Muy bien para ser la tercera marcha

 

La convocatoria para la tercera marcha contra la ley “pulpín” era para las 3:00 pm. Pero a las 4:00 pm, Plaza 2 de Mayo, punto de reunión para los universitarios, estaba casi desierta si se le veía desde la avenida  Colonial. “Ya se fueron de “vacas””, cualquiera hubiera pensado. Pero desde el lado que da para el Centro mismo, al otro lado de la efigie de esa plaza estaban los estudiantes. Aproximadamente unos 50. Nada mal para una tercera marcha en menos de 15 días y que, a juicios críticos, solo desgasta el “rejuvenecido” movimiento social.

Antes de las 5:00 pm, el grupo de estudiantes partió hacia Plaza San Martín. Y la atención concitada por los estudiantes nuevamente recayó en el aparatoso tránsito, los ambulantes y el raído edificio republicano quemado hace unos cuantos meses atrás.

 

Las ansias de cruzar y la entrega de “dotes”

 

La avenida Colmena, para quien se había apartado de la marcha, se convertía en un auténtico desafío. Como quiera que los jóvenes pararan el tráfico, los policías de  tránsito hacían cruzar, por las arterias, las filas de coches, y detenían a los que querían unirse a la marcha. Era una especie de “siente lo mismo que los autos cuando marchas”. Por eso un estudiante de pechos desproporcionados decía muy inocentemente: “”Asuu”… ese tombo no quiere que marche. Represión en las pistas…”. Una vez que vio a unos carros poner más lenta la marcha, sin embargo, aprovechó el sajiro y se metió para seguir la marcha estudiantil que ya estaba enrumbada y próxima a Plaza San Martín.

Al dar con ella, entregó vinagres y yo botellas de agua por universidades. Ambos éramos del “comité de compras”. Callao, Agraria, Uni y San Marcos recibieron dos vinagres y dos botellas de agua. La Ruíz y la  Católica, una de cada producto. No porque sean privadas y se nos vea como “pitucos”, sino porque en ese momento éramos menos y había que respetar la proporción.

“E.T. escucha/y únete a la lucha”

Plaza San Martín fue, como tantas otras veces, el máximo punto de encuentro. Ahí la gente se organizaba, se reunía, se saludaba y se despedía para alistarse a lo que sería la tercera y última marcha del año. Los fotógrafos se subían al monumento a San Martín y desde ahí tomaban fotos. La partida, a diferencia de la primera ocasión, no demoró mucho, pero pronto salió nuevamente hacia Colmena más nutrida y robusta que antes. Salía también con esa especie de bendición que dan esos artefactos aéreos que graban, llamados “drones”. Uno de ellos bajaba desde un edificio grande adyacente al hotel Bolívar. La figurita de cuatro patas y luces roja y verde que sabe sobrevolar y entregar una vista panorámica excelente de las movilizaciones es, últimamente, quien da los “play” de honor de las salidas. “Oe, ahí ta’ E.T.”, dijo un personaje miéntras el “drone” iba y venía por los aires.

Los “tomafotos” y el canto de las Nike y de los huecos

La marcha siguió un rumbo fijo y ordenado. La primera avenida tomada fue Tacna. A partir del Real Plaza, centro comercial que se encuentra en tal zona, se  veía más gente en las esquinas esperando cruzar. “Pueblo, escucha/ y únete a la lucha”, fue uno de los cánticos de los jóvenes. De parte de los transeúntes, que en la esquina curioseaban, solo habían tres formas de respuesta: miradas lelas, brazos levantados y, la más acorde a nuestros tiempos, tomar fotos. A esto un iracundo sarcástico profirió: “No tomes fotos/ y métete a la marcha”. En respuesta, no se le tomo foto.

