Alianza Campeón
Fuente Depor.pe 

Alianza Lima se llevó la ”ensaladera” de la Copa del Inca tras ganarle a la Universidad San Martín por penales. El partido, literalmente, tuvo todo lo que alguien pudiera haber esperado de una final: una expulsión, un penal, una remontada, un alargue y la definición por penales. Una final, sin duda, emocionante. La fiesta se vivió desde el lunes, cuando largas colas se formaron desde temprano para conseguir una entrada. En el Miguel Grau, a las 6:30 p.m. del miércoles, oriente ya estaba lleno y sur se estaba llenando. Hubo un lleno total y los globos, papeles y contómetros le pusieron color a las rosadas tribunas y calor al frío del invierno. Así, se jugó un encuentro en un marco de verdadera fiesta.

Un control sin balón

Alianza salió a jugar con el estilo que el uruguayo Sanguinetti ha impuesto como marca registrada: un cambio total en el paradigma de juego que ha caracterizado al cuadro blanquiazul desde antaño. Alianza Lima ha pasado del fútbol del toque, de las paredes, etc. a uno más vertical y que, en primera instancia, busca mantener el arco en cero. Sin embargo, lo que sí fue lo de siempre fue el corazón. Los grones salieron con velocidad y a proponer, igual que San Martín. El equipo de la “muelita” salió a proponer un juego táctico. Sin balón, lograron adueñarse del partido y, cuando tuvieron control del esférico, aprovecharon al máximo sus oportunidades. Perea anotó un gol de penal, gol que hizo que Alianza saliera más por las bandas. Posteriormente, la San Martín hizo una jugada que resumió toda su temporada. Bastaron cuatro toques para que la defensa blanquiazul sea penetrada y venga el 2 – 0.

A partir de ese momento, el primer tiempo fue de San Martín. Jugaron sin pelota y se aprovecharon de la desesperación de Alianza para controlar el partido. Fue un partido muy grande y una camiseta muy pesada para Kahn y Atoche, quienes desaparecieron de la escena totalmente, lo cual perjudicó al equipo del pueblo y así terminó el primer tiempo.

A la uruguaya

Todo cambió cuando una injusta segunda amarilla llegó para Luis Perea al final del primer tiempo. La mano de Sanguinetti era indispensable a estas alturas del partido. Así que hizo pesar su estilo y efectuó los cambios precisos no solo para darle juego táctico, sino salida por las bandas y llegar a buscar la cabeza de algún delantero dentro del área. De eso se encargaron Landauri y Ponce por las bandas, y Montes arriba. Todo el segundo tiempo fue igual: San Martín con líneas retrasadas y Alianza atacando y atacando por las bandas. Los goles, sin embargo, no vinieron de un cabezazo, sino de patadones. Tras un rebote, Koichi Aparicio mandó a guardar la pelota en una esquina e hizo estallar el Miguel Grau a falta de cinco minutos para que termine el encuentro. Siete minutos después, llegaría el empate de Alianza, empate con puro corazón. El cansancio se apoderaba de ambos equipos y una pelotera en el área chica terminó en la pierna de “Güevo”… la pelota entró. Puro corazón. Poco juego táctico, casi ningún pase a profundidad. Todo fue centro al corazón del área.

Con el empuje del Comando

el comando sur
Fuente elblogintimo.blogspot

El segundo tiempo y los suplementarios fueron todos para Alianza. El estadio entero estaba de pie esperando el tercero y definitivo. Las gargantas se quedaron todas en el Callao, las “olas” llegaron hasta las tribunas y todo de pronto fue fiesta. Montes anotó el tercero y terminó de explotar el estadio. Saltos, gritos, papelitos, contómetros, globos, polos… toda alma en el estadio saltó en las tribunas. Todo parecía haber concluido hasta que un remate de Benjamín Ubierna, desde casi 30 metros, terminó con tal celebración. Así, los penales llegaron. El fantasma del 2011 llegaba a las mentes de los blanquiazules, mientras que Uribe recordaba la final perdida el 2006 contra Alianza. Contundentes los 5 penales de Alianza. El “Colo”, “Koichi” Aparicio, Ponce, el “Zorro” y “Güevo”… todos la metieron. Mientras que en tienda santa, Fernández pateó a la izquierda, lado al cual Manuel  Heredia se tiró, tapándosela. Y se acabó. La fiesta fue  blanquiazul. Las cuatro tribunas celebrando, la gente se volvió loca. Desde oriente, varios saltaron la baranda de seguridad para unirse a la celebración dentro del campo.

La celebración

El armenio
Fuente Andina.com

Heredia dando gloria a Dios por todo lo que hizo por él, el “Armenio” corriendo a saludar en occidente, Koichi en sur celebrando con el Comando Sur. Después, todos se juntaron en el centro y dieron la vuelta olímpica, a pesar de no ser un campeonato nacional.

Alianza Lima así se coronó campeón. La fiesta aún no termina: en las redes sociales, fotos, frases, cantos… todo se ha vestido de Alianza. Críticas, halagos, de todo existe hoy. Es cierto que la identidad del juego de Alianza ha bajado considerablemente con la llegada de Sanguinetti. Pero nos han demostrado que se puede llegar lejos con tal estilo. Muchos dicen que no importa cómo se juega, que lo importante es ganar (”Ganar es el espectáculo”, rezaba la camiseta que los jugadores aliancistas portaban  mientras celebraban). Muchos otros dicen que es importante el estilo. Bueno, en mi opinión, hoy grandes equipos nos han demostrado que guardar el estilo “histórico” de juego poco sirve si se quiere llegar lejos. Barcelona lo guardó  y este año se quedó con las manos vacías. Real Madrid lo cambió y está a punto de campeonar en la Liga de Campeones. Boca Juniors sigue jugando al ritmo de Riquelme y le va de mal en peor. Alianza Lima ha cambiado su estilo de juego y ha conseguido un título a punta de puro corazón. Felicitaciones al campeón del Torneo del Inca y que sigan los títulos.