Crónica de un viaje maravilloso

Son las 5:30 a.m. cuando empiezo a escribir esta crónica mientras viajo en el bus que me trae de regreso a Lima y su cielo gris color “panza de burro”. Ha sido una semana maravillosa, la mejor que he tenido en mucho tiempo. El sábado anterior en la noche, partí rumbo a Ayacucho con siete compañeros de mi promoción de Comunicación para el Desarrollo y he recibido tanto de este viaje que no podía dejar de escribir sobre una de las mejores experiencias de mi vida.

Ayacucho me recibió el domingo en la mañana con un hermoso cielo azul y nubes tan blancas que parecían algodón. Me acogieron con brazos abiertos sus calles estrechas y su arquitectura colonial, las bellas iglesias y su cálida gente. Este viaje, con motivo del curso “Diagnóstico y estrategia comunicacional”, era muy esperado, algo con lo que soñaba desde el día que supe que existía esta oportunidad. Es imposible no afirmar que rebasó con creces mis expectativas y que me llevo más de lo que vine a buscar en esta preciosa ciudad rodeada de cerros.

Han sido siete maravillosos días. Siete días en los que he conocido una ciudad linda de verdad y no ha sido desde el tradicional punto de vista del turista. El diagnóstico comunicacional consiste en conocer al “otro” de la comunicación, a esa otra parte en un proyecto de desarrollo. Por ello, nos adentramos en el programa “Juventud ayacuchana: hacia una cultura de la legalidad sin drogas”, que ejecuta CEDRO en la región. Nos enfocamos principalmente en Huamanga para los programas “Proyéctate”, con escolares de 13 a 17 años, y “Yachay”, con los profesores de estos jóvenes. CEDRO nos recibió de la mejor manera y nos facilitó el contacto con todos los actores involucrados en este proceso. Así, vivimos una semana en la que visitamos colegios de situación muy precaria, hablamos con los alumnos, entrevistamos profesores, conversamos con directores, les quitamos un poquito de tiempo a diferentes autoridades y nos llevamos a Lima información muy valiosa recogida en este trabajo de campo.

La labor de CEDRO no es nada fácil. Se trata de un trabajo delicado con un público muy especial en una zona donde la realidad es compleja y no es necesariamente el espacio más fácil de trabajar. A pesar de todas esas dificultades, los jóvenes -porque todos lo son- que trabajan en CEDRO Ayacucho ponen lo mejor que pueden y dan el máximo para tratar de combatir un problema demasiado grande y complicado. Tal vez hay muchas cosas que mejorar, pero también existe un espíritu de compromiso y solidaridad que es la base de cualquier buena iniciativa de desarrollo. Nuestra misión y compromiso ahora es otorgarles nuestra mirada como comunicadores externos al programa y que toda la información recogida pueda ayudarlos a desempeñar los programas de una forma más eficiente a largo plazo.

Creo que un “desarrollero” jamás olvida su primer diagnóstico. Es cierto que viajaremos muchas veces más para conocer otras realidades y tendremos la mirada abierta para aprender de los otros y llevarnos algo a casa, pero creo que nunca será igual a cuando 8 estudiantes curiosos, entusiasmados y medio perdidos llegaron a una ciudad desconocida, con un plan que no sabían si funcionaría o no y se enfrentaron a la realidad. Nos enfrentamos a la realidad y no fue perfecto, pero en esas dificultades nos enriquecimos. Tuvimos que ajustar muchas técnicas de investigación, pero también tuvimos que ajustarnos nosotros, superar nuestras diferencias como grupo y los prejuicios que llevábamos desde Lima y sacar lo mejor de nosotros en los momentos de tensión que se generaron en algunos momentos del viaje. Nos picaron las manos por ayudar y nos queda en el alma la promesa de dar más que un granito de arena por un país mejor. Ha sido una travesía fructífera en todos los sentidos.

Sin embargo, no nos quedamos solo con eso. En una de las entrevistas realizadas a medios de comunicación, el ingeniero Walter Huanayay, dueño de Radio Atlantis de Huamanga, se interesó en nosotros como grupo y nos invitó a visitar un proyecto de saneamiento que él impulsa con apoyo del Gobierno Regional en comunidades muy pobres. Fue así que nos levantamos muy temprano el jueves y partimos hacia el pueblo de Mosocallpa, en el distrito de Tambillo, a aproximadamente una hora de Ayacucho y a más de 3000 m.s.n.m. Tal vez es este el recuerdo más hermoso que me llevo de este viaje.

