hubieran visto sus negocios cerrar por falta de ingresos. La importación de materiales de bioseguridad como mascarillas, mamelucos, y guantes ha generado controversia por los sobrecostos encontrados en las compras que hizo el Estado. Además, al considerar que estos bienes se encuentran en alta demanda, los precios llegan incluso a duplicarse si los pedidos se realizan para que sean entregados en un plazo corto de tiempo. ¿Pudo ser Gamarra una buena alternativa para producir material textil de bioseguridad, y minimizar la importación? Definitivamente sí. Gamarra tiene el potencial productivo para poder producir bienes de bioseguridad en un plazo corto de tiempo, e incluso la producción masiva nacional pudo acelerar la distribución en los centros donde se le requiera. Por último, el costo hubiera sido mucho menor, ya que la producción en masa resultaría mucho más barata para el Estado, incluso pudimos haber exportado a otros países de la región para seguir produciendo ganancias aún durante el estado de emergencia. Sin embargo, existen argumentos para pensar que producir material de bioseguridad desde Gamarra no es la mejor idea, puesto que existen una serie de desafíos que el Estado tendría que evaluar si pueden ser controlables o no. Ante la producción masiva, se necesitaría una masa grande de trabajadores para coordinar entregas, producir los bienes, tela, y distribuir donde sea necesario. Esta masa grande de trabajadores estaría vulnerable ante el rápido esparcimiento de la COVID-19, puesto que en la fase inicial del estado de emergencia, la cifra “r” era más alta. Añadir más trabajadores a la población permanentemente expuesta al virus era claramente un riesgo que podía resultar en un alza de casos diagnosticados  ¿Pudo haberse manejado esto? Es discutible, porque al inicio del estado de emergencia no se tenía el conocimiento que se tiene ahora acerca de las medidas de seguridad frente a la reapertura de negocios. Métodos como testeos masivos, medidas estrictas de bioseguridad en fábricas y talleres, y constante fiscalización en los lugares donde el Estado ha aprobado la producción masiva de bienes pudieron haber hecho viable la reapertura sin mayor riesgo para la salud de los trabajadores y su entorno. Tomando en cuenta que estos métodos se empezaron a usar en China tras el decrecimiento de casos y reactivación económica, pudimos haber tomado el ejemplo. Los costos que conlleva la fiscalización y la provisión de material de bioseguridad para trabajadores hubieran sido menores a largo plazo para el Estado, ya que se estaría eliminando el gasto arancelario y el transporte internacional del material que se está importando. Incluso, lo que parecería ser la diferencia más significativa y positiva, es que la producción interna de material de bioseguridad emplearía a miles de personas y estaría manteniendo activas las principales fábricas que producen bienes textiles para Gamarra. Por lo que se hubieran evitado las consecuencias económicas catastróficas que se ven ahora mismo con el comercio, un decrecimiento en la formalización y la cantidad de ciudadanos que ahora están ocupados en el trabajo informal. ¿Se tienen que tomar en cuenta las medidas de seguridad, más allá de la seguridad sanitaria? Definitivamente. Tal vez ese es el mayor motivo por el cual Gamarra no podría trabajar de forma acelerada. Las empresas productoras estarían más beneficiadas con la producción interna de material de bioseguridad. Es un hecho que, de esta crisis venidera, las más afectadas serán las pymes y mypes por lo complicado que será sobrellevar un periodo de ventas inciertas y falta de liquidez para transformar el rumbo de su negocio. Tuvimos oportunidades para salvar una parte del sector textil formal, es cierto, pero los errores y materias que no se llegaron a considerar o apoyar por parte del gobierno generarán más desafíos que tenemos que enfrentar ahora como país.

Así como Gamarra, muchos sectores y conglomerados comerciales tienen un futuro económico incierto, ya que no se puede predecir si las personas serán capaces de tener la capacidad de compra que tenían antes por el decrecimiento de la solvencia económica. Ahora mismo, el Estado está dando medidas paliativas como la reubicación de los vendedores ambulantes en zonas públicas abiertas, para asegurar que puedan trabajar con medidas de seguridad. No obstante, varias juntas vecinales han mostrado su desacuerdo con respecto al traslado de ambulantes a los parques zonales aledaños a su residencia, por lo que existen varias trabas en este momento para un manejo seguro de la situación de los ambulantes y es altamente probable que en el futuro ocurran más enfrentamientos entre policías y vendedores informales en medio de la vía pública.

Las siguientes semanas serán cruciales para evaluar la evolución y producción en el emporio textil de Gamarra, viendo la manera en la que las empresas productoras sólidas pueden recuperarse y analizando el avance de la situación global de las pymes y mypes, viendo la situación en macro. Aún no se sabe si serán capaces de enfrentar las grandes pérdidas y la falta de liquidez aún con los préstamos ofrecidos por Reactiva Perú, ya que los principales gastos se harán con la implementación de medidas de bioseguridad para poder atender, y con el pago de servicios como el alquiler del local. El futuro aún es incierto pero es posible que con la apertura de galerías exista una posibilidad de recuperación de inversión e incluso ganancia suficiente para asegurar la continuidad de pequeñas empresas. Los errores se han cometido, las consecuencias económicas ya son visibles y ahora es labor del Estado asegurar la continuidad de la mayor cantidad de empresas posibles para que éstas puedan emplear a la población. Conocemos el peor de los escenarios, el país puede acrecentar su informalidad aún más y dejar de producir empleo formal, pero una planeación adecuada acompañada de medidas de seguridad y estrategias funcionales podrán asegurar asegurar que la informalidad se mantendrá controlada o en el incremento mínimo.