Un grupo de jóvenes, mujeres en su totalidad, y que estaban cerca del grupo de la universidad Ruíz de Montoya, coreaba y gritaba como quien tiene garganta para rato. Una de ellas llevaba un cartel y de él colgaba una zapatilla Nike modelo Air Jordan rosa. La alusión era clara:  el congresista fujimorista Carlos Tubino, quien infelizmente dijo que no esperaba que la ley la atendiesen los marchantes de zapatillas Nike, sino los que tenían zapatilla con hueco. En otras palabras, la clase media no debía sentirse afectada por esta ley, sino los pobretones de… zapato con hueco.  A ellos van las migas de esta explotadora ley.

Minutos antes un coro cantaba: “Con Nike, con hueco/igual tengo derechos”, pero este, como digo, no era seguido por quienes estaban cerca de los artífices de ese improvisado canto. Cuando uno de estos preguntó visiblemente molesto por qué no lo seguían –si bien en voz baja-, le respondieron casi con compasión: “es que quizá no saben de lo del twitt de Tubino, pe’”.

 

zapatilla tubino

 

Pero quienes sí sabían eran las chicas. Así que cuando se acercaron a ella ese trío, entre los que me encontraba yo, una de las jóvenes, de cabello negro y voz amable, nos dijo: “¡Sí, claro!”; y empezó a corear al grupo: “Con Nike, con hueco/igual tengo derechos”. Lamentablemente para las chicas y ese trío, los marchantes no siguieron. Preferían los clásicos cantos del “adelante, adelante/obrero” y “estudiante/atrás, atrás/gobierno incapaz”, entre otros.

 

La presencia enferma: marchando con un “terna”

Desde la primera y segunda marcha, un fantasma recorre las marchas anti ley “pulpín”: los “terna”. Este grupo de “élite” de la policía, en palabras del Ministro del Interior Daniel Urresti, sería el encargado de acabar con la delincuencia en las calles. Lastimosamente una denuncia de El Comercio descubrió que los “terna” presentados no eran de élite sino que todavía no cumplían el tiempo requerido para atacar la delincuencia en las calles que por Ley Orgánica de la Policía y la Ley del Régimen Educativo de la Policía Nacional es de tres años. Urresti lanzó a la piscina a jóvenes con menos de la mitad de los años de estudio dispuestos.  Probablemente por ese motivo, en la que la inteligencia policial debe servir de mucho, los “terna” fueron destacados camufladamente a las marchas juveniles para ver si así aprendían algo.

Algo olía mal o se veía mal en el grupo de manifestantes de la Católica: un hombre de estatura promedio, con “caja”, cabello corto, mirada y porte muy serios, camisa de algodón ploma, jean y zapatillas blancas caminaba sin que ninguna emoción lo altere, y miraba vigilantemente a los demás. Pronto los demonios de marchas pasadas se detuvieron ante él y la conclusión fue: es un “terna”.

De inmediato, el aparato logístico, los cuchicheos, los abucheos, las tomas de fotos y demás cosas que se puedan ocurrir en medio de la marcha sucedieron. Al final, el “terna” tuvo que terminar yéndose a otro sector e, incluso, ahí se le hizo el bullying respectivo. Al presentarse como cantuteño, los estudiantes de la Cantuta se le acercaron con varias preguntas de por medio. Increíblemente, el “terna” había hecho su tarea. Respondía a casi todas las preguntas. Como en ese momento la marcha seguía de manera ordenada y no había motivo para la represión, el “terna” fue olvidado. La situación fue similar en otros momentos de las marchas, en la que fornidos caminantes de piel cobriza suscitaban la desconfianza de los concurrentes.

