En la cuarentena -bajo el aislamiento y la soledad- el arte sirve de consuelo. O, más que consuelo, distracción obligatoria. El CCPUCP, creyente, al parecer, de esto, propone ciertas ofertas culturales -gratuitas y de pago- para sobrellevar días así. Aquí una colección con lo mejor del repertorio: películas premiadas y joyas escondidas -en formato streaming-, teatro y galerías. Todo ello para demostrar -de una vez por todas- que el arte y el ser están tan estrechamente ligados que, incluso la paranoia pandémica, en vez de separarlos, los une bastante más.

Sorry We Missed You – Ken Loach

Una pareja sumida en la pobreza decide salir de su ruina con un nuevo plan, el cual, sin embargo, se verá truncado cunado las fisuras del nuevo negocio empiezan a relucir. EL patriarca, entonces, parecerá ser el motor para que la familia se mantenga junta.

¿Por qué verla? Estamos ante una película incómodamente necesaria: un testimonio de resiliencia y solidaridad en tiempos egoístas y liberales. Si a eso le añades a Loach -dos veces Palma de Oro en Cannes- uno encuentra una experiencia social completa.

Bixa travesty – Claudia Priscilla, Kiko Goifman

Esta es la historia de Linn da Quebrada, cantante trans y afrobrasileña que decide utilizar su música como modo de protesta: los ritmos funks terminan enfrentándose al machismo arraigado de la sociedad local. La conocemos de frente. Entendemos su reivindicación.                                                                                         

¿Por qué verla? El cine trans -como la no ficción- ofrece hitos que merecen ser descubiertos, en especial aquellas historias que exponen sin temor la marginalidad de la comunidad en América Latina. Esta historia sugiere preguntas importantes y nos confronta con la búsqueda de posibles respuestas.

The Salesman (Forushande) – Asgar Farhadi

Del 2016, esta es la historia de una pareja que decide adaptar “The Salesman” de Arthur Miller a las tablas, lo cual, además de un arduo proceso de creación, implica replantearse cosas esenciales de su matrimonio, todo a raíz de un peculiar incidente con un inquilino.

¿Por qué verla? Controversias aparte -el director no pudo recibir su Óscar por el veto racista de Trump- el cine de Farhadi es un cine que, por lo general, vale la pena. Historias de familia y sociedad -sociedades desgradadas por la opresión- sus películas son ricas en emociones, detalles y actuaciones. Y claro, es adaptación de Miller, experto en ello…

La villa – Robert Guédiguian

Una familia explora la idílica vida ribereña cuando aparecen tres migrantes que les cuestionan emocionalmente.

¿Por qué verla? La crisis familiar se entreteje con la crisis política, examinando, entonces, las razones de nuestra empatía, los vínculos que la componen y la razón por la que siempre decidimos permanecer juntos.

La cama – Mónica Lairana

Una pareja al borde de la separación, y con más de medio siglo de vida, desmantelan la casa familiar mientras se enfrentan a los recuerdos que definieron su relación. Por unas horas, se enfrentan al pasado y al futuro, entendiendo qué significó el uno para el otro.

¿Por qué verla? Una propuesta intimista y minimalista, casi de teatro o de videocasetera, puede ser demasiado incómoda, demasiado real, pero eso, en tiempos de desconexión, nos inspira y reconforta. Ver los lazos que forma un matrimonio -débiles como para romperse, pero trascendentes para resistir- sirve para recordarnos de nuestros hilos propios y cómo permanecen.

Informe sobre la banalidad del amor – De Mario Diament

Hannah Arendt y Martin Heidegger, filósofos particularmente interesados en política y el conflicto, mantienen una relación amorosa. La relación, golpeada por sus diferencias y el nazismo, intentará mantenerse activa luego de caído el Reich, con todo lo que ello significa para ambos.

¿Por qué verla? Partir de un concepto particularmente novedoso -entremezclar amor y filosofía de forma directa- y mostrar a dos mentes brillantes del siglo XX en la intimidad son dos puntos de partida bastante recomendables.

Canto para un pueblo – Mikael Wiström

Una exposición sobre una realidad que conocemos, pero no de esta forma. Vemos la Costa y el Ande de nuestro país desde el blanco y negro, desde el olvido y la dureza. El socavón, la chacra o el arenal: espacios atribuidos a una cultura que resiste.

¿Por qué verla? Wistrom no es ajeno a presentar historias sobre marginalidad y pobreza, todas, desde un lente crítico, meticuloso y, en ocasiones, bastante bello. En esta ocasión, estamos ante 77 imágenes que confrontan directamente a los espectadores: rostros conflictivos, rutina que parece no serlo, sensaciones de hastío e impotencia desde la cámara fotográfica.