Son 22 las municipalidades que incurren en prácticas corruptas. El resultado de la institucionalizada cultura de la pendejada en los municipios limeños supera los S/.9 millones de soles, de acuerdo con un informe de la Contraloría General que comprende los años 2011 y 2012.

La Contraloría denunciará a 122 funcionarios de distritos como Breña (S/. 692 mil por pagos de servicios inexistentes y uso de falsa documentación), San Juan de Lurigancho (S/.384 mil por colusión para favorecer a una empresa de alquiler de vehículos) , La Perla (S/.2,5 millones perdidos en cuidados de áreas verdes), Rímac (S/.950 mil por pagos irregulares a un proveedor de sistematización del catastro urbano), Carabayllo (S/.328 mil apropiados por funcionarios), Surco (S/.2 millones perdidos por favorecer a contratista), entre otros dieciocho más. Los cargos son por colusión, peculado y falsificación.

El sector en donde es más factible hallar casos de corrupción es el que se encarga del cuidado de las áreas verdes. Gastos en mensajería, alquiler de vehículos y mantenimiento de piscinas son otros rubros en donde es más fácil ganarle el vivo a la legalidad. “La modalidad más usada para desviar fondos fue la sustentación fraudulenta de conformidad con servicios”, comenta la periodista Pamela Sandoval del Águila, periodista de  El Comercio.

Se cumple de este modo lo que dijo el periodista Pedro Martínez  Varela, especializado en investigación de gestión municipal, en una entrevista concedida hace cuatro años: “La gran corrupción está en los servicios públicos municipales, como el recojo de basura, el regadío de parques y áreas verdes, la limpieza pública, el barrido de calles, el serenazgo, etc. En todos ellos, se va casi el 60% del presupuesto. El otro 30% se va en el pago al personal de las municipalidades y tan solo el 10% queda para las obras”.

A juicio de los especialistas, esto ocurre por el alto grado de autonomía del que gozan los municipios, lo que les da amplio margen a los funcionarios corruptos para hacer de las  suyas.  Una muestra de esta autonomía de los municipios es que cada uno cuenta con su propio “ejército” de serenazgos. A pesar de ello, la inseguridad campea y cuando un ladrón salta el límite de un distrito puede darse por salvado: el serenazgo desistirá de perseguirlo por triquiñuelas municipales.

Hay muchos aspectos criticables en cuanto a gestión municipal y uno se puede ir enterando de estos cuando, a fines de cada ciclo de gobierno,  el tráfico aumenta más de lo normal pues ocurre que “el alcalde está trabajando por el distrito” y las obras públicas se hacen ver. Desde que las protestas sociales daban cuenta del disgusto en provincias por el modo de llevar el modelo económico, más de un “opinólogo” comentó que esto se debía a que los presupuestos de las regiones son abundantes, pero que solamente eran mal distribuidos por la “incapacidad de gestión” de las autoridades de cada región. Sobre el caso de los municipios limeños, ese argumento ha brillado por su ausencia.

¿Alternativas?  Desde el periodismo fiscalizador, la labor es larga. Martínez Varela habla de mayor investigación que saque a luz la verdadera careta de los alcaldes. Será, sin duda, un trabajo esforzado, ya que entrarán a tallar la renuencia de los medios a investigar las fraudulencias, las lavadas de cara de los abogansters y periodistas que ensucian a la profesión, y, lo que es peor, el miedo de la gente a realizar denuncias. Este año arrancan las municipales y se necesitan ojos atentos.