 

Mandarle la moto a Ollanta

La marcha, para ese entonces, ya estaba en toda la avenida Arequipa. Una fila larguísima de policías la secundaba desde el lado izquierdo, en la parte más significativa de ella, o sea, en el centro, pero perdía fuerza a medida que finalizaba esta. Eso de alguna manera significó un revés para la manifestación pues las intersecciones entre la Arequipa y otras calles eran prolongadamente impasables. Así, choferes y jóvenes protagonizaron algunas grescas que tenían un solo eje problemático: el derecho de marchar vs. el derecho de libre tránsito. El problema fue resuelto con algo impensable: llamar a la policía. Con la presencia de la autoridad, los choferes dejaron de pelearse y entendieron, a la mala, que los jóvenes marchaban contra una ley burda y que, en última, la culpa era de Ollanta por promulgarla. Por eso un hombre en moto decía: “a ese on’ hay que chaparlo”. Y un estudiante le respondió, señalando su transporte: “¡Hay que mandarle la moto, pe’ tío!”.

Vía Expresa no, sino  Confiep

Esta vez la marcha no pudo escuchar el eco de la multitudinaria voz al pasar por el puente que intersecta a Javier Prado con la Arequipa. El objetivo fijado era la Confiep, la sede del empresariado ubicada en el corazón de San Isidro. Por eso, una red compuesta por militantes del Partido Socialista, entre otros, ordenaba la ruta de la prolongada manifestación. Cuando esta hubo digerido la razón de ser de la marcha, la red se difuminó.

Al llegar a Javier Prado por una calle de apenas 30 o 50 metros, personas que parecían ser de una agrupación aprista quisieron irse por Javier Prado en dirección a la Vía Expresa. Mal cálculo para ellos. Nadie los siguió. Para hacer la finta de quien no regresa con el rabo entre las piernas, empero, se dieron la vuelta por una calle que los conectaba con la marcha, que ya entraba a la avenida Caminos del Inca.

Arriba van… los obreros y el Ágora

Adelante no iban los tradicionales partidos políticos. En su lugar, iban sindicatos. Entre ellos el de Ripley y también el de Topy Top. Los trabajadores, u obreros, iban en la parte de vanguardia. Una bandera grande y de colores iba adelante, en lo que ya era un sector heterogéneo de personas, predominantemente jóvenes. Al preguntar sobre la agrupación a la que pertenecían, la cabeza de ese sector que portaba la larguísima bandera me dijo que era la bandera del Tahuantinsuyo. Como uno no podía tragarse su agresiva broma, el señor de cabello maltratado, largo y con canas me dijo: “somos del Ágora”.

Los señores del ágora de la Plaza San Martín, esos que uno puede ver por las tarde/noche discutiendo sobre materialismo dialéctico y lo mal que está el gobierno de turno estaban solidariamente presentes esa noche. El delgado y canchero poeta del grupo también lideraba  y tomaba la bandera, que, según informó el señor de cabello maltratado largo, les costó tres meses de colecta. Llevaban la bandera también otros jóvenes. Pero eso no significaba que en el ágora había sangre nueva, sino que algunos jóvenes independientes, al conocer los efectos de la ley “pulpín”, salieron a marchar solitos, sin que pertenezcan a alguna agrupación. Es el caso de “Tavito”, del conocido barrio de Mirones, que salió a marchar aquel día y que, encontrándose solo pero indignado, vio a los del ágora y se les unió. Antes a “Tavito” se le había confundido con un terna, pero él les dijo: “Qué pasa, causa, si yo soy obrero”.

 

el agora

Confiep: exigido paradero

Cuando la marcha dobló por la esquina de la iglesia de San Isidro, cerca al gran parque El  Olivar, fue formándose el verdadero éxtasis de la marcha. Ya se había llegado a la Confiep. Frente a las instalaciones del gremio de empresarios había un gran contingente policial que impediría desmán alguno. La marcha era un hervidero y con ella se encontró la prensa que cubrió el acontecimiento lo mejor que pudo. Los fotógrafos independientes se subían a un inmenso muro para tomar fotos al acontecimiento principal.

