El primero de octubre a las 16:15 horas en España (9:15 hora peruana), se jugó el partido entre FB Barcelona y UD Las Palmas, por la fecha 7 de la Liga Santander. Pero el cuadro que apreciamos no es la imagen habitual a la que nos tiene acostumbrados el Camp Nou, hogar de los culés: por primera vez en su historia, se juega un partido a puerta cerrada. ¿El motivo? El referéndum declarado ilegal por el gobierno central sobre la secesión de Catalunya de territorio español.

Pero la historia no comienza ahí. El 6 de septiembre, Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya (órgano ejecutivo de la comunidad autónoma) convoca oficialmente a realizar el referéndum que decidirá la permanencia de la comunidad catalana en España. Frente a la posibilidad de que dichas votaciones sean celebradas, Mariano Rajoy, presidente de España, presenta una demanda ante el Tribunal; el cual falla a su favor, declarándola inconstitucional debido a que este tipo de decisiones sólo pueden ser tomadas por todo el pueblo español, y no por una parte de este. Asimismo, la constitución española no ampara el derecho de secesión. Aun así, Carles Puigdemont continuó con la consulta popular, pactadas para el pasado domingo, coincidiendo con el partido del club blaugrana.

Rápidamente, Josep Maria Bartomeu, presidente del FC Barcelona presenta una moción ante La Liga para suspender el partido que debían disputar ambos equipos con el motivo de celebrar el referéndum catalán. La Liga se niega ante dicha petición, alegando que al haber sido declarado dicho referéndum como inconstitucional e ilegal, no aplica una suspensión como podría haber ocurrido en caso de una elección programada previamente. Además, se amenazó al FC Barcelona con una sanción de seis puntos: el partido se perdía 3 – 0, a favor de U.D. Las Palmas, y se les restaba tres puntos en la tabla de clasificaciones.

Por otro lado, La Grada de Animación, la barra oficial del Barça, presiona al club a no disputar el partido o de lo contrario estos lo harían, manifestándose mediante Twitter, así como grupos de Whatsapp haciendo un llamado a los culés a saltar al campo en el minuto 1 del partido, y hacer una sentada pacífica en contra de la violencia desplegada por los cuerpos armados y apoyo a la votación. La tensión también se vivió al interior de la plantilla. En los vestuarios la opinión era dividida, aunque la mayoría de los jugadores querían disputar el partido, otros se mostraban en contra, con Gerard Piqué a la cabeza.

Ante la amenaza y negativa de La Liga, la presión de la Grada de Animación, la tensión entre los jugadores y la del pueblo catalán en general; la mesa directiva decide celebrar el partido, pero a puerta cerrada, a modo de protesta, por su disconformidad con lo que estaba ocurriendo en Catalunya, y seguridad. Las reacciones no se hicieron esperar. A las afueras del estadio, los culés que se habían congregado para ver el partido, mostraron su molestia con pifias y un cántico que iba de la siguiente manera: “Abre la puerta hijo de p*ta”. Asimismo, esta decisión tomada por el presidente del club catalán causó la dimisión de dos directivos: el vicepresidente del club, Carles Vilarrubí y Jordi Monés, responsable del proyecto de innovación del Barça, quien presentó su renuncia durante el partido.

Por su parte, Las Palmas publican un comunicado, donde se pronuncian en contra del referéndum, y como muestra de ello deciden bordar la bandera española en la camiseta, con la fecha 01.10.17. Ante este acto, la plantilla blaugrana decide salir al campo con la camiseta de la senyera, la bandera de Catalunya, a modo de apoyo a los catalanes, para quitársela momentos previos a que empiece el partido.

Comienza el partido, el tablero no marca el tiempo ni los goles, en su lugar se lee un mensaje: Democràcia. Hay un clima enrarecido. Se puede oír con mayor facilidad a los jugadores, el sonido de los pelotazos retumba en el estadio, pero ni un solo canto de apoyo.  Minuto 71, alguien irrumpe en el terreno de juego, nadie sabe cómo entró, pero sus intenciones son claras: protesta. Lleva una boleta en la mano, los agentes de seguridad lo retiran inmediatamente, y el partido continúa. Ante tanto silencio, los periodistas se prestan como público, aplaudiendo en los momentos emocionantes.

Acabado el partido, Gerard Piqué, futbolista emblema de la Ciudad Condal, y señalado separatista, en rueda de presa se mostró claramente afectado con la violencia usada por la policía, llegando a quebrarse al momento de hablar. Asimismo, expresó que no tenía problema en dar un paso al costado en la selección española si es que incomodaba; ya que muchos hinchas lo critican por ser partidario de la independencia catalana.

No hubo celebraciones pomposas, tanto durante el gol de Sergio Busquets, quien abrió el marcador, o el doblete de Messi; ni la típica ovación cuando Andrés Iniesta entró o salió lesionado del campo; ni el Cant del Barça entonado por los culés. La vista más surrealista en la que se ha encontrado jamás el equipo catalán. Sin duda alguna uno de los partidos más difíciles que ha tenido que enfrentar el Barça, sin su mayor aliado presente: los hinchas. Catalunya vive su momento más difícil y se vio reflejado en un partido que quedará para la historia del club barcelonés. El Barcelona ha demostrado que su famoso lema no son solos palabras pintadas en la grada: Més que un club – Más que un club-, pese a que esto haya ocasionado la molestia de los culés, y demás aficionados del fútbol, quienes piensan que la política y el fútbol no van juntos; aunque esta ocasión decidieron encontrarse en un contexto de agitación política y social.