Marzo, mes de conmemoración a la lucha femenina por derechos e igualdad.

La literatura siempre deja huellas históricas y, a propósito del presente mes, es importante ver cómo han sido presentadas las mujeres en distintas obras. A continuación, una pequeña lista de mujeres narradas, a través del tiempo, por la pluma de diez autores varones. Ellas quizá fueron personas que existieron con otros nombres, mujeres cuya realidad se convirtió en cuento.

Medea – Medea de Eurípides (431 a.C.)

Medea es una mujer sabia, seductora e inteligente a la que la traición convierte en asesina. Perdidamente enamorada de Jasón, enloquece tras el abandono de su marido por otra mujer. Como venganza, Medea envenena a su rival, causándole la muerte, y asesina a los hijos que tuvo con Jasón.

El público ateniense, educado en el racionalismo, se escandalizó ante la pasión desatada que se refleja en Medea.

“Dicen que vivimos en la casa sin peligros, mientras ellos luchan con lanza. Necios, preferiría tres veces estar con el escudo que enfrentarme al parto una sola vez”.

La celestina – ‘Comedia de Calisto y Melibea” de Fernando de Rojas (1499)

Aunque no es la protagonista de esta tragicomedia, la vieja Celestina ocupa un papel trascendental a tal punto de hacerse con el título de la obra. Dueña y señora de la sabiduría popular, controla las dolencias y debilidades del cuerpo. Cualidad que quizá no la hace poderosa, pero sí necesaria. Sin embargo, es la avaricia la que la conduce a la muerte; aún cuando ella continúa aplicando una ley infalible: decirle a cada persona lo que quiere escuchar.

“Ella tenia seis oficios, conviene a saber: labrandera*, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primer oficio cobertura de los otros…”

Dulcinea del Toboso – “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la mancha” de Miguel de Cervantes (1605)

De todos los personajes femeninos de la historia de la literatura, es Dulcinea del Toboso la más sorprendente, ya que nunca existió. Se trata, pues, de la ficción de un personaje literario, por lo tanto, es doblemente literaria. Inspirada en Aldonza Lorenzo, una campesina que ha sido creada por su enamorado caballero, ella es motivo de amor incondicional y numerosas aventuras de Don Quijote.

“Moza labradora de muy buen parecer, de quien él anduvo enamorado, aunque ella jamás lo supo. A Aldonza Lorenzo, princesa y señora, la llamó Dulcinea del Toboso: nombre músico y peregrino”

Carlota – “Las penas del joven Werther de Johann Wolfagang Von Goethe (1776)

Escrito en cuatro semanas y sin borrador, Goethe escribió esta obra para librarse del recuerdo de un amor no correspondido. Si Werther se convirtió en el prototipo del joven romántico, Carlota representa el ideal femenino del Romanticismo: el ángel del hogar, esposa, madre, rodeada de sus hermanos como en un futuro lo estaría de sus propios hijos. Carlota y Werther hubieran sido la pareja perfecta, compartiendo su amor por la poesía, la música y la Naturaleza.

“Carlota se levantó, turbada e indecisa entre el amor y la cólera, le dijo: “Es la última vez, Werther; no volveréis a verme”. Y lanzando sobre aquel desgraciado una mirada llena de amor, se encerró en la habitación”

Marguerite Gautier – “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas (1848)

Alejandro Dumas tenía veinte años cuando conoció a la cortesana Marie Duplessis, de la quién quedó perdidamente enamorado. Cuatro años después, una vez fallecida, la inmortalizó como Marguerite Gautier, protagonista de una de las novelas que inician el Realismo francés. Marguerite es una mujer irresistible, que lleva una vida de lujo en el París del siglo XIX y que renunciaría a sus privilegios para morir en soledad por el gran amor que siente por Armand Duval. Un final trágico para un amor imposible.

“Son tres cosas que ella jamás abandona y oculta en la parte delantera de su palco de platea: sus gemelos, una bolsa de bombones y un ramo de camelias… ”

Nora – “Casa de muñecas” de Henrik Ibsen (1879)

Cuando Nora descubre que su marido no es la persona que ella creía, comienza a contemplar su realidad: una mujer que ha pasado de la tutela del padre a la del marido y que cree que es incapaz de comportarse como una auténtica madre a causa de inexperiencia y falta de reflexión. Aunque posee la oportunidad de olvidarlo todo y rehacer su vida, no lo hace. Por entonces, la obra supuso un gran escándalo debido a la posibilidad de este final alternativo.

“Lo que creo es que ante todo soy un ser humano tal como tú… o, en todo caso, debo luchar por serlo. No me contento con lo que dice la mayoría ni lo que leo, debo pensar por mí misma y ver con claridad”

Emma Bovary – Madame Bovary de Gustave Flauvert (1857)

Emma Bovary no se resigna a su propia suerte, a su vida mediocre, con un marido anodino en una pequeña localidad normanda. Anhela una existencia plena, romántica, donde su pasión desatada se realice. Madame Bovary busca remedio para el aburrimiento en brazos de amores prohibidos que la defraudan y en la posesión de objetos bonitos que no puede pagar. La crítica de su tiempo fue injusta con la novela, acusándola de fomentar las malas vivencias y el libertinaje banal.

“Se repetía: “¡Tengo un amante! ¡Un amante!”, deleitándose en esta idea de pubertad renacida. Por fin iba a poseer esos goces de amor, esa fiebre de felicidad desesperada por hallar. Empezaba algo maravilloso de pasión, éxtasis, delirio”

Ana Karenina – “Ana Karenina” de León Tólstoi (1877)

Ana Karenina, casada con un hombre al que siente lejano y madre de un niño de ocho años, se enamora del joven militar Vronsky por el que acaba abandonando a su familia. Sin embargo, las convenciones sociales darán fin a una historia de amor intenso y verdadero; cuando Ana presiente que la pasión de su amante está llegando a su fin, todo deja de tener sentido y acaba con su vida.

“Cuando se lo confesó todo a su marido fue una dura prueba para ella; pero a pesar de la aflicción, se sintió aliviada al hacerlo. Por qué engañar y mentir”

Ana Ozores – “La Regenta” de Leopoldo Alas Clarín (1885)

Ana Ozores, la joven esposa del anciano don Víctor de Quintanar, se siente atraída por su confesor don Fermín de Pas y el conquistador, Alvaro Mesía. El aburrimiento de Ana trata de consolarse en la religión y la pasión. Se trata de la narración de los íntimos pensamientos y anhelos de la mujer española del siglo XIX, víctima de un matrimonio sin amor y carente de la educación que le permita mantenerse por sí sola.

“Ella le miraba con llamaradas, le sonreía como una diosa que admite el holocausto, pero una diosa humilde, maternal, llena de caridad, de amor y fuego”.

Fortunata – “Fortunata y Jacinta” de Benito Pérez Galdós (1886 – 1887)

Ambientada en la España del siglo XIX, la novela narra el triángulo amoroso de Juanito Santa Cruz, apuesto hijo único de padres ricos; Jacinta, delicada y joven esposa; y Fortunata, joven huérfana y vendedora de huevos. Fortunata es una mujer del Madrid popular que atrae al imprudente Juanito, conocido como “el Delfín”, arrastrando a Jacinta en una historia donde el amor y la pasión se dan la mano.

“Pensó no ver nada y vio algo que le impresionó: una mujer bonita, joven, alta… Pañuelo azul en la cabeza y mantón sobre los hombros. Al ver al Delfín, se infló con él; quiero decir, hizo un movimiento que les da cierta semejanza con una gallina”