“Ollanta y la Confiep/la misma cojudez”, “El gobierno tiene miedo/porque sabe que este pueblo tiene huevos”, “Se siente, se siente/Topy Top presente”, “Ley “pulpín”/ al culo de Nadine”, “Ahora, ahora/derogatoria ahora”, “Vamos, pueblo, carajo/el pueblo no se rinde carajo”, “No queremos ni no nos da la gana/ser mano de obra barata y explotada”, “Confiep, Confiep, te vas a cagar/tu ley laboral la vas a derogar”, “Prensa amarilla/vergüenza nacional”, “Escucha, empresario/jamás seré tu esclavo”, “O-le-le/o-la-la/ defiendo mis derechos/qué chucha va a pasar”, “No somos uno, no somos dos/somos todo un pueblo, a una sola voz”, “Y ahora que digan: visita de cortesía [por lo que dijeron los de la Confiep cuando en la segunda marcha, esta fue a las instalaciones del gremio a protestar]”, “Ni pulpín, ni huevón/dile no a la explotación”, eran algunas de las tantas arengas que las agrupaciones gritaban cuando pasaban por la reja de los empresarios de la  Confiep, al ser este el exigido paradero.

“¡Y qué va a comer mi hijo”, decía un cartelito. Y los colaboradores de una especie de la Sunat de la dignidad empapelaban lo que se podía de las instalaciones del gremio con las siguientes líneas: “Cierre temporal por violación de derechos laborales”. El afiche pegadizo señalaba además: “Porque nos quitan: CTS, Seguro de vida, Vacaciones, Gratificación, Derechos Laborales, Nos discriminan”. Se agregaba: “Porque queremos: Derogatoria de la Ley Ley laboral anti juvenil 30288, llamada “Ley Pulpín”; Una Ley General del Trabajo con plenos derechos para los  trabajadores”.

Estas medidas eran las que se leía en la Resolución Juvenil Nro 001/12/2014. La entidad hacía llamarse simple y llanamente: Juventud del Perú. El símbolo de un puño acompañaba el rojiblanco afiche y una chica de ojos saltones, delgada, cabello de un amarillo intenso y capucha negra pegaba más en el piso de la Confiep.

La expresa vía de expresarse: ir a  la Vía Expresa

Luego de dejar atrás la Confiep, la movilización retornó a Javier Prado. Cuando pasó por segunda vez a la Avenida Arequipa, tuvo que detenerse en la Avenida Petit Thouars, pues la policía impedía la continuidad de esta por allí. Las cabezas de la marcha, o en todo caso, de sus organizaciones, pidieron calma, y pidieron también que los manifestantes se sienten. Eran ya las 9:06 pm y algunos de ellos se subieron a una caseta de tránsito a expresar su desacuerdo con la ley e indicar, punto por punto, por qué la ley no debía proceder.

“Para un tombo nomás y se sube un huevo de gente”, dijo un joven marchante de voz infantil aunque de bigotes. La caseta estaba llena, pero todavía no colpasaría. Es más, quienes estaban arriba, entre los cuales se distinguía a un joven líder de la CGTP, pedía que vengan más “cabezas”. El objetivo no era otro que posicionarlos.

Mientras tanto, la sangre juvenil no podía conformarse con sentarse frente a la triple red de policía que impedía el paso por Javier Prado. No querían eso. Mientras en la caseta de tránsito se seguía hablando, los de abajo gritaban: “¡Vía Expresa!”, “¡Vía Expresa!”. “¡Vaoo’”, les seguía otro grito. Cinco minutos después, los ánimos estaban caldeados y una agrupación ( luego fue identificada de filiación aprista) ingreso por la vía auxiliar de Javier Prado con dirección a la  Vía  Expresa. La falta de organización ocasionó que no se les siga en bloque y prontamente la policía restringió el paso.

Lo que siguió fue una lluvia de basura que recordó lo ocurrido en la primera marcha cuando esta pasó por el local del partido nacionalista e hizo temer lo peor: los policías arrojen bombas lacrimógenas. Felizmente no ocurrió eso. El forcejeo ocurrido rompió el débil cerco policial que se había formado improvisadamente y pronto un grupo de jóvenes cruzó y ganó la Javier Prado.

