El miércoles pasado, Francisco Sagasti juramentó como nuevo presidente del Perú. Al final de un discurso poco convencional -recordemos que tuvo la iniciativa de pedir perdón a los familiares de las dos víctimas de la represión policial, Jack e Inti– Sagasti recitó parte de un poema de César Vallejo, “considerando en frío, imparcialmente”.

Aquí desarrollaré un poco de este poema, un análisis concreto y las razones por las que encaja bien no solo en un discurso, sino a toda la sociedad peruana en este preciso contexto.

Empezaré mencionando que César Vallejo nunca publicó este poema. De hecho, gran parte de su obra conocida hasta el momento se trata de poemas inéditos que sus amigos y su esposa Georgete publicaron tras la muerte del escritor. Dicho poema se encuentra dentro de la colección “Poemas humanos”, título que fue publicado recién en 1939, es decir, un año después de la muerte de Vallejo. Cabe mencionar, que después de Trilce, este título constituye uno de los más representativos del autor.

Para qué escribo?: Considerando en frío, imparcialmente - César Vallejo

Por un lado, este poema plasma la imagen del hombre de dos maneras: articula su naturaleza humana con su condición de ciudadano. Esto porque, de una forma muy armoniosa, retrata al hombre como lo que es en el fondo, un animal; pero resalta la construcción que se ha vuelto sobre él, la del hombre de a pie, la del ciudadano moral, con derecho y con deberes. Sin embargo, por otro lado, retoma la faceta más profunda del individuo, recordando que este también ha sido esclavizado por su utilidad y su función, reducido a la calidad de objeto. En este sentido, Vallejo comprende que su situación es irreparable, y finaliza el poema con un consuelo: “le doy un abrazo”.

Si bien Vallejo logra abarcar todas estas facetas de la vida del hombre, se destaca al ser humano como un ser sometido, de una u otra forma, a su función o a sus emociones. Esto es, sometido a su trabajo o a sus sentimientos; en otras palabras, “considerando en frío”, teniendo en cuenta la naturaleza primera de los hombres como seres que han de vivir acompañados y rodeados de otros como él.

No es gratis que mencione, en una de sus líneas quizá más reveladoras, que “el hombre se queda, a veces, pensando,/ como queriendo llorar”. Esta es la prueba de que uno vive entre ese límite insoportable de la vida cotidiana, sometido a la rutina, y tratando de lidiar con sus emociones, tan incontenibles e inevitables, como un llanto.

Vallejo no se detiene a explicar si está bien conciliar estas caras del hombre, no es el objetivo de su poesía, porque ninguna poesía tiene un objetivo en el sentido edificante de la palabra. Que Sagasti la haya mencionado alude, no obstante, a dar cuenta de la calidad de la naturaleza -inevitable- de ser hombres.

En medio de ideas disonantes, de rutinas diferentes, rodeados de más personas; rescatar este poema, es sugerir que es momento de entrar en conciencia sobre nuestras actuaciones. Sin embargo, de alguna manera, es también proponer la reconciliación de todos y todas, o al menos ubicar esta idea como algo lejano, tomando en cuenta los límites y los alcances, que en medio de este contexto, se torna vital para seguir adelante.