A Alemania se le ha volteado el pastel. Si antes lideraba las críticas en materia económica y señalaba con avidez los desequilibrios financieros, hoy recibe una cucharada de su propia medicina. Esta vez, el G-20, EE.UU. y el FMI  señalan enfáticamente al país teutón  como uno de los responsables de que Europa no se esté recuperando, tal como esperaban, del atolladero en el que está metida desde hace 5 años. Estos países e instituciones señalan que la gran capacidad exportadora alemana niega la posibilidad de que exista equilibrio entre las fuerzas económicas de Europa que la aliviaría de las penurias financieras que son moneda común en la actualidad del viejo continente.

Iniciada la crisis, parte del plan de salvataje consistía en que países como España, Grecia, entre otros, reduzcan su déficit comercial, a la par que Alemania realizaba lo mismo con su superávit, que, con el pasar de los años, ha sido consistentemente alto.  Mas nada de esto sucedió. Como dice Paul Krugman sobre Alemania: “no ha cumplido su parte del trato: para evitar una depresión en Europa, era necesario que gastase más mientras sus vecinos estaban obligados a gastar menos, y no lo ha hecho”. Lo que ha hecho Alemania, al contrario, es aprovechar el bajo precio del euro para impulsar sus exportaciones. Cabe decir que el superávit existente en Alemania (que supera el techo acordado en un 6%) refleja una débil demanda interna, la cual es importada pues no la generan internamente, según Martin Wolf del Financial Times. Ante esta eventualidad- prosigue Wolf- “países deficitarios son empujados por el suministro de las importaciones baratas procedentes de países con superávits hacia la inversión en actividades no transables, las cuales no pueden utilizarse para servir la deuda externa”. Asimismo, en el contexto actual, “la importación de la demanda por el país con superávit es una política de empobrecer al vecino porque agrava la debilidad de la economía mundial”.

Alemania, como se ha visto, no se ha portado bien en el vecindario, pese a que los divulgados postulados a favor de la austeridad no cayeron en saco roto. Varios países con deuda lo implementaron, bajo la mirada aprobadora de Alemania. Se trataba de los países meridionales que no aprovecharon la temporada de vacas gordas y fueron muy acaudalados, lanzaban respuestas algunos personajes entre los que se encontraba nuestro Nobel Mario Vargas Llosa. La otra parte de la historia, la no contada, es que fueron los bancos del norte los que prestaban tal dinero, con lo cual la responsabilidad es compartida respecto a la crisis que ha partido en dos, en términos económicos, al continente europeo.

De otro lado, el informe del Tesoro norteamericano, que puso el dedo en la llaga, ha suscitado varias respuestas irascibles de parte de las autoridades alemanas. “Se nos enrostra nuestra productividad como si fuera algo malo”, dicen. Ellos han afirmado que reducir su superávit no aumentaría la demanda de los países europeos afectados, sino los de EE.UU., China o Europa del Este. Hay que recordar que el país de Barack Obama, cuando de asuntos internacionales se trata, no da puntada sin hilo.

En vano sería esperar una protesta semejante a la norteamericana desde Bruselas, la sede de la Comisión Europea, cuando esta elabore un estudio  para verificar la patente obstrucción al crecimiento de la UE, debido a que aquella comisión solo da “sugerencias”. El trato cambia, cuando de “sugerencias” se trata, hacia los déficits comerciales, ya que en este caso sí  tiene la capacidad para multar al país infractor. No pasa lo mismo con los superávits, los cuales fueron eximidos de multa en el 2011 por la mano, precisamente, de Alemania.

Por último, en palabras para El País, Paul De Grauwe, de la London School of Economics, se refirió de este modo a la situación europea: “La aplicación simultánea de los programas de austeridad ha llevado a una fuerte caída de la demanda agregada: el único país que podría compensar eso es Alemania. Pero al mantener grandes superávits, su demanda es anémica: todo esto obstaculiza la salida de la crisis de los países con problemas, obligados a aplicar una mayor austeridad de la que sería necesaria”. En cuanto a reducción de deuda, las medidas exhortadas desde Alemania han sido favorables. Otro es el cantar, sin embargo, en cuanto al bienestar de las familias europeas. Con un desempleo juvenil que supera el 50% en España y la escalada de discursos del odio, es razonable que se esté hablando de  “austericidio”.

14-11-13