“En este momento hay, efectivamente, buenas razones para el Grexitpero, en todo caso, la democracia importa más que cualquier acuerdo monetario”, dice el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en su artículo publicado en The New York Times.

Esta frase de Krugman será el eje de mi artículo. Es curioso que la palabra “democracia” haya sido formulada por los filósofos griegos siglos antes de Cristo, en la actual capital de Grecia, Atenas, en frases célebres como “gobierno de la multitud” o “gobierno de los más”. Lo curioso y resaltante es que el Fondo Monetario Internacional, para la óptica de Joseph E. Stiglitz y su crítica en “El malestar en la globalización”, no es tan democrático como parece ser.

Recordemos que, quien ofrece las recetas económicas a una Grecia devastada en deudas es la Troika -Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- por tener la función principal de supervisar a los países con graves problemas económicos que reciben préstamos financieros de la UE y el FMI. Según Stiglitz, el Fondo Monetario Internacional (FMI), creado al final de la II Guerra Mundial, tendría las siguientes funciones:
i) Proveer de dinero a aquellas economías en recesión para posibilitar las políticas expansionarías.
ii) Presionar a los países para evitar que traten de proteger su demanda interna restringiendo las importaciones.

En contraste con estas funciones, nos encontramos con la recurrente crítica de que el FMI es un mal consejero. Esto se explica en que los objetivos desarrollados por el FMI para afrontar la crisis del 97 en el en Este de Asia obligaron a adoptar políticas contractivas, tanto monetarias como fiscales. Como era de esperar, no lograron los objetivos planteados ya que sentados en sus oficinas, sin saber la realidad de cada país, no es posible conseguir los resultados esperados. El resultado de esta incompatibilidad entre objetivos y realidad se muestra en la agraviada situación económica mundial. Parafraseando a Stiglitz, se podría decir que el error inicial en 1997 fue comparar al este asiático con América Latina. Las realidades no podrían ser más diversas. En primer lugar, los países del este asiáticos no sufrían de inflación y, en segundo lugar, gozaban de superávit. El problema residía en el gran endeudamiento de las empresas.

Stiglitz incluso argumenta, que el Consenso de Washington, que abre paso al sistema económico neoliberal, se tornó más en un causante de conflictos sociales al establecer el mercado por encima del Estado, y que fueron los gobiernos y sus medidas de ahorro e inversión lo que permitió “curar” el mal económico en América Latina. Además, el Fondo Monetario Internacional comenzó en esa época a centrar sus esfuerzos en la liberalización del mercado de capitales, aun cuando está extensamente reconocido que “la liberalización del mercado de capitales ha contribuido a la inestabilidad económica global”. Esto ayuda a explicar por qué las crisis han sido más frecuentes y profundas en el último cuarto de siglo. Según Stiglitz el incentivo sería que la apertura de los mercados de capitales pueden ser de interés para los círculos financieros en los países desarrollados porque mejora sus posibilidades de negocio.

Con este caso en particular, propuesto por el Nobel de Economía y ex funcionario del Banco Mundial, no resulta posible afirmar que debido a los malos antecedentes de la FMI, la Troika es, pues, ineficiente en sus formulaciones económicas. Se estaría cayendo en una falacia secundum quid, o de generalizar desde un caso en específico. Aunque sí es importante ver a la Troika y sus políticas neoliberales, no como un asunto aislado, sino como un instrumento que, en tiempos de una crisis del sistema, se encasilla en una tendencia general de reformas y recetas neoliberales tanto en Grecia como en toda Europa. Estas reformas de liberación del mercado de capitales, de más mercado que Estado, cada vez imponen más control. Así se favorece a las grandes empresas y a los mercados financieros, pero se pone en peligros los valores democráticos y derechos sociables obtenidos con mucho esfuerzo.

Por esa razón, no resulta raro que Stiglitz mencione que “la elección de sus presidentes simboliza esos problemas y con demasiada asiduidad ha contribuido a su disfunción. Aunque casi todas las actividades del FMI y el BM tienen lugar hoy en el mundo subdesarrollado (y ciertamente todos sus préstamos), estos organismos siempre están presididos por representantes de los países industrializados (por costumbre o acuerdo tácito el presidente del FMI siempre es europeo, y el del Banco Mundial siempre es norteamericano). Estos son elegidos a puerta cerrada y jamás se ha considerado un requisito que el presidente posea alguna experiencia sobre el mundo en desarrollo. Las instituciones no son representativas de las naciones a las que sirven. Los problemas también derivan de quien habla en nombre del país. En el FMI son los ministros de Hacienda y los gobernadores de los bancos centrales”. (1) [Joseph Stiglitz, cap.1, p.48]

En Grecia habló el pueblo (y no los ministros) mediante referéndum, y la mayoría marcó OXI. Las hipótesis que se podrían plantear al respecto giran alrededor de: a) los malos antecedentes y la precaria situación socioeconómica que vive desde la solicitud de la intervención de la Troika en el 2010, b) la falta de representatividad del gobierno derecha y conservador de Antonio Samarás, y c) la falta de democracia de elecciones dentro de la FMI y su pérdida de legitimidad y transparencia.

Lo sucedido nos invita a reflexionar sobre este monopolio ideológico del FMI del mercado sobre Estado, y de la democracia interna de estas instituciones internacionales. Esto se torna en casi como un llamado a buscar otras vías para solucionar este problema que azota Grecia. Para Krugman, “si Grecia hubiese sido forzada por el miedo a las consecuencias financieras, Europa habría pecado de tal manera que mancillaría su reputación durante generaciones. Dentro de un tiempo posiblemente recordemos esto como una aberración.“ Para él, toda política monetaria debe estar subordinada a la democracia, y toda posible solución económica debe estar pendiente del término “democracia”, fundamentado por los antiguos griegos.

Si bien es cierto que Alexis Tsipras, actual jefe de Estado de Grecia, ha formalizado el pedido de un tercer rescate financiero a favor de su país, debe también estar pendiente de que se lleven de la forma más democrática y transparente posible. El incendio no se apaga solo con agua, necesitas de un buen bombero.

Fuente:
1.Stiglitz, Joseph. El malestar en la Globalización. Buenos Aires: Taurus, 2002. Cap. 1 y 4
Entrevista a Krugman en el New York Time: http://krugman.blogs.nytimes.com/2015/07/05/europe-wins/?_r=0