Como todo en la vida, podemos dejar que las cosas pasen en frente de nosotros. Dedicarnos a disfrutar y valorar cada una de ellas, hace que todo se vuelve más bonito. Y para eso está hecha la música; es decir, para disfrutarla y sentirla. Me pongo a pensar cómo nació la primera canción, quién fue el que escribió la letra, qué es lo que quería transmitir o cómo se le ocurrió el ritmo. Sea como haya sido, fue el comienzo de algo grande. No me imagino la vida sin música. Es la perfecta forma de ponerle ritmo y movimiento a todo lo que nos rodea.

Hablar de música es hablar de un arte universal que tiene el poder de unir a las personas, pues no excluye razas, religiones, ideologías ni nacionalidades; no tiene fronteras ni reglas. Sin importar el idioma en el que esté, la simple combinación de sonidos nos puede hacer levantarnos y bailar. No existe forma más pura para expresar lo que sentimos que hacerlo mediante una canción. La letra puede ser el reflejo mismo de nuestros sentimientos, cuando las palabras nos quedan cortas frente a una emoción tan grande.

La música ha estado ahí en todos los momentos que podamos imaginar. Nos ha servido de compañía, de consuelo y de ánimo. A veces escuchamos música por escuchar, pero otras veces nuestro único propósito es silenciar nuestros pensamientos, alejarnos un poco de todo lo racional y sólo dejar que la música nos haga sentir mejor. Y es que la música nos puede cambiar de humor, tanto para bien como para mal. Una sola canción nos puede alegrar el día o hacernos sentir fatal. Pero debemos recordar que no nos sentiremos de  esa manera toda la vida, es como escuchar una lista de reproducción aleatoria: te puedes dar con la sorpresa que después de una canción triste, sigue una canción alegre y aunque sea, por un momento, te hace olvidar toda la tristeza que sentías. Ahí está lo mágico de la música.

Todos tenemos esa canción en particular que nunca nos dejará de gustar, esa canción que cantas en la ducha, esa canción que aún al escucharla tiempo después, te sabes toda la letra, esa canción tan importante para ti que te hace llorar, esa canción que simplemente no puedes dejar de bailar, esa canción que te hace sentir bien sin importar el humor en el que estés, esa canción que te trae tantos recuerdos, esa canción que era tu favorita hasta que te hartaste de escucharla, esa canción que te dedicaron o que dedicaste, esa canción que de chibolo te encantaba, esa canción que en la pista de baile siempre gritas:  “esa es MÍ canción”. Y es que la música, es más que sólo música, se vuelve parte de todo lo que vivimos, se liga a nuestras experiencias como si fuera el soundtrack de nuestra vida.

Disfrutemos y sintamos la música, dejémonos llevar por el ritmo; porque sin importar el género ni el artista, la música está hecha por y para las personas.

La música debe mover tus pies o tu corazón.