Estos últimos meses (por no decir desde este año), ha habido una tendencia muy interesante en la mayoría de equipos. Una tendencia que está relacionada con jugar de visitante.  Esta tendencia es de jugar “de igual a igual” cuando se es visita. No es una nueva forma de juego, sin lugar a dudas, pero se ha usado más en estos últimos años. Los estrategas ya no plantean sus partidos de visitante en función a su condición – visita o local (aunque este sea un factor importante) –, sino en función al nivel de dificultad del partido, justamente como si fueran locales. Así, la manera de jugar “echándose para atrás” se está dejando de lado. No creo que sea porque se tiene de cobarde al equipo que de echa atrás, más bien pienso que se ha encontrado mejor equilibrio jugando de igual a igual. Cuando un equipo juega de visita y solo se dedica a defender, manteniendo sus líneas (todas) sin casi pasar mitad de campo, el equipo local tiene toda la libertad para atacar, y atacar y, bueno, por qué no, seguir atacando. En cambió cuando el visitante saca sus líneas un poco, pasando constantemente la mitad del campo y hasta atacando igual que el local, este se ve obligado a ser un poco más reservado y a no dejar tantos espacios. Es lógico, y evidente, que cualquiera de las dos tácticas (“echarse para atrás” y jugar de “igual a igual”) necesita de mucha práctica y valor.

Borussia Dortmund, Bayern Munich, Barcelona, Real Madrid, Corinthians, Boca Juniors, Real Garcilaso, UTC de Cajamarca, entre muchos otros son los que han hecho de sus partidos de visitantes, partidos equilibrados jugando de igual a igual al rival. A algunos les ha funcionado muy bien; a otros, no tanto. Veremos pues el caso de Boca en cuanto a usar equilibrio en los partidos. El equipo argentino de la mano de su técnico el “virrey” Bianchi, ha logrado pasar a los cuarto de final de la copa libertadores tras ganar 1 – 0 en Argentina y empatar 1 – 1 en Brasil. Entendamos primero que Boca Juniors es un equipo, como lo llamarían los jugadores de antaño, aquellos que no se olvidan de los partidos que ahora nosotros recordamos por Youtube, “copero”. En ese sentido, ellos ahora están jugando con dos equipos: el uno juega exclusivamente en la copa argentina, el otro juega exclusivamente en la copa libertadores. Así de importante es para ellos campeonar la copa de américa. No es, lógicamente, que no les importe el campeonato local, sino que simplemente el internacional es pues algo más importante (comenzando porque cuando pasan de fase el club gana una cantidad considerable de dólares). Por esa razón tal vez a los bosteros no les va bien en la copa local, pero bueno, nos estamos yendo por las ramas. Ya entendimos que Boca está enfocado en la copa, y en ese sentido lo está haciendo bien. Ganó en la bombonera y en el Maracaibo empató. El segundo partido fue el interesante, el que dio qué pensar y nos mostró a un equipo que quiere ser campeón.

Lo más impresionante fue el dominio total de la mitad del campo; con o sin el balón en su posesión, el equipo argentino mostró superioridad, pues cerró todo espacio libre, la presión ejercida sobre Corinthians fue tremenda (en ese sentido Riquelme y Erviti fueron los que manejaron ese aspecto muy bien), y si bien la defensa fue sólida, el arquero tuvo mucho trabajo y respondió muy bien. Eso fue lo interesante. Cualquier equipo “normal” que va a Brasil sabe que presionar al equipo local y cerrar bien el medio campo es un trabajo muy duro, por lo que generalmente a Brasil se va a buscar el empate, y aun cuando Boca solo necesitaba empatar, su actitud era la de un equipo que quería ganar, y, por qué no, hacer historia. Así, Boca adelantó su medio campo hasta un poco más arriba de la mitad y jugó como local. A pesar de ese riego, no dejó espacios, y eso fue lo más interesante. Estuvieron tan bien preparados física y mentalmente para resistir 90 minutos, que hasta cubrieron los espacios dejados por Corinthians y así aprovecharon todo posible ataque. El gol, sin embargo, no llegó por un ataque, sino por una pelota que Riquelme lanzó y entró en el arco, pura suerte creo yo. Al fin y al cabo llegó el gol y a celebrar, bostero. Pero siguiendo en la línea, Boca en ningún momento del partido se “echó para atrás”. No es un equipo de esos, y no lo será. Más bien presionó, metió, empujó y cerró toda libertad del “timao”. No importa qué brasileño haya estado ahí ni si el estadio estuviera lleno, lo único que importó fue equilibrar. El equilibrio logrado por el equipo del “virrey” fue tremendo, nunca antes o había visto después de las semifinales de la Champions. Un partido “redondo”, se podría decir, porque se logró lo que se quería, que obviamente no era empatar sino pasar a cuartos. Así, Boca se convierte (en realidad siempre lo fue) un ejemplo de cómo se juega al fútbol en Brasil y de visita.

Y digamos que el equilibrio también lo consiguió Real Garcilaso, pero en menor medida; Boca Juniors equilibró el partido de tal manera que la frustración era tan evidente en la mirada de los jugadores como del técnico como de la hinchada brasileña. Cólera era lo que hubiese sentido de ser hincha de Corinthians. Queda demostrado así que echarse para atrás es la peor de las opciones cuando se juega de visita, y una conclusión evidente es que dominando la mitad de la cancha se encuentra el equilibrio, y encontrando el equilibrio es posible ganar y hasta golear de visita en la cancha más difícil (Boca en Brasil y Bayern en el Camp Nou). Ejemplos, hay varios, pero quise coger este pues me parece el más impresionante, porque en Brasil es muy difícil ganar. La presión, la historia y el equipo pesan, pero siempre se puede ganar si el equilibrio es encontrado. Ejemplo grande el del Boca, para seguir, un partido para analizar, lo cual me gustaría hacer pero las líneas y el tiempo no me dan. Pero, vamos, tenemos lo necesario en el análisis: el equilibrio ejercido por el control del medio campo, las líneas avanzadas, la presión ejercida y los espacios cerrados. Buena victoria la bostera, y, cómo diría un criollo Argentino, “llenáme la copa y que siga el tango la Bombonera”.