“Aumento de sueldos”, esta ha sido, entre otras consideraciones, una de las exigencias de algunos sectores laborales en las recientes protestas desencadenadas a lo largo y ancho del país. Las razones varían de acuerdo a cada circunstancia del empleado, pero la respuesta es la misma de parte del Ejecutivo: no hay plata pues ya se destinaron los respectivos fondos. Es algo muy raro pues hasta hace pocos meses-hoy ya no- el Perú era la estrella guía económica. Mucho se conversaba sobre la buena salud de nuestra economía. Por ende, las arcas del Estado estaban pletóricas por decir lo menos. Además, algunos analistas económicos aseguran que la rigidez de la ley laboral no está ajustada a los nuevos tiempos y demandan una flexibilización del régimen laboral actual.

Iván Franco, economista y columnista de América Economía, toca el tema de aumento de salarios en un reciente artículo. Para ello se sostiene en la inédita experiencia del conocido empresario Henry Ford. Corría el año 1914 cuando el empresario automotriz de un día para otro duplicó el salario de sus 14 000 trabajadores. Con ello la moral del trabajador subió y la productividad de la empresa creció en un 40% y 70% al año de la puesta en práctica de la inusitada medida de Ford. Franco recalca que para que esto sucediera Ford tenía el capital y, sobre todo, la decisión de que así sea.

La hazaña de Ford (decimos hazaña por lo poco común y arriesgado que es) es conocido en economía como distribución de rentas. Sostiene Franco que este es un proceso poco estudiado por la infrecuencia con que se da. Ni los sindicatos son capaces de persuadir para que se dé un aumento de manera tan radical, es decir, de un día para otro. Este proceso de economía está reñido con otro que parece serle más provechoso a las grandes empresas: según un postulado del economista John Stuar Mill-siguiendo a Franco-las economías se apoyan en la teoría de fijación de salarios. Franco lo explica así: si el empresario dividiera las ganancias generadas por la empresa en partes iguales entre sus trabajadores, estos serían igual de acaudalados que él en cierto periodo de tiempo. Llegado el momento en que el capital aumenta, el empresario tiene dos opciones: o concentra tal dinero o lo distribuye. Los hechos cotidianos dictan que está sucediendo lo primero.

El columnista denuncia que esto es contraproducente y contradictorio en una economía basada en el consumo. Lo primero porque destina al trabajador a una vida limitada, pues gana lo justo (cita el empleo informal en la emergente India). Lo segundo, como consecuencia, no tendrá el efectivo a su disposición para cumplir la necesidad creada por la publicidad, en otros términos, no podrá consumir. Finalmente, se determina que al día de hoy existen “cientos de miles de empresas” que cumplen tal característica que en su momento Ford tuvo. La crisis económica que ha reducido la calidad de vida de millones de persona no parece inmutar a las grandes empresas transnacionales, las cuales se han venido prodigiosamente favorecidas por el contexto de la economía mundial.

(Aquí el link de la columna citada: http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/es-posible-tener-mejores-salarios-en-el-mundo-el-caso-de-henry-ford)