Seguir o no seguir: he ahí el dilema

Se cumplía nuevamente el hito: tomar la  Vía  Expresa. Pero esta fue una empresa difícil. Entre el tramo que está entre esa apretada vía y la Petit Thouars, el ímpetu juvenil no pudo ser ganado por la tontera de las bombas lacrimógenas que criminal y estúpidamente los policías arrojaron sobre el carril izquierdo de la av. Javier Prado, lleno en ese instante de carros.  Lo más “idóneo” fue haber arrojado tales bombas al carril desierto de la derecha que es donde estaba la movilización.

Las bombas no surtieron el efecto deseado, pues prontamente los manifestantes se pusieron el vinagre de rigor. La manifestación hacia Vía  Expresa solo se detuvo cuando, al volver la mirada, se veía cómo gran parte de la marcha se había quedado rezagada. Aún impedida de pasar Petit Thouars y otra que veía escépticamente el hecho de ir hacia Vía Expresa. En cualquiera de los casos, se evidenciaba una profunda desorganización. Para muestra, un botón: un individuo del Frente Amplio (FA) informaba que no se siga a la facción que iba hacia la Vía Expresa pues era aprista. Falso. Eran jóvenes apartidistas que querían hacerse notar. La iniciativa aprista fue solo eso: iniciativa. La toma de  Vía  Expresa, que al fin y al cabo se realizó, fue obra de jóvenes indignados y decididos.

Pa’lante como el elefante

Cuando el primer grupo que llevaba la delantera regresaba para contactarse con el grupo “escéptico”, esa parte de la manifestación recobró nuevos bríos y, fusionada, regresó para Vía Expresa. Los policías ya se habían puesto al corriente y formaron un nuevo cordón policial por la vía alterna que une Javier Prado con Vía Expresa.

Por supuesto que ese no iba a ser el camino a seguir. La movilización, de unas 500 o 700 personas, entró a Vía Expresa por un inmenso jardín que sirve de vértice entre tales avenidas. “Pisaron el césped”, reclamó piadosamente un medio nacional, pero un montón de gente seguía ganando la Vía Expresa al bajar por un muro alto de más o menos un 1.60 m.  Los que llegaron hasta ese muro, pero se quedaban asustados, no tuvieron otro remedio que dejarse llevar por la fuerza de la movilización. Es que no había marcha atrás.

La  verdadera tarea complicada la habían dado los primeros que bajaron hasta Vía Expresa, y detuvieron el voluminoso tránsito de esa vía “rápida”. Con mucho esfuerzo lo lograron, pero la  tardía  reacción de la gente movilizada hizo propicio que los policías los persigan en moto. Para bien de ellos, lograron escapar a los  bastonazos policiales y retornaron.

bajada a via expresa

Manifiestas preocupaciones en la ruta del Metropolitano

La preocupación del estatus jurídico no  tardó en llegar de parte mía. ¡Estábamos en Vía Expresa!, y la policía se estaba armando. Los vehículos blancos con su potente luz roja pasaban a nuestro lado con dirección al centro de la ciudad. Éramos pocos y estábamos todos muy desorganizados; con arrebato, pero desorganizados. Pero ya estábamos ahí, no había vuelta atrás.

Caminamos por Vía Expresa. Una multitud de jóvenes protestando contra la ley. Nunca, en los varios paraderos del metropolitano y distritos que cruzamos, nos acompañó la prensa. Los independientes  tomaban fotos y seguramente los “teléfonos inteligentes” informaban de nuestra situación. Eso era lo más seguro. Pero la marcha en Vía Expresa se caracterizaba, en sus primeros pasos, por el silencio. Todo era silencio y provenía de la inseguridad.