Llegamos a ver un proyecto de saneamiento muy bien organizado, en el que se logra brindar agua potable a toda la comunidad, pero también se controlan indicadores como la nutrición de los niños o el control de las madres gestantes. Sus condiciones de vida han mejorado mucho a partir del trabajo realizado y nos permitieron ver sus servicios higiénicos, los nuevos caños, la forma en la que cocinan, sus refrigeradoras ecológicas y hasta tuvieron la confianza de enseñarnos sus habitaciones para que pudiésemos dar testimonio de lo que vimos allá. No fue solo eso. Lo más inesperado fue cuando nos alcanzaron un plato de hermosas papas amarillas sancochadas, seguidas de mote y un riquísimo queso. La generosidad de la gente de Tambillo con estos 8 limeños desconocidos ha sido desconcertante y una de las lecciones más importantes que nos llevamos en la maleta y el alma. Además, otra señora nos invitó una sopa de quinua riquísima, de lo mejor que he comido en mi vida, una comida sencilla y deliciosa, y que llenó la panza, pero rebasó el corazón.

Creo que cuando uno viaja a Ayacucho tiene muy en mente lo que pasó durante el Conflicto Armado Interno y, tal vez, espera encontrar un pueblo herido y deprimido, una ciudad donde las heridas no han sanado. Los medios también nos venden la imagen de una región peligrosa, debido al alto consumo y comercialización de sustancias ilegales; quizás nos imaginamos como si entráramos en Sinaloa y los asesinatos fuesen el pan de cada día. Sin embargo, Huamanga te transmite la vibra mágica de gente que tiene ganas de hacer las cosas, de salir adelante y buscar un futuro mejor. Es cierto que hay mucho por hacer, muchos problemas por resolver y el narcotráfico afecta mucho las actividades de los ayacuchanos y mueve la economía de la región. No obstante, los ayacuchanos son poseedores de una energía especial que termina enseñándonos mucho y nos hace reflexionar sobre nuestra propia manera de mirar la vida. Cuando conoces personas con esa fortaleza, esta es contagiosa y empiezas a sentir que tus problemas no eran tan grandes como pensabas, que hay todavía mucho y más por hacer y que tienes un compromiso por dar más de lo que esperas recibir.

Ayacucho es una región hermosa y lo pude comprobar a cada segundo del viaje. Me enamoré de sus calles y la arquitectura colonial, del cielo azul y la bondad en las personas. Amé los paisajes que enmarcaron estas bellas experiencias. No pasó un día y supe que tenía que volver, que tengo que regresar a esta ciudad hermosa y conocer todo con mucha más calma y detenimiento, pero también visitando a los nuevos amigos. Es que el viaje no habría sido nada sin la ayuda especial de cada uno de los trabajadores de CEDRO que nos abrieron las puertas de su institución y nos facilitaron el diagnóstico. Mil gracias a Laura por facilitarnos el vínculo con la sede de CEDRO Ayacucho, a Edith,  Filomena, Yomaira, Alex, Olga, Elvis, Mirtha, Marleni, etc. por regalarnos su tiempo y orientarnos con tanta paciencia y cariño, además de esforzarse por que lleguemos a cumplir con todos los objetivos de la investigación. Pronto, tendrán el informe final en sus manos y será nuestra retribución al cariño que nos han brindado estos siete días.

Agradecerle también al ingeniero Walter Huanayay por darnos esa hermosa oportunidad de visitar Tambillo y Mosocallpa. El compromiso es contar lo que vimos y realmente es muy bueno el trabajo que realiza en Ayacucho con las comunidades, dándoles una mejor calidad de vida y la oportunidad de salir adelante a partir de sus costumbres y cultura. Mil gracias al pueblo de Ayacucho, a mi caserita del jugo que me engreía cada mañana y a cada persona que formó parte e hizo de este viaje una aventura maravillosa.

Este artículo está dedicado a las siete personas que viajaron conmigo y se embarcaron en esta aventura. Esto es para Lu, Pao, Ale, Sandra, Mili, Rodri y Paz, porque cada uno de ustedes hizo que fuera único e irrepetible aunque hayamos discutido y no todo haya sido color de rosa. “Sorry” por las veces en que los hice renegar. Este es solo el inicio de las aventuras de la “Mafia Desarrollera”.

Los dejo con la galería de fotos del hermoso Ayacucho.

*Todas las fotografías fueron tomadas por mí.