Edición: Miguel Prado

“El fútbol es una tentación para la política”, señala Tony Mason – y, si revisamos la historia latinoamericana, esta le daría la razón. En el siglo XX, en una Latinoamérica donde los golpes de Estado y las dictaduras militares eran habituales, el fútbol sirvió como una herramienta de acercamiento y control del pueblo, tanto como una manea de construir la identidad de una nación y de ocultar todas las acciones ilegales que se realizaron sistemáticamente. Daremos un repaso a los casos de Brasil, Argentina y Chile.

Presidente Emilio Garrastazu (Imagen: Alchetron)

La selección de fútbol brasileña siempre ha estado en la élite del fútbol mundial, estando posicionada actualmente como la máxima ganadora de Copas Mundiales (5). Esto lo sabían muy bien los dictadores brasileños que estuvieron en el gobierno a mediados del siglo XX. Uno de ellos fue Getulio Vargas, quien gobernó en dos periodos (1934-1945; 1951-1954), y creó el Consejo Nacional de deportes. No obstante, fue el militar Emilio Garrastazu quien vio en el fútbol una oportunidad para unir a las masas y construir una identidad. Así, dentro de sus cinco años de gobierno (’69-’74), se construyeron alrededor de 13 estadios en las regiones más pobres de Brasil. De la misma manera, este espíritu nacionalista se evidencia en su discurso tras ganar el mundial en 1970, donde el presidente señaló que consideraba “esta victoria, conseguida gracias a la hermandad de nuestros jugadores, al crecimiento de la fe en nuestro desarrollo nacional“.

Videla entregando la Copa del Mundo a Argentina, campeona en 1978. (Imagen: CEDOC)

Simultáneamente, en Argentina, la dictadura de José Rafael Videla es uno de los ejemplos más claros del uso del deporte como una estrategia política. Al dar el golpe de Estado en 1976, el ejército se encargó de priorizar todos los esfuerzos nacionales en la realización del Mundial del ’78, el cual se iba a llevar a cabo en ese país. Aparte de los supuestos escándalos de corrupción que generó la realización del mundial (de acuerdo con El Clarín se habla de haber gastado 10 veces más de lo que se tenía planeado), el mundial sirvió para cubrir las violaciones de derechos humanos, asesinatos y desapariciones que se ejecutaron durante el gobierno de turno. “El deporte ha sido una oportunidad para expresar, como nunca antes, el sentimiento de unidad nacional y la esperanza común de paz, unidad y fraternidad” señalaba Videla al mismo tiempo que se desaparecían más de 9000 personas identificadas por el Estado como “izquierdistas”.

Augusto Pinochet (Imagen: Gol y Futbol)

Por último, la dictadura de Augusto Pinochet también utilizó el deporte como medio para reforzar su dictadura. Entre 1974 y 1976, el gobernante chileno propuso políticas de descentralización mediante las cuales buscaba transformar geopolíticamente al país. Este plan estuvo muy relacionado al fútbol, ya que esta práctica era muy popular en el país y podía servir como un método de distracción de todos los cambios que estaban ocurriendo nacionalmente. Durante el gobierno de Pinochet, se crearon clubes de fútbol como Cobreloa, Malleco Unido, Cobresal, entre otras. El mayor éxito lo alcanzó con Cobreloa, el cual llegó a dos finales de la Copa Libertadores y, al mismo tiempo, al ser financiado por la empresa minera Codelpo, ayudaba a mantener distraídos y sumisos a los trabajadores mineros (quienes eran uno los cuerpos opositores más fuerte en la época de Pinochet). Lamentablemente, durante esta dictadura, el fútbol estaba estrechamente relacionado con las violaciones de los derechos humanos, simbolizado en la conversión del Estadio Nacional de Chile como uno de los mayores ejemplos de opresión, al ser lugar de torturas y ejecuciones de la oposición. Las condiciones deplorables y los maltratos que se sufrían dentro del Estadio lo llevaron a ser comparado como el equivalente a un campo de concentración durante la época de Pinochet.

Con todo esto, el fútbol se sigue usando para fines políticos en la actualidad; ya sea como un medio de reclamo y expresión (caso de Barcelona y el deseo de Cataluña de separarse de España) o simplemente como oportunismo de las figuras políticas (como Bolsonaro aprovechando la premiación de la Copa América para incrementar su popularidad). Actualmente, la utilización del deporte – particularmente del fútbol – de parte de los gobiernos latinoamericanos ha cambiado; en vez de buscar manipular a la masas, este representa una vía para salir adelante, sobre todo en zonas de extrema pobreza. Sin embargo, esto último no implica que la utilización del fútbol con fines políticos haya acabado. Como señala Ryszard Kapuscinski, “las fronteras entre el fútbol y política son muy, pero muy débiles”.

Hay que evitar que otro político maquiavélico se aproveche de nuestras pasiones. El fútbol es y debe permanecer solo un deporte de atracción; desafortunadamente, muchas veces lo que lo mueve, se encuentra más allá de la cancha.

Jair Bolsonaro, presidente brasileño, en la premiación de la última Copa América (Imagen: RCN Radio)