“¡Vamos, pueblo, carajo/el pueblo no se rinde, carajo!” o “El pueblo unido/jamás será vencido” intentaban dar calor y temple a la marcha, pero rápidamente se apagaba. Había poca expectativa y la marcha era como una suerte de tribu nómade que caminaba errante. Algunas veces pasaba el Metropolitano, y ni aun así se hacían esos llamados que se realizaban en las avenidas: “Pueblo, escucha/ y únete a la lucha”. Nada.

Nuevo dilema: esperar o no esperar

Cuando el paradero Javier Prado se había quedado como a 300 metros, la marcha paró. “¡Hay que esperarlos”, dijo alguien. “¿A quién?”, se preguntaron varios. “Ya vienen, ya vienen”, decían con confianza. Pero si uno veía al lado que se les indicaba solo veía, muy a lo lejos, sirenas rojas, policías,  nada de manifestantes. Hablando de policías, estos se venían aglutinando a la cabeza de la marcha. Con lo cual teníamos una represión garantizada y algunos músculos golpeados. Un muchacho con sensatez decía que tarde o temprano debíamos de terminar al otro lado del carril con ruta al sur para superar las fuerzas policiales. El otro carril estaba lleno de carros. Cualquier cosa que ocurriera, la manifestación se replegaría por ahí y muchos pareceríamos delincuentes trotamundos entre tanto carro.

Tal opción nublaba el panorama, esperar a nadie era peor que no seguir; para colmo, más y más carros policiales se dirigían hacia el lado que supuestamente iría la marcha, con lo cual nos ganaban espacio. ¿Qué hacer? La terquedad de algunos iba erosionando la incredulidad y un joven me invitó a ir a averiguar si efectivamente venía o no un gran contingente, como era que aseguraban quienes podían ser catalogados como las “cabezas” de la marcha.

Experiencias Hobbit en la marcha

Dos o tres señoras aparecieron rezagadas. Ellas, con banderas en mano del sindicato de  Topy  Top, dijeron al joven y a mí que sí venía un grupo, que la policía les había cerrado el paso y que por eso demoraban, pero ya venían. Eso ciertamente inoculaba esperanzas. De pronto, se escuchó un tambor, y otro que aparecía dijo al preguntársele: “No sé, pero si viene un tambor es que hay algo”. Y en efecto, venía algo.

Una gran movilización empezaba a divisarse desde el paradero Javier Prado del Metropolitano. Poco a poco iba cogiendo tamaño y mi compañero y yo corrimos hacia ellos. No para recibirlos sino para apurarlos pues la marcha debía continuar. En realidad, era más lo primero que lo segundo, pero había que ponerse fuertes en estas situaciones.

Al dar con ellos, vimos que en efecto eran bastantes, llegando a ser como 1000. Y los acompañamos para que se unan con la otra movilización. El encuentro entre ambas facciones era como aquel respiro que tuvo el ejército de Aragón, Légolas y Gimly, el enano, cuando tenía todo por perder y aparece el sagrado báculo de Gandalf en momentos en que todo parecía estar perdido en la batalla del Abismo de Helm. Hablo de El Señor de los Anillos, las dos torres.

Cantos políticos sin partidos políticos

Más segura de sí misma, la marcha prosiguió. Ahora sí se escuchaban los cánticos. Todos eran independientes. Y por ratos una bandera orgánica se dejaba ver, como la de Ciudadanos X El Cambio. “¿Y eso? ¿Son los apristas?”, preguntó un veinteañero en referencia a una bandera que decía “Renovar” y parecía ser aprista. Cuando me acerqué a preguntarles sobre su filiación, una señorita, la misma que en Javier Prado intentó ir primero a Vía  Expresa y no a Confiep, me dijo que eran independientes, que eran universitarios de otras universidades. Ella repetía lo que yo decía, así que lo más probable es que ella y los suyos fueron apristas.

Pero no había problema, ellos no figuraban, no dirigían la marcha ni nada por el estilo. Ni siquiera los tíos del Ágora popular, la única organización social que estaba formalmente presente en la movilización. “Es que no hay garantías”, me confesó a modo de justificación un militante de Patria Roja al preguntarle por qué no habían partidos políticos. No las había, en efecto. Pero no deja de haber un sinsabor en la boca cuando se ve a los partidos querer figurar en los momentos cumbre de las manifestaciones. Ya en la caseta de tránsito de Petit Thouars con Javier Prado un dirigente sindical llamaba a que –“¡que venga, rápido!”- se presente una capitalizable militante del Partido Socialista (PS).

De cualquier modo, la manifestación cubrió todos los carriles. Limitaba la violencia como podía cuando la hubo, marchaba entre los autos, hacía llamados a la lucha cuando pasaba por el Metropolitano (un muchacho se tomaba un selfie delante de estos buses) y, así, fue llegando al término de esta gran vía. Aquí parecía que se daría pelea de perro, pericote y gato por el gran contingente policial que esperaba al término de esta. “¡Cadena!”, se exigió de inmediato. Brazo con brazo se unieron y en medio de un canto de guerra se fueron acercando al cerco. No pasó ni un minuto para que se rompa, pues habían garantías de que la policía no haría nada cuando la movilización pasara.

 

cadena via expresa

 

La buena vista del Palacio y el sonido nocturno de la zampoña sikuri

Pasamos por el Palacio de Justicia y vimos que su arquitectura hace honor a su nombre. Simétrica, monumental, portentosa, escalonada, eso y más. Pero “por dentro una cochinada”, decía “Tavito”. Pronto dejamos el Palacio de Justicia y la movilización enrumbó hacia Tacna, nuevamente. En el camino se produjo un bochornoso incidente entre algunos violentistas y una tienda de McDonalds que terminó con el cierre de esta por los elementos que se le lanzaban y por los anuncios antiviolencia de muchos manifestantes. Algunos dijeron que eran los viejos “comunistones” del Ágora, pero ellos negaron tales cargos y refirieron que más bien eran los anarquistas.

En Tacna se pudo escuchar en mayores grados la música de los sikuri, y se les invitó a que integren la parte central delantera de la marcha. Gustosos aunque algo contrariados, los jóvenes del grupo Ch’amanpi se ubicaron donde se les pidió e hicieron sonar sus zampoñas y tambores. La gente bailaba.

Volteando por Colmena en dirección a  Plaza San Martín se pudo ver una inmensa red policial completamente armada que resguardaba cada arteria de esa avenida. Desde el lado izquierdo estaba la policía y desde el derecho… ¡el Ejército! Realmente daba que temer por esas horas el Centro. “Si así fuera siempre, iría con mi laptop por la calle”, “Si así fuera siempre, nada de choros habrían”, “Si así fuera siempre, ta’ que ni billetera sacó; billetes nomás”, se podía escuchar.

Te esperamos hasta el final

Aproximadamente, a las 11:00 pm se llegó. No hubo actos de violencia hasta las 12:20, hora en que este corresponsal se  retiró. No hubo gases lacrimógenos ni violencia, solamente un borracho de mente perdida que enseñaba el trasero calato. Durante la marcha, se pudo escuchar que habrá lucha el 15 de enero con el paro nacional. Ojalá que para ese día se hayan solucionado muchas cosas. Si no habrá solidaridad de parte de los jóvenes y la sociedad. Será algo así como cuando a las 11:29 se oyeron aplausos y bienvenidas para un grupo que recién llegaba a la Plaza San Martín porque la policía les cortó el paso en la avenida 28 de julio. Era la gente de Puente Piedra y también como 20 jóvenes que entre sus pancartas se leía “Bautistianos”. Eran estudiantes de periodismo de la  Bausate y Meza. ¿Quién dijo que el periodismo nunca estuvo en todo momento en la marcha?

 

Fuente: El Comercio

Fotos: Alberto Távara, Supay Fotos